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El país en la rueda del hámster

La mayoría en las clases media y media baja ya no cree en las frases entusiastas ni en las certezas impostadas.

Lo óptimo es que la sociedad perciba a la economía como un tren que marcha sobre rieles. Las vías implican un rumbo que ha sido trazado para que la marcha conduzca a un destino predeterminado.

En las antípodas, está la peor de las percepciones: la sociedad ve a la economía como la rueda en la que gira un hámster, que corre sin avanzar hacia ningún lado.

El gobierno de Mauricio Macri nunca logró que la economía fuera percibida como el tren que marcha sobre rieles. Pero, hasta la corrida del dólar, lograba al menos que la mayoría no la percibiera como la rueda en la que el roedor corre inútilmente.

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La realidad oscura que se sentó a la mesa de Mirtha

El periodista Carlos Pagni denunció una operación de los servicios de inteligencia en la mesa de Mirtha con Natacha Jaitt | Imagen: Diario Popular.

Si el debate en los medios gira sobre la calidad ética de Mirtha Legrand y la verosimilitud de Natacha Jaitt, entonces sirve muy poco el debate en los medios. Los autores materiales de una deflagración no son más importantes que la autoría intelectual. O sea, el que organizó y financió el ataque a la imagen pública de un puñado de personas.

Sabiendo donde estuvo la organización y financiación del trabajo sucio que perpetraron una mediática y una veterana estrella de la televisión, se podrá dilucidar lo más importante de todo: con qué objetivo se llevó a cabo esa operación.

La primera impresión es que se trata de un trabajo de aparatos de inteligencia. De ser así, faltaría saber si es mano de obra ocupada o mano de obra desocupada.

El gobierno que preside Mauricio Macri debiera ser el más interesado en desentrañar este caso, para corroborar o descartar que, detrás de los ejecutores de esta operación, estén agentes de inteligencia del Estado.

Ocurre que la mayoría de los personajes alcanzados por el ataque mediático son figuras de los medios que entran en el sector que el ultramacrismo llama despectivamente “Corea del centro”.

O sea, referentes que fueron duramente críticos de los gobiernos kirchneristas, pero no resultan complacientes con la actual administración. Por el contrario, “Corea del centro” cuestiona de Macri y de sus ministros todo lo que considera que debe ser cuestionado

Y está claro que al Gobierno y al macrismo les molestan más los cuestionamientos de quienes fueron duros críticos del kirchnerismo, que los que provienen del “periodismo militante” que integraba el aparato de culto personalista de Cristina Kirchner.

Los ataques del “periodismo militante” no debilitan ni afectan en absoluto al Gobierno. Por contrapartida, las críticas de quienes fueron aguerridos cuestionadores de Cristina Kirchner son más atendibles.

Por eso es importante que quede en claro quién organizó y financió el ataque a “Corea del Centro”, que se realizó desde un programa de alto rating y línea editorial afín al macrismo.

Los aparatos de inteligencia tienen el instinto de buscar el poder. La información que manejan y la facilidad para las acciones encubiertas y secretas, les confieren un gran poder.

Mientras vivió y manejó a sus anchas el FBI, Edgar Hoover acumuló información confidencial sobre todo el establishment político, periodístico y empresarial de los Estados Unidos, con más poder que el que tuvieron los presidentes que ocuparon la Casa Blanca.

A Hoover no le interesaba el Despacho Oval, porque en el suyo tenía más poder. Por contrapartida, Vladímir Putin es el caso del agente de inteligencia que se vale de su poder oculto para escalar hacia el poder político, y hasta la cima: la presidencia de Rusia.

Putin le cuidó las espaldas a Boris Yeltsin y, como premio a ese favor que pudo brindar por la información comprometedora que poseía sobre varios jueces y camaristas a los que podía presionar, recibió nada menos que la presidencia de Rusia.

