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Ecuador: la Justicia ordenó la prisión preventiva para el ex presidente Correa

El ex presidente es investigado por el secuestro de un legislador de la oposición, Fernando Balda. En Cada Mañana, el analista internacional y politólogo, Claudio Fantini, explicó el motivo por el cual la Justicia ecuatoriana solicitó su detención.

Marcelo Longobardi: “Subrayamos temprano dos temas internacionales, uno es la transición mexicana que parece muy razonable y el pedido de captura de Rafael Correa. Ayer la Justicia ecuatoriana pidió la captura de Rafael Correa. Cuando vi la noticia pensé que era por Odebrecht. Pero es peor, se lo acusa de ordenar el secuestro de un dirigente opositor”.

Claudio Fantini: “Se lo acusa por el intento de secuestro que ocurrió en Colombia. La Justicia ecuatoriana se está basando en un fallo de la justicia de Colombia. En Colombia en 2012 se encontraba Fernando Balda, que había sido un dirigente correista desde la primera hora. Luego se convirtió en opositor porque señalaba hechos de corrupción y terminó pasándose a Sociedad Patriótica, una de las fuerzas opositoras más enconadas a Correa”.

“En un momento se va de Ecuador a Colombia casi escapándose de las presiones de Correa, y en 2012 ocurre un hecho muy confuso y muy turbio, hay un intento de secuestro. Cinco tipos lo arrastran en la calle hasta un automóvil y se lo llevan. Un grupo de taxistas ven el hecho, algunos lo salen a perseguir, otros hacen la denuncia a la policía”.

“Ante el asedio policial lo soltaron a Fernando Balda. Balda consideró que esto fue un intento de secuestro”.

“El presidente Santos de Colombia terminó extraditándolo a Ecuador”.

“En Colombia la Justicia llegó a determinar que ese hecho había sido ocasionado por tres agentes de la inteligencia ecuatoriana que había pagado a los maleantes para que secuestren a Fernando Balda. Estos tres agentes del aparato de inteligencia de Ecuador fueron detenidos y dijeron responder a órdenes de su jefe, el jefe de inteligencia de Correa”.

“La Justicia ecuatoriana en aquel momento no movió un dedo, pero desde que está Lenín Moreno, según Correa Lenín Moreno empuja a la Justicia”.

“La prisión preventiva se dictó porque Rafael Correa faltó a la cautelar”.

“Como Correa dijo que era una persecución política, no cumplió con las presentaciones mensuales, él vive en Bélgica”.

“Ecuador va a empezar a gestionar la extradición de Correa. Es difícil que Bélgica otorgue la extradición”.

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De presidente poderoso a prófugo

Posiblemente, se trata de un episodio más en la guerra entre el presidente actual y su antecesor. Pero eso no implica, necesariamente, que Rafael Correa sea la víctima inocente de la persecución política que describe.

La prisión preventiva que se dictó contra él deviene de un caso extraño: el presunto intento de secuestro del opositor Fernando Balda, el 2012, en Colombia. No obstante, lo significativo es que sobre aquel hecho, no fue la Justicia ecuatoriana, por entonces sumisa a Correa, sino la Justicia de Colombia la que llegó a la conclusión de que los cinco maleantes que se llevaron por la fuerza a Balda y lo liberaron cuando la policía (alertada por un grupo de taxistas) los alcanzó, habían recibido dinero de tres agentes de inteligencia de Ecuador.

Esos agentes respondían al jefe máximo del espionaje ecuatoriano, Pablo Ramos, reiteradamente cuestionado por usar el aparato de inteligencia para espiar a opositores y a críticos del gobierno. De tal modo, no resulta descabellado pensar que Correa pudo haber ordenado el secuestro del exdirigente de Alianza País que saltó a la oposición y, desde las filas del partido Sociedad Patriótica, hizo fuertes denuncias de corrupción.

Tampoco es descabellado sospechar que el presidente Lenin Moreno mueva hilos para que la Justicia avance contra Correa, después de haber sacado de la vicepresidencia al ultracorreísta Jorge Glas, encarcelándolo por supuesta corrupción durante el gobierno anterior.

Desde que entró al Palacio de Carondelet, quien había sido el manso vicepresidente del volcánico Correa, abandonó el modelo político de su mentor y lo enfrentó con dureza.

