Venezuela, en la cornisa de la guerra civil

Venezuela es un escenario plagado de mechas encendidas. Una está en las sedes diplomáticas norteamericanas. 

Los dos protagonistas del drama venezolano se colocaron en posición para batirse a duelo. De tal modo, uno quedará en pie y el otro será abatido.

Esto implica que el país caribeño quedó en la cornisa de la guerra civil.

En esa situación queda una sociedad cuando el poder se divide en dos cabezas. Al proclamar los estados sureños Confederación, creando su propio gobierno y desconociendo al existente, Estados Unidos se encaminó hacia la Guerra de Secesión.

Cuando Franco se levantó en el norte de África y desconoció al gobierno de la República, aquella España bicéfala se encaminó hacia la guerra civil que ensangrentó la década del ’30.

Es la consecuencia inexorable de la existencia de dos poderes que se desconocen mutuamente.

Hasta aquí, el régimen y la Asamblea Nacional se atacaban, se denunciaban, se denostaban y se enfrentaban políticamente de todas las maneras posibles, pero se reconocían una a otro.

El régimen maniató institucionalmente al Poder Legislativo, pero no dejó de reconocerlo como tal; del mismo modo que los legisladores cuestionaron y atacaron al régimen de mil maneras, pero no desconocían oficialmente su legitimidad.

Esa realidad cambió este enero. Y la nueva situación se agravó de modo dramático el miércoles. Al proclamarse presidente, Juan Guaidó quedó en posición de sólo poder ofrecerle a Nicolás Maduro un salvoconducto para que abandone el gobierno y el país. Un par de horas más tarde, Maduro respondió partiendo lanzas.

El jefe del régimen comparó lo que acababa de hacer Guaidó al autoproclamarse presidente con lo que hizo Pedro Carmona en 2002, en el marco del golpe de Estado contra Hugo Chávez, cuando se presentó como jefe de Estado de la transición.

En sí misma, esa comparación equivale a acusarlo de sedición, como más temprano había hecho el presidente del Tribunal Supremo de Justicia con Guaidó y con los demás legisladores.

La consecuencia lógica de ese paso es que la Fiscalía General de la República ordene la detención de los sediciosos. La pregunta es cómo reaccionarán los países que reconocen a Guaidó y a la Asamblea Nacional como poder legítimo; sobre todo, cómo reaccionarán Estados Unidos, Colombia y Brasil cuando el poder imperante encarcele a los opositores.

Fuego cercano

Venezuela es un escenario plagado de mechas encendidas. Una está en las sedes diplomáticas de EE.UU. Al romper relaciones con Washington, Maduro dio un ultimátum de 72 horas para que los funcionarios estadounidenses abandonaran el país.

Mike Pompeo respondió que sus diplomáticos permanecerán en Venezuela. ¿Qué pasará si Maduro intenta cumplir con su ultimátum?

El fantasma de Teherán recorre el cielo de Caracas. Como asaltar con fuerzas del Estado una embajada implica atacar al país al que pertenece esa legación, Ruhola Jomeini tercerizó su ataque, enviando las turbas de fanáticos que ocuparon la embajada durante todo 1979.

En el Palacio de Miraflores podrían estar analizando posibilidades similares para que se cumpla el ultimátum de Maduro sin entregarle en bandeja a Donald Trump la excusa que necesita para lanzar una acción militar contra la dictadura.

Las sedes diplomáticas de Colombia y de Brasil serían las elegidas de los legisladores alzados en rebelión contra Maduro para ocultarse cuando la Fiscalía General intente encarcelarlos. Sacarlos con fuerzas públicas es dar el paso hacia la guerra con esos países, que abarcan el 90 por ciento de la frontera venezolana, sobre la que establecen un cerco geopolítico sólo interrumpido por la frontera de Guyana.

Una posibilidad es inspirarse en el ayatolá Jomeini, y la otra es rodear las legaciones de parlantes gigantescos y atacarlos con los decibeles, como hizo la fuerza norteamericana de ocupación para sacar al general Manuel Noriega de la nunciatura apostólica (embajada del Vaticano) en Panamá, donde se había ocultado durante aquella invasión estadounidense.

En cualquier caso, se lo considerará una agresión inaceptable y se lanzarán acciones bélicas desde Brasil, Colombia y Estados Unidos.

Llegado ese punto, Venezuela se convertiría en un agujero negro geopolítico. Y los agujeros negros pueden tener sobre el mapamundi el mismo efecto que tienen los agujeros negros interestelares: absorben todo lo que los rodea.

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