En la Argentina, casos como la filtración de conversaciones privadas de Cristina Kirchner y la bomba sucia que estalló en el programa de Mirtha Legrand, justifican plantear dos hipótesis: o bien el Gobierno se vale de agentes de inteligencia para atacar a los autores de las críticas que más le duelen; o bien, hay agentes de inteligencia que hacen por su cuenta ese trabajo sucio, con la intención de ganar gravitación sobre el Gobierno.

En los dos casos, el objetivo de los agentes de inteligencia es el mismo: poner el poder político bajo su oscuro y viscoso poder.

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Colonizadores de la historia

Cuando Japón conmemora la devastación nuclear de Hiroshima y Nagasaki, los actos no tienen banderas partidarias.

En Francia, la caída del régimen de Vichy es evocada por todas las fuerzas políticas, y no sólo por los liberales y las izquierdas que estuvieron en la resistencia. Tampoco hay banderas de la CDU apropiándose de las conmemoraciones de la caída del Muro de Berlín, aunque ese partido, mediante el gobierno de Helmut Kohl, tuvo mucho que ver con el fin de la RDA y la reunificación. La recordación es de Alemania, no de un sector político determinado.

En Argentina no ocurre lo mismo con una de sus fechas más cruciales. El último 24 de marzo volvió a mostrar un paisaje decepcionante en una conmemoración que debería concientizar sobre los Derechos Humanos. La clase dirigente volvió a dividirse entre usurpadores y desertores.

Usurpadores son las fuerzas políticas que llevan sus banderas, consignas y discursos para colonizar una evocación que no debe tener más banderas, consignas y discursos que la propia significación de lo evocado y la valoración de los DD.HH. que de ella se desprende.

Colonizar políticamente el aniversario del golpe de Estado que inició una etapa de exterminio, implica una manipulación agravada por la reivindicación que la fuerza usurpadora, el kirchnerismo, hizo de organizaciones armadas que cometieron asesinatos y secuestros en su guerra contra un gobierno de Perón. Fue precisamente la violencia de Montoneros la que allanó el camino a los sanguinarios golpistas.

El solo hecho de llamar “guerrilla” a organizaciones tipo ETA, es una falsificación inaceptable. ¿Cómo se puede reivindicar los DD.HH. y, al mismo tiempo, reivindicar a quienes cometían asesinatos en su lucha contra un gobierno que, bueno o malo, había sido elegido democráticamente? Una aberración delirante que ocurre porque no existe una dirigencia política que defienda la cultura democrática. Esa dirigencia ha desertado del debate que debería impulsar para defender los DD.HH. de la colonización política.

El kirchnerismo usurpa y coloniza porque el radicalismo, el PRO y el resto del peronismo desertan del debate en el que debieran denunciar la manipulación que realizan apologetas de otros crímenes.

Radicalismo, macrismo y peronismo no kirchnerista exhiben un vacío conceptual desolador, al guardar silencio ante la apropiación.

También Mauricio Macri integra la legión de desertores. Cuando se trata de marcas tan oscuras en la historia como la que dejó el 24 de marzo de 1976, un presidente debe tener un mensaje. Pero Macri no lo tiene.

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Maquiavelismo contra privilegios inaceptables

Que colegios donde se educan las clases medias y altas reciban lo que falta en escuelitas rurales es una realidad que debiera incomodar a la iglesia.

El macrismo recurre demasiado al maquiavelismo. Por caso, los trolls que tienden emboscadas en las redes y, peor aún, el silencio oficial ante la difusión pública de conversaciones privadas de Cristina Fernández.

La primera es una práctica importada de Rusia por el chavismo; la segunda tiene matriz totalitaria.

Milan Kundera cuenta, en La insoportable levedad del ser y citando el caso del novelista Jan Prochazka, cómo los aparatos de inteligencia checoslovacos grababan conversaciones de disidentes y las hacían difundir por la radio, porque consideraban que escuchar a disidentes prestigiosos hablar con palabras vulgares y criticar a otros disidentes mancillaba la imagen de esos críticos del comunismo.