Entre otras cosas, lo acusó de haber desguarnecido la frontera con Colombia para facilitar a las FARC el tráfico de cocaína y tener guaridas en Ecuador. De hecho, en el 2008, cuando dos aviones Supertucano atacaron y mataron al comandante Raúl Reyes, el campamento bombardeado estaba en territorio ecuatoriano. Por eso aún opera en esa zona el remanente de las FARC que asesinó a periodistas del diario quiteño El Comercio.

Por haber sido el ministro de Defensa que diseñó la Operación Fénix, Juan Manuel Santos concedió la extradición de Balda, buscando conciliar con Correa. Pero la investigación que ordenó la Justicia colombiana siguió su curso y fue la que derivó en la orden de prisión contra Correa.

Seguramente, el expresidente no será encarcelado porque Ecuador no tiene convenio de extradición con Bélgica y quizá precisamente por eso (y no por su esposa belga) es que eligió Bruselas para radicarse tras dejar el poder. De todos modos, las alertas rojas de Interpol obligarán a Rafael Correa a permanecer en Bélgica. Y el solo hecho de que no vuelva a Ecuador es bueno para Lenin Moreno.

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Las fichas de Putin en el G-7

Trump volvió a dejar a la vista su funcionalidad a los designios de Vladimir Putin.

Cuestiona y debilita a la OTAN, aísla a Estados Unidos sacándolo de acuerdos trascendentes como el de París sobre cambio climático, abortando la proyección comercial norteamericana hacia el área de influencia china en el Pacífico, destrozando el Nafta y declarando la guerra comercial a los aliados tradicionales de Washington.

Esa última acción dominó la cumbre del G-7 en Canadá, de la que Trump se retiró antes del final para eludir las críticas que se disponían a hacerle Trudeau y Macron. Pero antes de dar el portazo, tuvo otro de esos gestos que lo muestran como una ficha del jefe del Kremlin en el tablero geopolítico: reclamó que Rusia vuelva a sentarse en esa mesa de grandes potencias, de la que fue expulsada por la anexión de Crimea.

El Grupo de los 7 fue impulsado por el canciller alemán Helmut Schmidt y el presidente francés Giscard DEstaing durante la crisis mundial de comienzos de la década del 70. Y Estados Unidos siempre valoró la importancia del grupo que nació con cinco miembros, sumando luego a Italia y Canadá.

Tras la desaparición de la Unión Soviética, el G-7 pasó a ser G-8 por la incorporación de Rusia. Pero la suspendieron por apropiarse de la Península del Mar Negro y armar a los separatistas del Este de Ucrania. Volver a esa mesa de potencias sin haber hecho concesiones sobre la cuestión ucraniana, es un objetivo prioritario de Putin. A favor de ese objetivo actuó Trump, al pedir que el G-7 reincorpore a Rusia, volviendo a ser el G-8.

Al aporte del presidente norteamericano, se sumó el nuevo gobierno de Italia, que debutó en el G-7 reclamando que se levanten todas las sanciones que rigen sobre Rusia. Y no fue una sorpresa para nadie. La coalición entre la extrema derecha y el antisistema ha dejado ver desde el comienzo su decisión de convertir a Moscú en aliado estratégico de Roma.

En la primera propuesta de gobierno que la Liga y el Movimiento 5 Estrellas elevaron al presidente Mattarella, proponían como ministro de Economía a Paolo Savona, un partidario de romper con Bruselas, abandonar el euro y desenterrar la lira.

El poderoso ministro del Interior Matteo Salvini lleva años proclamando su admiración por Putin, además de apoyar el Brexit y resaltar la afinidad de su partido con el Frente Nacional francés, adherente también al líder ruso.

Meses atrás, mientras repetía como eslogan de campaña que “Italia debe dejar de ser una colonia alemana”, Salvini agregó a su lista de ídolos a Donald Trump. Y en esta cumbre del G-7 en Canadá, ambos hicieron su aporte al mentor y referente que tienen en el Kremlin.

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El PSOE en su laberinto

Rajoy no podía seguir porque el fallo de la justicia en la “Trama Gürtel” había sentenciado su gobierno a la debilidad.

Esa suerte de versión española del caso Odebrecht estuvo acompañada por otros escándalos, como el que poco antes había precipitado la caída de la presidenta de la comunidad madrileña Cristina Cifuentes, por la falsificación de un título de posgrado y la aparición de un video que la mostraba robando cosméticos en un negocio.

