Vientos de guerra


El fantasma de una guerra con Rusia sigue sobrevolando Ucrania. El efecto tranquilizador de lo negociado en Ginebra fue rápidamente difuminado por los acontecimientos.
Acordar el desarme de las milicias prorrusas y la devolución de los edificios oficiales ocupados, a cambio de la federalización del país y más garantías a la comunidad de ascendencia rusa, no sirvió para conjurar el riesgo de un conflicto armado que podría arrastrar a la OTAN y transitar por la cornisa de la hecatombe nuclear.

Hasta aquí, el gran ganador en esta peligrosa pulseada es Vladimir Putin. Las rebeliones prorrusas en el resto del este ucraniano sacaron a Crimea del centro de debate. La atención de Kiev, Bruselas y Washington dejó de lado la estratégica península ni bien estallaron las rebeliones en Jarkov y Donestk.

Si también fueran anexadas por Rusia, Ucrania perdería la segunda ciudad más grande después de la capital (Jarkov) y la ciudad más industrial (Donestk), además de la región más rica en minería y más vital para la economía de ese país eslavo.

Amenazando con seguir recortando el mapa ucraniano, Putin logró asegurar la anexión de Crimea porque la sacó del foco de atención mundial. Por su éxito, el método podría repetirse para seguir expandiendo Rusia. Por ejemplo impulsando rebeliones prorrusas en Transnitria, la región de Moldavia con población rusófona, podría consolidar su dominio en todo el este de Ucrania, repitiendo luego el procedimiento en los países bálticos.

Esas naciones esperan del Kremlin las peores artimañas desde que, en 1940, fueron ocupadas por la Unión Soviética en virtud del pacto entre Stalin y Hitler que negociaron Molotov y Von Ribbentrop.

¿Qué pueden hacer Europa y Estados Unidos para detener esta nueva expansión rusa?

Hay dos medidas de complejísima implementación, pero segura efectividad como presión sobre Moscú: superar la dependencia europea respecto al gas ruso, reemplazando al gran proveedor por varios pequeños proveedores (Bolivia está entre los que observan expectantes) y lograr que Turquía cierre el Bósforo o el Estrecho de los Dardanelos a los barcos rusos.

El Bósforo une el Mar Negro con el Mar de Mármara, mientras que Dardanelos une ese mar interno con el Mediterráneo a través del Mar Egeo.

Si se lograra que Turquía, como integrante de la OTAN, negara el paso a los buques del puerto de Sebastopol, Rusia quedaría aislada de los puertos del sur de Europa y el norte de África, así como también de la base naval que posee en Tartus, sobre la costa siria.

Ese cerco geopolítico sería tan efectivo como medida para aislar a Rusia, que equivaldría a una declaración de guerra.

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