El kirchnerismo ostentaba sus tics totalitarios, pero eso no justifica que el macrismo continúe con algunos particularmente deleznables.
Develar informaciones incómo-das, como hizo con los abultados sueldos que obispos y arzobispos reciben del Estado, no es un tic totalitario, pero es maquiavelismo, porque no lo hace para corregir la aberración, sino para devolver los ataques que recibe desde la jerarquía eclesiástica.

Pero si bien la estratagema es turbia, la realidad que revela es inaceptable. Obispos y arzobispos reciben salarios parecidos a los de los jueces por una decisión del ultracatólico y criminal Jorge Rafael Videla, tomada en un tiempo en el que hubo obispos y sacerdotes como Enrique Angelelli y Guillermo Mariani que actuaron con dignidad en medio del silencio institucional que diferenció a la Iglesia argentina de la que, por ejemplo, enfrentó a la dictadura en Chile.

Está bien que el Estado dé dinero a Cáritas, una organización católica de inmensa eficacia y honestidad para convertir esos aportes en ayuda indispensable a los desesperados.

Es razonable canalizar ayuda estatal a través de organizaciones sociales y religiosas transparentes y eficientes. Pero no es razonable pagar sueldos suculentos a jerarcas eclesiásticos.

Otras injusticias

Tampoco es razonable subvencionar a los colegios católicos con más dinero que a los colegios privados laicos. Esa inequidad en la subvención a la educación privada es injusta.

La Iglesia convive sin cargo de conciencia con esa injusticia. Que colegios donde se educan las clases medias y altas reciban lo que falta en escuelitas rurales es una realidad que debiera incomodar a la Iglesia. No es justo ni razonable colocar a los colegios católicos por encima de los privados laicos y de las escuelitas perdidas en los montes.

Si el espíritu reformista de Francisco es real, terminará enfrentando esas inequidades y haciendo que la Iglesia renuncie a todo privilegio injusto. Eso la preservaría en un tiempo de laicismo que, tarde o temprano, exigirá la reforma constitucional para eliminar el artículo 2, que “sostiene el culto católico apostólico romano”, otorgándole de ese modo un estatus jurídico privilegiado respecto de las otras religiones.

Ninguna sociedad laica cuestiona aportes públicos a las monjas que cuidan huérfanos o socorren heridos en zonas de conflicto. Tampoco a los sacerdotes que construyen solidaridad en lugares remotos o en barrios marginales. Pero, a esta altura, la existencia de privilegios para estructuras religiosas que se apoyan en el Estado para aventajar a otras religiones y al laicismo está fuera de lo justo y razonable.

Macrismo “laclausiano”

Jaime Durán Barba está siguiendo puntillosamente a Ernesto Laclau. El teórico del populismo sostiene que en la sociedad se van produciendo demandas irrefrenables y que los gobiernos deben ponerse al frente. Son como olas que los líderes deben conducir, para no ser arrasados por ellas. Siempre avanzan contra viejas injusticias convertidas en statu quo.

Antes que Laclau, lo había apuntado Felipe González. Desde su pragmatismo, el exmandatario español sostiene que no importa si el líder está de acuerdo o no con esas demandas. Debe ponerse al frente y canalizarlas.

Eso debiera hacer el macrismo, en lugar de usarlas en sus duelos sectoriales. También debiera instruir a sus trolls para no igualar lo inigualable en sus ataques.

Que un Papa envíe un rosario bendecido a una persona encarcelada es acorde con la filosofía evangélica.

En cambio, bendecir camisetas para enviar a un sindicalista o a quien sea no tiene que ver con el espíritu evangélico, sino con el fetichismo milenarista.

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La libertad y la imposición

Los legisladores deben debatir concentrados en la salud pública y en interpretar a sus representados. La legalización permite abortar en condiciones seguras de salubridad a quienes tomen la decisión de hacerlo.

“Yo estoy a favor de la vida, pero no se lo impongo a nadie”, dijo el presidente Mauricio Macri al referirse a su decisión de elevar al debate parlamentario la cuestión del aborto.