El fallo judicial sobre la Trama Gürtel fue el tiro de gracia. Por primera vez una fuerza política, el Partido Popular, fue declarado responsable de una mega operación de corrupción. El presidente conservador actuaba como si no hubiese pasado nada y esa negación de la realidad fue el síntoma de una patología seria.

Su éxito en la recuperación económica lo hacía creer invulnerable. Pero el fallo expuso su talón de Aquiles y Pedro Sánchez disparó con puntería.
La perseverancia es una característica del nuevo jefe de Gobierno. Ese rasgo le permitió, primero, vencer la resistencia de la cúpula socialista para poder convertirse en el secretario general del PSOE.

Y, a renglón seguido, salir del coma político en el que había caído tras llevar al viejo partido de los socialdemócratas hacia el peor resultado electoral de su historia.

Cuando vio el flanco débil de Rajoy, el cadáver político resucitó y se lanzó a la batalla hasta abatirlo, en lo que constituye la primera moción de censura que prospera y destituye un gobernante español. Pero si Sánchez ganó la titánica pulseada, fue también por otro de sus rasgos: la temeridad.

Para la ofensiva final, tejió alianzas que sólo parecen servir para derribar un gobierno derechista; mientras que, para sostener un gobierno que llegó sin haber ganado una elección, dan la impresión de ser inviables. El propio Sánchez pareció advertirlo durante el debate previo a la votación. Si pidió siete veces a Rajoy que dimitiera, probablemente fue por entender que con semejantes aliados no podría gobernar.

Si Rajoy dimitía, se disolvía la cámara y había elecciones anticipadas. En cambio, destituido por una moción de censura, queda un gobierno liderado por Sánchez que debe completar el actual periodo legislativo.

¿Es posible gobernar con los presupuestos elaborados por el gobierno conservador destituido, teniendo como socio principal al partido anti-sistema y pro-chavista Podemos?

Podrá Pedro Sánchez mantener el férreo compromiso de su partido con la unidad de España, si lo sostiene una coalición en la que hay partidos separatistas vascos y catalanes?

Entre los votos que lo hicieron presidente están los de Euskal Herria Bildu, un remanente de Herri Batasuna, que fue brazo político de ETA. También lo ayudaron a encumbrarse el PdeCat y Esquerra Republicana, las principales fuerzas del separatismo antimonárquico que se mantiene desafiante en Cataluña.

En síntesis, la barca que el temerario líder socialista armó para hundir a Rajoy y desembarcar en el poder, es tan precaria que parece navegar hacia el naufragio.

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La gran simulación de otra “Guerra Fría”

Lo que intenta ocultar la crisis diplomática entre Rusia y las potencias de Occidente.

Extraña paradoja: la crisis es real y, al mismo tiempo, una gran simulación. La cantidad de diplomáticos expulsados de uno y otro lado, sumado a la cantidad de países involucrados, confiere una magnitud descomunal a la tensión entre Rusia y las potencias de Occidente. Sin embargo, la crisis tiene pliegues que revelan sugestivas sobreactuaciones.

La reacción de Estados Unidos es sobreactuada. No parece razonable que haya expulsado el doble de funcionarios rusos de los que expulsó Gran Bretaña, el país donde ocurrió el hecho que detonó la crisis: el envenenamiento de Serguey Skripal.

Por otro lado, si de verdad se quiere golpear al gobierno ruso porque se lo considera autor de un crimen gravísimo, las sanciones serían económicas, o se aplicarían boicots que duelan verdaderamente. Como en 1980, cuando Washington impulsó el boicot a los Juegos Olímpicos que se disputaban en la URSS como castigo por la invasión soviética de Afganistán. O en el 2014, cuando el Consejo Europeo impuso duras sanciones económicas por la anexión de Crimea. Al lado de ese tipo de acciones, las sanciones diplomáticas son castigos tenues, porque se pueden revertir velozmente sin que dejen daños como los que provocan las sanciones económicas.

Si las potencias occidentales de verdad quisieran golpear duro al gobierno ruso por ser un criminal serial, entonces tendrían la pelota picando en la puerta del arco. Y esta imagen es más real que metafórica, debido al mundial de fútbol con que Putin se apresta a colocar su país en el escenario donde convergerá la mirada global. Gran Bretaña no ha sido convincente en su denuncia de que a Skripal lo envenenaron por orden de Putin. El informe de seis páginas en el que fundamenta tal certeza, no tiene pruebas sólidas. Leer más

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Saltando en la cornisa

Aplicando la disyuntiva de Max Weber, los magistrados podían actuar desde la “ética de la convicción” o desde la “ética de la responsabilidad”.

