Archivo de Etiqueta Internacionales

Putin for ever: El detrás del triunfo electoral del líder ruso

El poder invencible del hombre que restauró el orgullo nacionalista eslavo y puso a Rusia de nuevo en el tablero estratégico mundial.

Vladimir Putin es un déspota que, mientras tenga el poder, hará del Estado de Derecho y de la institucionalidad republicana el ropaje que cubre la naturaleza autocrática de su gobierno.

Pero no es un déspota más entre los tantos que han habitado el Kremlin. Con la astucia de un lobo siberiano y la sangre fría de Iván el Terrible, ha reconstruido el orgullo nacionalista ruso y lo ha convertido en su fortaleza inexpugnable.

Primero le curó las heridas que le habían causado los mujaidines afganos. Después lo vengó a sangre fuego de la derrota frente a los independentistas chechenos en la primera guerra del Cáucaso.

Con expansiones territoriales siguió alimentando el nacionalismo ruso. Primero sacando al ejército georgiano de Abjasia y Osetia del Sur, y después devolviendo a Rusia su perla del Mar Negro que Nikkita Jrushev había entregado a Ucrania en la era soviética: la península de Crimea y su estratégico puerto de Sevastopol.

El nacionalismo ruso rescataba el orgullo imperial que había quedado sepultado en los escombros de la URSS y había sido avergonzado por las borracheras y desvaríos de Boris Yeltsin. Con Putin, el pueblo ruso volvía a sentirse protegido por un líder implacable. Ese que respondía con masacres a los atentados y las incursiones terroristas. Leer más

Share

La ciénaga Fujimori

Debió caer en el juicio político que, de manera arbitraria, le impuso la oposición meses atrás.

Si en esa ocasión, en lugar de canjear los votos para seguir en el poder a cambio del indulto del expresidente Alberto Fujimori, hubiera dejado que el fujimorismo lo destituyera, Pedro Pablo Kuczynski aún tendría posibilidad de sobrevida política en Perú.

Lo que hizo al negociar con el hijo del dictador, es entregar su honra a cambio de nada. Suicidó su imagen por tratar con intratables. Nada es confiable en la familia Fujimori. Por eso fue una pelea entre los hijos del déspota, lo que terminó hundiendo la presidencia de un hombre lúcido, que hizo un aporte significativo para el despegue económico de Perú desde el gobierno de Alejandro Toledo.

En su imagen pública, el caso Odebrecht es una salpicadura al lado de las manchas que le dejó pactar con Kenji Fujimori: primero lo manchó indultar a un condenado por crímenes de lesa humanidad, a cambio de seguir en el poder. Y a renglón seguido, debido a que la rencorosa Keiko, aún estando también salpicada por Odebrecht, se obstinó en destituirlo, a PPK lo manchó el intento de comprar votos con dinero y obra pública.

Keiko mostró las pruebas del negociado entre su propio hermano y el presidente, hundiéndolos a ambos.

La traición es un rasgo familiar. A la campaña que llevó a Fujimori desde el decanato de una Facultad de Agronomía a la presidencia, la había financiado su esposa, Susana Higuchi. Pero a poco de conquistar el poder venciendo en las urnas nada menos que a Vargas Llosa, Fujimori la hizo echar de la residencia presidencial y luego la hizo detener y torturar para silenciar las denuncias que quería hacerle.

De ahí en más, Fujimori encarnó la eficacia sin escrúpulos. Terminó con el caos económico que había dejado el izquierdismo delirante del primer gobierno aprista, pero se cobró ese logro cerrando el Congreso y montando un esquema de sobornos y enriquecimiento ilícito. Derrotó a Sendero Luminoso y apresó a su líder, Abimael Guzmán, pero en una exhibición circense lo mostró enjaulado y con traje a rayas, aprovechando además ese momento para convertir los aparatos de inteligencia del Estado en instrumentos de extorsión a opositores, empresarios y medios de comunicación.

Después liberó los rehenes atrapados por comandos del MRTA en la residencia del embajador japonés, pero se hizo fotografiar como el cazador con su presa junto al cadáver acribillado del comandante guerrillero Néstor Cerpa Cartolini.

En lo único que no fue eficaz el inescrupuloso autócrata, fue en el fraude con que procuró revertir su derrota frente a Alejandro Toledo. Fue tan burda la trampa, que terminó huyendo y renunciando desde Japón.