En lugar de declararse “a favor de la vida”, debió decir que está “en contra del aborto”. De haberlo dicho así, hubiera sido igual de franco y también hubiese dado coherencia a la palabra con la acción.

Para abrir un debate, hay que usar expresiones que lo abran y no que lo clausuren. Por cierto, los que son contrarios a la legalización pueden sentirse “a favor de la vida”, como también pueden hacerlo (y de hecho muchos lo hacen, aunque con otras palabras) los que son favorables a legalizar la interrupción de embarazos para que no mueran tantas mujeres.

Si Macri hubiera dicho “estoy en contra del aborto”, sus palabras hubiesen sido coherentes con el acto de abrir el debate. La frase que utilizó, en lugar de abrir debates, los clausura, porque expresa la proclama de una posición basada en convicciones absolutas. Leer más

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Argentina y los tics totalitarios

Obviamente, Argentina no es un país totalitario. Sin embargo, desde hace años se producen acciones inspiradas en el totalitarismo.

Los gobiernos kirchneristas usaron los servicios de inteligencias para poder presionar a propios y ajenos, mientras financiaban aparatos de propaganda para construir culto personalista y difamar a opositores y críticos. Pero no está claro que el gobierno de Mauricio Macri haya desterrado totalmente ciertos tics totalitarios. Una señal preocupante es la recurrente aparición y difusión pública de conversaciones privadas de Cristina Kirch-ner con el ex secretario general de la Presidencia, Óscar Parrilli.

En esos diálogos, la expresidenta usa términos vulgares para referirse incluso a dirigentes de su propio espacio político.

Las escuchas no son ilegales porque fueron ordenadas por jueces en el marco de investigaciones judiciales. Lo ilegal es que se filtren a la prensa. Y que haya medios que difundan esos diálogos privados, si bien no constituye un delito, remite a una práctica típica de algunos totalitarismos comunistas.

En La insoportable levedad del ser, Milan Kundera alude a lo que hacía el régimen comunista de Checoslovaquia a través de Tomás, el personaje de la novela publicada a mediados de los años 80. Sus espías grababan conversaciones telefónicas de disidentes y las hacían difundir por la radio.

“Es curioso. La gente emplea palabras groseras de la mañana a la noche. Pero cuando escucha por la radio a una persona conocida y que respeta diciendo mierda, se decepciona”. Esa reflexión del personaje de Kundera acompaña el tramo que explica que el objetivo del régimen comunista al difundir por radio charlas entre disidentes, era mostrar que “las personas que hablan mal de la Unión Soviética, también se calumnian mutuamente empleando palabras groseras”.

Uno de los disidentes atacados de ese modo fue el novelista Jan Prochazka, cuyas conversaciones telefónicas con el profesor Vaclav Cerny, fueron grabadas y difundidas por radio.

“La policía secreta existe en todo el mundo. Pero que se permita emitir públicamente sus grabaciones por radio es algo que solo existe en Bohemia”, dice el personaje de la novela de Milan Kundera.

Pues bien, también existe en la Argentina. Y como lo difundido en los medios de comunicación afecta negativamente la imagen de la principal adversaria del presidente Macri, es imprescindible que el gobierno repudie estos hechos recurrentes y que la Justicia investigue, dilucide y castigue a los responsables de las filtraciones ilegales de esas grabaciones que no debieran salir de los juzgados que las ordenaron.

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El aborto como jugada política

Más allá de las visiones religiosas y las posiciones morales que existen sobre la legalización del aborto, la decisión del presidente Mauricio Macri de llevar el tema al debate parlamentario es un asunto de salud pública; ergo, un acierto político relevante.

Pero es posible que la decisión del presidente argentino no tenga que ver con la relevancia del asunto, sino con una astuta jugada política. En lo inmediato, dio vuelta de un plumazo la página de la masiva protesta del sindicalista Hugo Moyano contra la política económica. Y la mira apunta aún más lejos.