En el primer caso, apegados al Derecho, le correspondía decidir, sin que importen las consecuencias sociales y políticas, entre el principio constitucional de la libertad hasta que se hayan agotado todos los recursos que presente el condenado, y el fallo según el cual corresponde la prisión sin dilaciones después de una condena en segunda instancia.

En el caso de decidir desde la “ética de la responsabilidad”, correspondía dar lugar al pedido de habeas corpus presentado por Lula. Esa opción no implicaba impunidad (la cantidad de causas y el peso de algunos fallos muestran la prisión como un destino inexorable), sino simplemente un respiro más en una situación política asfixiante.

El nivel de tensión es tan alto, que por momentos Brasil parece caminar al borde de una guerra civil. Colaboran a ese clima explosivo la popularidad del expresidente y la situación del presidente actual.

La atmósfera no estaría tan cargada si Michel Temer hubiese sido destituido de la presidencia y sentado en el banquillo de los acusados, como ha intentado hacerlo dos veces, sin éxito, la Justicia del Brasil.

Que Temer siga en el cargo no se debe a inacción judicial, sino al blindaje legislativo con que lo sostiene una mayoría de legisladores entre los que abunda el temor a ser juzgados en el marco del Lava Jato.

Si en lugar de permanecer en un cargo que parece ocupar a modo de guarida, Temer estuviera destituido como Dilma Rousseff y ante los jueces que investigan corrupción, como Lula, entonces el clima social y político de Brasil no sería tan agobiante. Y agravando el momento, el alto mando militar emitió pronunciamientos que recuerdan la antesala del golpe de 1964.

El tuit del jefe del ejército, general Villas Boas, diciendo que los militares comparten el “repudio a la impunidad” es, en el mejor de los casos, irresponsable, y en el peor, golpista.

Sacude la institucionalidad que el jefe del ejército se pronuncie de un modo institucionalmente desubicado. También que varios generales se hagan eco con pronunciamientos aún más oscuros. El momento no podía ser peor para el despiste de los militares.

Con manifestantes a favor y en contra de Lula, con un clima social enrarecido, con un presidente sospechado y protegido por una legislatura desprestigiada, no parecen darse las condiciones para que sea encarcelado un expresidente aún muy popular, en la antesala de unos comicios que lo tienen como favorito en las encuestas.

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El poder de Xi Jinping

Un astuto jugador que mueve osadamente sus piezas en el tablero geoestratégico, o un aventurero cuya temeridad lo llevó a una encrucijada en la que debió capitular?

La pregunta recorre un mundo perplejo ante los desconcertantes gestos del líder norcoreano. Su sorpresivo viaje a China y la evaluación positiva que Xi Jinping transmitió a Trump al respecto, parece confirmar que Kim Jong-un está dispuesto a desmantelar el arsenal nuclear que estuvo construyendo y ostentando hasta hace poco.

El hombre que desafió al mundo con ensayos nucleares subterráneos y con pruebas de misiles, pasó en un santiamén a gestos conciliadores inéditos hacia Corea del Sur y a ofrecer la desnuclearización de su hermético Estado.

El viaje a China, la potencia que por primera vez aplicó sanciones económicas asfixiantes contra el régimen al que siempre protegió para tener un Estado tapón en la península coreana, es muy revelador. Beijing pasó de la desconfianza a la indignación total con el líder norcoreano, cuando este hizo asesinar a su hermano, Kim Jong-nam, en el aeropuerto de Kuala Lumpur. Por la forma en que fue ejecutado (en un hall plagado de cámaras), el crimen pareció un mensaje y el destinatario tenía que ser China, porque protegía al hermano exiliado y, probablemente, lo preparaba para reemplazarlo en el liderazgo.

Que la visita de Kim a China se haya mantenido en secreto hasta el final es una buena señal, porque implica que, si el resultado no hubiera sido alentador, el gobierno chino no la habría revelado. Lo que falta saber es si se trata de una atribulada marcha atrás de Kim, o de un acuerdo secreto para que el régimen peninsular se someta al dictamen de Beijing sin desistir totalmente de su arsenal nuclear.

La tercera posibilidad es que no sea un paso atrás ni tampoco el fruto de un acuerdo secreto, sino una jugada maquiavélica de Kim para ganar tiempo, desconcertar a todas las potencias y avanzar hacia un nuevo pico de tensiones y amenazas.