La cadena perpetua a Fujimori no acabó con la tiniebla en la que deambula errática la política peruana. Fujimori se convirtió en un maleficio que terminó enfrentando a sus dos hijos y derribando a un presidente que, como ministro de Economía y luego como primer ministro, había creado la pista del despegue económico peruano.

Share

“Sarkozy ya había tenido otras denuncias por financiación ilegal, pero era en la campaña del 2012”

“Lo que hay es una confesión de quien habría actuado de intermediario.”

Detención de Sarkozy. “Es por la financiación ilegal de su campaña por haber recibido dinero de Libia.”

“Lo que hay es una confesión de quien habría actuado de intermediario entre el régimen libio encabezado por Kadafi y el ministro del interior del Presidente francés.”

“Esto fue ratificado por el hijo mayor de Kadafi.”

“También lo habría ratificado el jefe de los servicios de inteligencia de Kadafi, quien señaló que hubo una entrega de cinco millones de euros para la campaña de 2007.”

“Todos recuerdan que fue uno de los primeros países que visitó Kadafi cuando había asumido la presidencia Sarkozy.”

“Llevó sus carpas beduinas y las instaló en los jardines eliseos.”

“Berlusconi llegó a ser socio de Kadafi en muchos emprendimientos.”

“Sarkozy ya había tenido otras denuncias por financiación ilegal, pero era en la campaña del 2012.”

Con respecto a las denuncias contra Facebook. “A Facebook le pega de lleno pero como efecto colateral está la Universidad de Cambridge. Fue un profesor de Cambridge quien con fines académicos pidió a Facebook información sobre sus usuarios para hacer un trabajo para la Universidad. A la creación de ese software la financió Cambridge Analytica en la cual figuraban entre sus directivos Steve Bannon y Robert Mercer. Mercer es un millonario norteamericano que aporta siempre a las campañas del Partido Republicano.”

“Trump está marchando sobre el sendero que le trazó Steve Bannon.”

“Bannon fue con Mercer quienes quedaron al frente de Cambridge Analytica y manejaron esos datos para construir modelos psicográficos. Con modelos psicográficos se pueden confeccionar mensajes de propaganda, fakenews.”

“En el 2014 los datos que había pedido aquel académico de Cambridge terminaron usados para la campaña electoral.”

“La acusación que se le hace a Facebook es por qué no avisó a los usuarios.”

“La investigación la encabeza una legisladora demócrata. También está siendo investigado en Gran Bretaña, porque se cree que esos perfiles psicográficos fueron utilizados para influir en el referéndum en favor del Brexit.”

Share

El dueño del poder

¿Putin sigue gobernando porque es un déspota que gana elecciones amañadas? La respuesta es compleja. Ciertamente, ejerce un liderazgo autocrático que no encaja en los cánones liberales de democracia. También es cierto que los procesos electorales rusos tienen opacidades. Pero si se realizaran comicios con parámetros helvéticos, Putin sería el ganador. Quizá con menor diferencia, pero ganador al fin.

¿Por qué? Porque rescató la economía y el Estado del caos que había dejado Boris Yeltsin. Y porque restauró el orgullo nacionalista que habían herido los mujahidines que vencieron al Ejército Rojo en Afganistán, y después los milicianos del general Dudayev que derrotaron a las fuerzas rusas comandadas por el general Lebed, en la primera guerra del Cáucaso.

Las guerras marcan asensos y caídas en Rusia. El zarismo empezó a caer en 1905, cuando la flota del zar fue derrotada por los japoneses. Y Stalin consolidó el régimen soviético venciendo a Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

También fueron victorias militares las que dieron a Putin un poder imbatible. Con él en el Kremlin, el ejército regresó al Cáucaso y esta vez aplastó al independentismo checheno. Luego expulsó de Osetia y Abjasia al ejército de Georgia.

Si algo faltaba, era devolver a Rusia la Península de Crimea, que Jrushev había traspasado a Ucrania. Lo hizo. Entonces solo quedó restaurar el orgullo eslavo que Estados Unidos había magullado cuando venció a las fuerzas proserbias en Bosnia y al ejército serbio en Kosovo, provocando la caída del régimen de Milosevic. A ese broche de oro lo obtuvo en Siria, donde le dio a Rusia la primer victoria militar lejos de sus fronteras.