Más allá de la importancia de debatir la legalización del aborto por las razones que expone el ministro de Salud Adolfo Rubinstein, es posible que se trate de una estrategia diseñada por el asesor Jaime Durán Barba para causar un sismo que resquebraje la alianza que se intenta formar en la vereda opositora.

Existen señales de que, con el impulso del Papa Francisco, el peronismo busca reunificarse incluyendo en su interior al kirchnerismo. Ese conglomerado daría a Cristina Kirchner el blindaje judicial contra los jueces que investigan corrupción, pero no le daría el liderazgo ni la postulación presidencial en el 2019.

La razón por la que el Papa descendería a la arena política argentina como armador de la oposición peronista, es un asunto a tratar en otra oportunidad. De momento, lo que vale señalar que su rol de armador o, al menos, de referente de ese espacio, hace de un tema como el aborto un obstáculo difícil de superar en el camino de la unificación.

Aunque Cristina siempre fue contraria a la legalización del aborto, el conglomerado que lidera incluye agrupaciones pro-abortistas. El vínculo estaba dado por el pragmatismo del matrimonio Kirchner y por su enfrentamiento con el entonces cardenal Bergoglio. De hecho, Cristina se oponía al matrimonio igualitario y trató de desalentar a la impulsora de esa ley, Vilma Ibarra, para que desistiera. Pero ni bien vio las encuestas al respecto, cambió de posición y se adueñó del proyecto.

Probablemente, haría lo mismo con el aborto. El problema que hoy tiene el kirchnerismo es que Bergoglio ya no es aquel duro adversario que lo enfrentaba desde el arzobispado, sino el jefe de la iglesia católica que, por razones enigmáticas y probablemente oscuras, parece actuar como protector de los referentes kirchneristas y como armador externo de la oposición a Macri.

Por esa razón, el debate parlamentario sobre la legalización del aborto podría impactar en la línea de flotación del kirchnerismo y resquebrajar el pan-peronismo antes de haber alcanzado un acuerdo de unidad.

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Lo malo y lo peor

Aunque Hugo Moyano es un problema, el problema no es Hugo Moyano. Suena paradójico, pero la cuestión principal para el gobierno no es que el sindicalista convocara a una protesta por sus problemas personales con los jueces que lo investigan.

La cuestión principal es que, siendo tan evidente que la protesta fue por esos problemas personales, haya reunido una multitud tan numerosa.

La cuestión no es que Moyano sea un sindicalista agresivo, apretador y turbio. La cuestión es que siendo tan agresivo, apretador y turbio, haya podido encabezar una demostración importante de descontento con la gestión de Mauricio Macri.

La cuestión no es que tantos sindicatos grandes hayan roto la cúpula de la CGT y se hayan “bajado” de esta marcha dejando solo a Moyano. La cuestión es que con tantos sindicatos importantes abandonándolo y “bajándose” de la marcha, lo mismo haya estado tan acompañado. Eso es lo que tiene que enfocar el gobierno de Macri: un gremialista desprestigiado, presuntamente poseedor de una fortuna injustificable, además de portador de una modalidad de acción sindical extorsiva que genera repulsión en la mayoría de los argentinos, pudo encabezar un acto multitudinario.

Se equivoca el gobierno al enfocarse en el desprestigio de la dirigencia kirchnerista que, después de haber despreciado a Moyano, fue al pie del líder camionero como si nada. Se equivoca también si se detiene en los cientos de camiones y colectivos que llevaron gente, así como en que mucha gente recibió dinero por ir.

A pesar de todo eso, las calles mostraron a Macri que su política económica golpea duramente a las clases media y media baja. Para colmo, ni siquiera está logrando las metas de crecimiento de la economía y de caída en la inflación y el déficit fiscal. Inflación y déficit crecen, igual que la deuda, mientras que lo que decrece es el poder adquisitivo de las franjas de la sociedad cuyo consumo pone en funcionamiento la producción y multiplica el empleo.

En eso tiene que pensar Macri después de que un tren fantasma de la dirigencia argentina, repleto de impresentables, pasara por la avenida 9 de Julio.

