Un sketch grotesco

Maduro apostó a una gran teatralización electoral, pero solo pudo mostrar un sketch patético. La escenificación no convenció a nadie más allá de los que necesitan creerle, o bien por adicción ideológica, o bien porque reciben dinero o prebendas por simular que le creen.

Una de esas razones llevó a Maradona a bailar como bufón de Maduro en el acto de cierre de campaña. No fue al casamiento de su hija por cumplir con la orden del jeque árabe que le paga para dirigir su equipo, pero cumplió con el jefe de un régimen cuya represión dejó más de un centenar de muertos y las cárceles abarrotadas de presos políticos.

También la ceguera ideológica o financiaciones ocultas podrían explicar el apoyo de dirigentes argentinos referentes del kirchnerismo, al dictador que fundió un país que flota en petróleo y provocó una diáspora de dimensiones bíblicas.

Ni antes ni durante los comicios hizo falta mirar bajo el agua o escudriñar con agudeza detectivesca para ver las trampas mostradas, sin cuidado ni pudor, por el régimen de Maduro. Aun así, el resultado que finalmente mostró a los venezolanos y al mundo, deja a la vista su debilidad.

Curiosamente, tanto el candidato oficialista como su funcional oponente, Henry Falcón, necesitaban vencer a la abstención. El exgobernador del Estado de Lara y exdirigente chavista devenido en opositor, porque si convencía a esa mayoría de venezolanos que detesta al régimen consiguiendo que acuda masivamente a votar, lograría un triunfo tan amplio que no podría ocultarse con un fraude. Por lo tanto, de haberse dado una afluencia masiva de votantes, solo le habría quedado negociar con Maduro la transición a cambio de impunidad y de continuidad de los negociados corruptos de la elite del poder.

Por su parte, Maduro necesitaba pasar el 50 por ciento de votantes. Que la abstención superara la mitad del padrón equivaldría a un éxito de la disidencia agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), porque ella había exhortado a no votar.

Ni siquiera en la cifra oficial el régimen pudo alcanzar el 50%. Y eso que, como lo hizo en la elección constituyente y lo denunció la empresa que contó los votos (Smartmatic), habrá inyectado en las urnas todos los votos ficticios que pudo para simular una gran participación.

Hay más razones que muestran la falsedad de los comicios. La proscripción de las principales figuras de la oposición y también de la MUD. ¿Qué legitimidad puede tener una elección donde los principales oponentes no pueden competir?

¿Por qué Falcón aceptó jugar un partido tan viciado? ¿De verdad pensó que si él ganaba no se cometería un fraude?

Al respecto, hay dos hipótesis. Una: estaba convencido de que, si la participación era masiva, podía ganar y forzar al régimen a reconocerlo. La otra: necesitando un oponente para dar credibilidad a los comicios, el régimen salió a la compra de opositores y adquirió como “sparring” electoral a Falcón.

Debía servir para dar a los comicios la credibilidad que dan las buenas teatralizaciones. Pero la actuación apenas alcanzó para un sketch grotesco

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