Quizá el mayor triunfo de Putin haya ocurrido en las urnas norteamericanas, convirtiendo a Trump en presidente. Pero a eso lo confirmará, o no, la investigación del fiscal Mueller. Lo indudable es que ha sido un líder eficaz y exitoso, y que ese liderazgo autocrático responde a los cánones de la cultura política forjada desde la creación de Estado por Iván el Terrible.

China es protagónica a nivel global por el poder de su economía, mientras que Rusia lo es por su poder militar y por la osadía de su presidente. Ese líder que convirtió el Kremlin en su bastión inexpugnable desde que Yeltsin lo nombró primer ministro, y que podrá perpetuar su poder alternándose en la presidencia con Dmitri Medvédev, como lo hizo tras sus dos primeros mandatos.

Share

Demagogia globalizada: rebrote europeo de la derecha

Con el aval del ideólogo de Trump, la ultraderecha que quiere desarmar la UE crece a pesar del extravío británico tras el Brexit.

La historia está de nuestro lado”, proclamó a las ultraderechas europeas. Los seguidores de Le Pen lo aclamaron como si fuera De Gaulle llamando a Francia a ponerse de pie frente al nazismo y el régimen de Vichy. El hombre que lanzó esa frase con eco de grandeza histórica, es Steve Bannon. El ideólogo de Donald Trump. Pasó por Europa huérfano del poder que había tenido en la Casa Blanca y que perdió en un santiamén. Pero lo acompañó el aura de haber ayudado a llegar al Despacho Oval a un personaje tan vulgar y grotesco como ajeno al establishment político norteamericano, dotándolo de un programa racista y xenófobo, además de nacionalista y “desglobalizador”. Por eso exhortó a la ultraderecha europea a “llevar como una condecoración” las acusaciones de racismo y xenofobia que les hacen.

Referente. ¿Quién se atreve a reivindicar lo despreciable? El ideólogo de Trump. ¿Por qué? Porque sabe que la desglobalización es una etapa que agrieta a los sistemas imperantes y, por ende, debilita a los establishments y a las dirigencias convencionales. Un tiempo en el que la carta ganadora es la promesa de patear tableros. Las ideas horribles resultan más atractivas que las ideas racionales, porque la racionalidad política no revierte la creciente incertidumbre sobre el futuro que atormenta al hombre actual, ni detiene la creciente desigualdad que produce el proceso de concentración de riqueza que se da a nivel global. La frustración que produce la impotencia política de los partidos tradicionales y las dirigencias convencionales, lleva votos a los extremistas, los demagogos y los impresentables. El anti-sistema, de izquierda en las económicas menos desarrolladas y de ultraderecha en las potencias de Occidente y en Europa Central, es la tentación del momento. No importa cuan impresentables sean sus dirigentes, ni cuan absurdas e intolerantes sean sus propuestas. Cuando la realidad asusta, crece la tentación de prescindir de la realidad.

Rebrote. Eso explica que sigan creciendo las fuerzas políticas euroescépticas, que proponen desenterrar las antiguas monedas nacionales y enterrar la moneda única o, lisa y llanamente, abandonar la Unión Europea como decidió hacerlo Gran Bretaña. Con los británicos deambulando erráticos en el laberinto del Brexit y descubriendo que hay más incertidumbre afuera de la UE que en su interior, lo mismo crece la base electoral de quienes claman por salir del sistema europeo, o al menos de la eurozona. Teresa May choca contra la pared una y otra vez, en su intento de lograr un Brexit sin costo económico para los británicos. Las encuestas insinúan que, de votar de nuevo, se impondría el “remain”. Pero la realidad le dice al Reino Unido que es tarde para arrepentirse y que tendrán que pagar muy caro su salto al vacío.

Con semejante lección a la vista, los italianos votaron masivamente a dos fuerzas adversas a la UE: el Movimiento 5 Estrellas y Lega.
La fuerza política que quedó en mejor posición para formar gobierno desciende de la Liga Norte, a su vez descendiente de la Liga Lombarda, el partido con que el desmesurado Umberto Bossi quería partir Italia a la altura del río Po para crear un país “rico” y separado de la “Roma ladri” y los “terrones” pobres del sur.