Algo anda mal si dirigentes tan desprestigiados y sospechados de corrupción, pueden convocar multitudes tan vastas para protestar contra la política económica.

Si el gobierno sigue concentrándose en los defectos de sus esperpénticos enemigos, en lugar de concentrarse en sus propios y numerosos defectos, habrá nuevas marchas y serán cada vez más multitudinarias.

 

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Juego sucio de dudosa legalidad

La recurrente difusión de audios en los que Cristina Kirchner y Oscar Parrilli, es desagradable y expone un espíritu violento y cargado de desprecio. Pero en estos días no resulta ni lo más grave ni lo más revelador.

El desprecio de Cristina por quienes la confrontan y la denuncian era conocido desde que gobernaba su marido. Tampoco hay novedad en el desprecio al Partido Justicialista, ninguneado durante sus dos presidencias.

Lo más grave no está en esos diálogos telefónicos plagados de vulgaridades. Lo más grave está en la recurrente difusión pública de grabaciones que no debieran salir de los despachos judiciales donde fueron ordenados. Cada filtración resulta oportuna para el gobierno de Macri. Cristina y Parrilli se expresan con desprecio hacia el peronismo y hacia Sergio Massa, en momentos en que la ex presidenta intenta unir kirchnerismo y peronismo.

La difusión de esa vieja grabación no puede tener otro objetivo que el de dinamitar el acercamiento en marcha. Lo dudoso es la legalidad de que, una vez más, se hayan filtrado grabaciones ordenadas para investigaciones judiciales, y no para jugadas políticas. Tanto el Código Procesal Penal como la Ley de Inteligencia permiten a los jueces interceptar comunicaciones. Lo que no permiten es la filtración de esos registros para que lleguen a la prensa.

La legalidad del procedimiento judicial de interceptar comunicaciones privadas, no otorga legalidad a la filtración y publicación de esos registros. ¿Por qué, entonces, no se toman medidas para investigar y castigar a los miembros del aparato judicial que producen las filtraciones, y también para evitar que haya medios que sigan dando difusión pública a lo que no debiera difundirse?

Cristina jamás ocultó su menosprecio por el partido creado por Perón, en el que militó siempre. Tampoco ocultó ese viscoso desprecio por todo aquel que la contradijera, cuestionara su verticalismo personalista o la denunciara por corrupción. Por eso, lo nuevo de esta nueva filtración no está en lo que dice la ex presidenta, sino en el blanco al que apunta. Ese blanco es el intento de reunificación del peronismo.

Muchas cosas se le pueden cuestionar a esta iniciativa que imanta conspiradores y oportunistas. Lo que no se puede es jugar sucio contra ella. Y la filtración y difusión de escuchas telefónicas implican juego sucio, además de actos de dudosa legalidad.

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Macri, en un campo minado

El peronismo, que tiene bien desarrollado el olfato sobre la salud o la debilidad del poder, está oliendo sangre. La serenidad que intenta transmitir el gobierno de Macri choca contra indicadores negativos.

¿Sería futurismo mágico imaginar al Papa bendiciendo la unidad del peronismo? Quizá ni tan futurista ni tan mágico. Cada vez hay más llamadas al Vaticano. Aumentan de manera proporcional al crecimiento de vaticinios sobre la caída de Mauricio Macri.

Eugenio Zaffaroni y varios más dicen fuerte lo que una multitud en su vereda política susurra. “Macri gobierna tan mal que caerá antes de terminar el mandato”, afirman, palabras más palabras menos, muchos sindicalistas, kirchneristas y peronistas, con excepción de algunos gobernadores.

Los más decentes expresan el mismo deseo, pero por la negativa. Son los que empiezan diciendo “yo no quiero que Macri se vaya antes, pero…”. Todos los que comienzan una argumentación con esa frase quieren que el Gobierno caiga cuanto antes, del mismo modo que quien empieza diciendo “tengo amigos judíos” seguro es un tremendo antisemita.

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