Zarpazo del oso ruso



Tiene razón Vladimir Putin cuando le recuerda a las potencias de Occidente que colaboraron con la secesión de Kosovo, sin importarles su ilegalidad por ser contraria a la Constitución de Serbia.

Sin embargo, la equiparación que hace con el caso de Crimea es falaz por dos razones. En Kosovo, la mayoría albanesa (musulmanes de raza iliria) padecía masacres y deportaciones en masa perpetradas por el régimen serbio (eslavo y cristiano-ortodoxo). Y esa provincia se independizó de Serbia, pero no fue anexada por Albania, el país con el que tiene identidad étnica.

La mayoría ruso-parlante de Crimea no sufrió discriminaciones ni limpiezas étnicas, y su separación de Ucrania implica la anexión a Rusia. Por lo tanto hay expansión territorial, para colmo con un argumento que evoca el pangermanismo con que Hitler sostenía que todo territorio con población alemana era Alemania y exhortaba a esos pueblos germanos al “heim ins Reich” (el regreso al imperio).

Es cierto, como dice el presidente ruso, que la anexión de Crimea se concreta sin guerra. Pero también el anschluss (la absorción de Austria) y la anexión de los Sudetes checos y del corredor polaco de Danzig sucedieron de manera incruenta.

Lo grave no es que Crimea haya abandonado Ucrania sino el expansionismo ruso. No fue una tragedia que Timor Oriental dejara de ser parte de Indonesia, ni que Sudán haya perdido el sur de su territorio.

Lo peligroso es que un país crezca a costa de otro. Rusia podría continuar su expansión quitándole Transnitria a Moldavia y anexionando regiones bálticas con población rusa.

El jefe del Kremlin está diciendo a sus vecinos que todo territorio con población rusa es Rusia, salvo que permanezcan bajo el dictat de Moscú.

Georgia en el 2008 y ahora Ucrania, están pagando con territorios el intento de romper con el dominio ruso.

Si la India hubiera tenido en cuenta la justificación étnica del expansionismo ruso, no habría respaldado la anexión de Crimea, porque con ese argumento Pakistán le reclama Cachemira.

También se contradice China al reconocer a los crimeanos un derecho que les niega a los habitantes del Tibet y a los musulmanes de Xinjiang.

Según los nacionalistas rusos partidarios del “euroasianismo”, el referéndum de Crimea es equivalente al que quieren realizar Escocia y Cataluña. No es así debido a una diferencia fundamental: si escoceses y catalanes votan separarse de Gran Bretaña y España, ningún país crecerá territorialmente.

Por cierto, el expansionismo ruso tiene memoria selectiva. Moscú aplica a Crimea un criterio diferente al que aplica con Nagorno-Karabaj. Ese enclave armenio quiere independizarse de Azerbaiján para integrarse a Armenia, pero Rusia nunca le reconoció ese derecho.

Además, cuando el líder checheno Yogar Dudayev realizó un referendo soberanista, la pequeña república caucásica de Chechenia votó separarse de Rusia. Y fue precisamente Vladimir Putin quien la sometió a sangre y fuego.

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