Matteo Salvini es tan extremista como Bossi, pero entiende que en este tiempo su radicalismo le sirve para gobernar toda Italia, y no sólo la porción más rica. Por eso quitó del nombre la palabra “Norte” que regionalizaba su partido, rebautizándolo simplemente Liga, para darle alcance nacional. Y logró ríos de votos incluso en ese sur al que tanto había menospreciado en sus discursos. La clave fue despotricar contra la moneda única y contra la Unión Europea, pero sobre todo proponer deportaciones masivas y el cierre de las fronteras a los inmigrantes que llegan de Africa y Oriente Medio.

Las mismas claves, aunque con menos agresividad, manejó el Movimiento 5 Estrellas, obteniendo como resultado nada menos que convertirse en el partido más votado. Pero más revelador es el caso de Salvini, que venció a Forza Italia porque su líder, Berlusconi, ya no era el engendro anti-sistema que despreciaban las elites europeas y al que, en el 2011, Merkel y Sarkozy lograron reemplazar por un gobierno de tecnócratas presidido por Mario Monti.
Salvini lo venció en el andarivel derechista porque Berlusconi ahora proponía como primer ministro al europeísta y presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani.

Referente. El hombre que derrotó a Berlusconi es un apologeta de Vladimir Putin. Y a sus votantes no les importó el envenenamiento del ex espía Serguei Skripal, ejecutado, como tantos otros asesinatos con las huellas digitales del estado ruso, en el territorio británico. Tampoco les importó a los votantes de Salvini las injerencias fraudulentas perpetradas por hackers rusos en el referéndum sobre el Brexit y otros actos comiciales europeos, además de la elección que convirtió a Trump en presidente.

Igual que las ultraderechas de Francia, Alemania y otros países europeos, Matteo Salvini admira al jefe del Kremlin tanto como a Marine Le Pen y al magnate que habita la Casa Blanca. Por eso recibió a Steve Bannon y se alagó con sus elogios. También lo recibieron los partidos anti-sistema de Alemania, aplaudidos por Bannon por haber logrado que a Merkel le costara meses formar un gobierno y que democristianos y socialdemócratas quedaran obligados a una no deseada “gran coalición” para frenar el avance del anti-sistema que crece por derecha e izquierda.

El asesor jefe de la campaña electoral de Trump fue expulsado del gobierno, pero no por haber perdido el afecto político de su asesorado, sino por haber perdido una batalla contra el aparto republicano. Bannon sigue siendo el ideólogo de las políticas xenófobas, proteccionistas y aislacionistas de Trump. La guerra comercial que puso en marcha sigue la línea trazada por su inspirador más controvertido.

Share

Cae último muro de contención

Stephen Hawking definió al calentamiento global como el mayor peligro para la humanidad, advirtiendo que se está cerca de atravesar el punto de no retorno.

Donald Trump dijo que el calentamiento global es una fabulación y sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París. ¿Quién podía estar más cerca de tener razón? ¿El genial físico británico que escudriñó secretos del universo, o Trump?

Rex Tillerson piensa como Stephen Hawking. Y fue el único del gabinete que se atrevió a planteárselo al presidente. Por eso intentó impedir que su jefe pateara el tablero de París; nada menos que el más trascendente acuerdo alcanzado en toda la historia de la especie humana. Trump no hizo caso a su secretario de Estado y pateó ese tablero. Lo mismo hizo con el statu quo internacional sobre Jerusalén y con el Tratado Transpacífico de libre comercio, casos en los cuales también encontró la resistencia de Tillerson.

En el único punto en que se impuso Tillerson fue en el acuerdo nuclear con Irán, que ahora probablemente será abandonado por Estados Unidos, porque Trump ha designado en la Secretaría de Estado a Mike Pompeo, un halcón republicano que fue miembro del Tea Party y defendió con fervor una de las políticas más controversiales de George W. Bush en su “guerra contra el terrorismo”: las prisiones clandestinas donde la CIA recluía y torturaba prisioneros para obtener información sobre Al Qaeda.

A eso se suma que al frente de la CIA quedó Gina Haspel, una agente de inteligencia inmensamente preparada y eficaz, pero relacionada a la siniestra política de los “black sites”, verdaderos agujeros negros de la juridicidad internacional a los que puso fin Barak Obama.

Haspel había dirigido, en Tailandia, una cárcel clandestina por donde habrían pasado cientos de miembros de organizaciones como Yema Islamiya, de Indonesia, y Abu Sayyef, de Filipinas.

En síntesis, echando a Rex Tillerson, el presidente removió el último resabio de moderación que quedaba en la plana mayor del gobierno. Ergo, dio un paso más hacia la radicalización. El paso inmediato anterior fue iniciar la guerra comercial a la que Tillerson también se oponía, entre otras cosas, porque el arancelamiento para levantar barreras proteccionistas en la economía norteamericana debilita aún más la ya dañada relación con las potencias europeas.

Con el cambio en la Secretaría de Estado, la administración republicana se desequilibra a favor del nacionalismo antisistema que tiene por ideólogo a Stephen Bannon, y que está aislando internacionalmente a Estados Unidos.

Bannon salió de la Casa Blanca, pero dejó allí su visión ideológica. Y en ella no hay lugar para moderados como Tillerson.

En este paso hacia el desequilibrio, también la forma resulta reveladora: Tillerson se enteró por Twitter de su expulsión y Trump intentó atenuar el sismo político que produjo mediante una postal absurda en la que aparece “eligiendo muros” para tapiar la frontera con México.

Share

¿China avanza o retrocede?

¿Fue un paso atrás para avanzar dos adelante? ¿O fue solo un paso atrás? El derecho a reelección indefinida que acaba de conseguir Xi Jinping retrotrae el Estado chino al sistema anterior a Deng Xiaoping. El presidente concentrará en sus manos una cuota de poder que no tuvieron sus antecesores Hu Jintao, Jan Zeming, Yang Shangkun y Li Xiannian. La contención institucional a la concentración de poder mediante mecanismos de consensos y el límite de dos mandatos de cinco años cada uno, fue el aporte político de la era Deng para acompañar las reformas de apertura económica. ¿El resultado?: China pasó de la marginalidad mundial y la pobreza, a la centralidad como potencia y a la prosperidad con movilidad social ascendente. A pesar de semejante salto, el XIX Congreso del PCCh abrió la posibilidad de que Xi gobierne con un poder similar al de Mao Tse-tung.

Una mirada hacia la historia permite distinguir pasos atrás que terminaron siendo avances y otros que fueron solo retrocesos. La revolución republicana de Sun Yat-sen terminó con el poder concentrado y eterno de emperadores y mandarines, pero el liderazgo de Chian Kay-shek sobre el Kuomingtang (Partido Nacionalista Chino) produjo un retroceso. Con la revolución y el Partido Comunista, China ingresó al totalitarismo, o sea el autoritarismo absoluto. Pero no todo fue retroceso, porque ese aparato partidario sirvió para unificar el inmenso territorio y la diversidad étnica y lingüística del gigante asiático.

Con Deng, China comenzó a abrirse y a superar el totalitarismo con culto personalista creado por Mao y Chou En-lai, que alcanzó su paroxismo de fanatismo criminal con la llamada Revolución Cultural. Pero ante la rebelión estudiantil de 1989, cuando debió elegir entre la liberalización política que defendía el primer ministro Zhao Ziyang y el aplastamiento militar de las protestas que proponía el duro Li Peng, Deng Xiaoping eligió la represión.

La masacre de Tiananmen clausuró la apertura política para mantener la apertura económica, algunas de cuyas consecuencias habían detonado las protestas estudiantiles.

En principio, el paso atrás que ahora dio Xi Jinping no implicaría un retroceso al totalitarismo con culto personalista de Mao. Su mayor poder y la prolongación de su liderazgo al frente del Estado se dan con la promesa de utilizarlo para conjurar dos males de las últimas décadas: la corrupción en el Estado y las intrigas permanentes en la burocracia partidaria. Esa es la justificación. La realidad dirá si es un paso atrás para seguir hacia adelante. O si es simplemente un retroceso.

Share

Como la Guerra Fría

Putin potenció una nueva carrera armamentista, anunciando un súper-misil nuclear que doblegaría el sistema defensivo de EE.UU.

Cuando Ronald Reagan anunció su “Guerra de las Galaxias”, los soviéticos entendieron que perdían la Confrontación Este-Oeste. Hasta ese momento, la carrera armamentista había consistido en acumular arsenales nucleares para devastar al enemigo. Se llegó de ese modo a la Destrucción Mutua Asegurada, que se convirtió en doctrina para garantizar una “Pax” con forma de “tablas” del ajedrez. Pero al anunciar aquel presidente norteamericano que su país había desarrollado un escudo espacial que, refractando rayos láser lanzados desde tierra a espejos montados en satélites, podía destruir cualquier misil intercontinental en vuelo hacia Estados Unidos, y cualquier misil táctico encaminado hacia alguna ciudad europea, el esquema de la destrucción mutua asegurada se alteraba drásticamente, porque la Unión Soviética perdía su capacidad de destruir a sus enemigos occidentales.

La Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), popularizada como Guerra de las Galaxias, daba vuelta una página de la carrera armamentista, inaugurando una nueva etapa en la que había un vencedor. Después se supo que Reagan había anunciado un escudo espacial que en realidad todavía estaba en estado embrinario y, de hecho, nunca llegó a concretarse en la forma que había descripto aquel presidente republicano. Pasaron varios años hasta que Estados Unidos pudo contar con un sistema defensivo capaz de inutilizar los proyectiles intercontinentales soviéticos, por tener la capacidad de cazarlos con misiles antimisiles en pleno vuelo. Leer más

Share

El increíble giro de Kim Jong-un

Como era de esperar, Donald Trump y sus publicistas interpretan que el giro en la situación de la península coreana se debe a la presión del jefe de la Casa Blanca.

Las usinas que libran la titánica batalla por mejorar la imagen del magnate que gobierna Estados Unidos, explican que fueron las sanciones que impulsó lo que obligó a Kim Jong-un a acercarse a Corea del Sur y ofrecer el fin de su política nuclear, si se llega a un acuerdo con Washington.

Pero… ¿fue realmente así? ¿Es Trump el artífice del sorprendente giro dialoguista de Kim? También hay que preguntarse si de verdad Kim Jong-un está cediendo, o si en realidad está avanzando desde el principio según un plan que sigue el manual aplicado por su abuelo y su padre.

De haber un paso atrás (y es posible que así sea), lo más probable es que el mérito mayor lo tenga China. Pero antes de llegar a ese punto, corresponde subrayar que, efectivamente, el caso coreano parece dar un viraje que, hace sólo un par de meses, resultaba impensable. Leer más

Share

Italia en su laberinto

No está claro quién será el próximo primer ministro, ni cómo terminará impactando en Europa el resultado de los comicios.

Al abrir las urnas, Italia encontró un nudo gordiano. Pero hay algo que claramente descifrable en el mensaje electoral: ganó el antisistema.

La gran derrotada fue la dirigencia políticamente correcta que defiende la eurozona y los lineamientos de Bruselas. El partido más votado fue el M5E, que si bien moderó sus propuestas antieuropeas, había irrumpió con un discurso euroescéptico.

El lejano segundo puesto del Partido Democrático, la fuerza que impulsó Walter Beltroni para reciclar la centro-izquierda sepultada en los escombros de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista, implicó una devastación a la que no sobrevivirá Matteo Renzi. Y la resurrección que prometían los comicios a Silvio Berlusconi, se esfumó con el escrutinio donde apareció escrito su epitafio.

Tan fuerte fueron las primeras vibraciones del sismo electoral que se avecinaba, que Alemania y Francia intentaron desenterrar a Berlusconi. El magnate aparecía como la salvación de la UE después de que, en el 2011, Merkel y Sarkozy lo hicieran reemplazar por un gobierno tecnocrático encabezado por Mario Monti. En una paradoja típicamente italiana, Berlusconi jugó a dos puntas incompatibles: por un lado, formó una coalición con los partidos eurófobos Lega (descendiente de la Liga Lombarda con la que Umberto Bossi intentó la secesión del norte) y Hermanos de Italia, entre cuyos ancestros está el fascismo. Por otro lado, propuso como primer ministro al presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani. Lo que nadie había calculado es que en la coalición derechista el partido más votado no fuera Forza Italia, sino Lega. Debido a esa sorpresa, el dirigente que se fortaleció no fue Berlusconi, sino el extremista Matteo Salvini, aliado de Putin y Marine Le Pen.

De tal modo, de formar gobierno el conglomerado derechista por haber sido la coalición más votada, al cargo de primer ministro lo ocuparía Salvini.

En síntesis, los comicios fortalecieron a dos fuerzas antisistema. Una por ser el partido más votado y la otra por haber superado a Berlusconi dentro de la coalición conservadora. La única esperanza para la UE es que, o bien Luigi Di Maio, de M5E, o bien Salvini, de formar gobierno hagan lo que hizo Alexis Tsipras en Grecia: llegar al poder prometiendo patear el tablero europeo, y después gobernar en línea con la UE.

Share