Todo puede ser, pero la lógica indica que el fortalecimiento de Xi, al haber logrado la reforma que le da un poder muy superior al de sus antecesores y sin límites de tiempo, convenció a Kim de que carece de otra alternativa que no sea cuadrarse, obediente, ante el presidente chino. Frente a liderazgos limitados como fueron los de Hu Jintao y Jiang Zeming, el tirano se atrevería a desafíos a los que puede no atreverse frente a un poder tan concentrado como el que consiguió Xi a partir del XIX Congreso del Partido Comunista.

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Trump: ¿enojo sobreactuado?

La expulsión masiva de diplomáticos rusos que anunció Washington acerca peligrosamente esta crisis a los niveles del boicot de 1980 por la invasión soviética de Afganistán. Si se suman las sanciones diplomáticas de Canadá y muchos países europeos, se ve una postal similar a la de la crisis por la anexión de Crimea. Lo curioso es que Estados Unidos está siendo más enérgico que la propia Gran Bretaña, el país donde ocurrieron los envenenamientos que desataron el conflicto. La dimensión que ha tomado la reacción norteamericana, podría ser una sobreactuación del presidente, debido a que está sospechado de colusión con Putin en la injerencia fraudulenta rusa que lo ayudó a llegar a la Casa Blanca.

La posible sobreactuación de Trump también podría estar relacionada con la denuncia de una actriz de pornografía, que reclama el derecho a contar su relación con el magnate. Y curiosamente, el caso de la estrella porno también remite a la sombra rusa sobre la última elección presidencial.

Sucede que hay dos hipótesis sobre la razón por la cual el Kremlin habría puesto sus hackers a operar para la victoria de Trump. La primera plantea un presunto acuerdo secreto por el que Trump se comprometía a trabajar para que se levanten las sanciones impuestas por las potencias occidentales a Rusia, debido a la anexión de Crimea. La otra hipótesis también tiene sexo escabroso y un muerto por presunto envenenamiento. El muerto es el exgeneral del KGB Oleg Erovikin, cuyo cadáver apareció en un auto estacionado en Moscú. Muchos dudan que haya fallecido por infarto, como dice la versión oficial, debido a que Erovikin era sospechado por el Kremlin de haber pasado al exespía británico, Christoper Stelee, información comprometedora sobre un viaje de Trump a Rusia.

El informe señala que, antes de lanzarse de lleno en política, Trump visitó Moscú y contrató varias prostitutas para tener sexo grupal en un lujoso hotel.

Los detalles escabrosos de aquella noche habrían sido registrados por agentes de Putin, quien desde entonces dispondría de un instrumento para chantajear nada menos que a un jefe de Estado norteamericano.

Por particular que sea, una aventura sexual en Rusia podría corresponder exclusivamente al plano íntimo, si no afectara la conducción del país. Del mismo modo, el escándalo de la actriz porno carecería de significación política, de no aparecer como posible confirmación de las apetencias sexuales que habría descripto Erovikin, el espía ruso muerto por envenenamiento, según la sospecha que quedó sobrevolando Moscú

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Putin for ever: El detrás del triunfo electoral del líder ruso

El poder invencible del hombre que restauró el orgullo nacionalista eslavo y puso a Rusia de nuevo en el tablero estratégico mundial.

Vladimir Putin es un déspota que, mientras tenga el poder, hará del Estado de Derecho y de la institucionalidad republicana el ropaje que cubre la naturaleza autocrática de su gobierno.

Pero no es un déspota más entre los tantos que han habitado el Kremlin. Con la astucia de un lobo siberiano y la sangre fría de Iván el Terrible, ha reconstruido el orgullo nacionalista ruso y lo ha convertido en su fortaleza inexpugnable.

Primero le curó las heridas que le habían causado los mujaidines afganos. Después lo vengó a sangre fuego de la derrota frente a los independentistas chechenos en la primera guerra del Cáucaso.

Con expansiones territoriales siguió alimentando el nacionalismo ruso. Primero sacando al ejército georgiano de Abjasia y Osetia del Sur, y después devolviendo a Rusia su perla del Mar Negro que Nikkita Jrushev había entregado a Ucrania en la era soviética: la península de Crimea y su estratégico puerto de Sevastopol.

El nacionalismo ruso rescataba el orgullo imperial que había quedado sepultado en los escombros de la URSS y había sido avergonzado por las borracheras y desvaríos de Boris Yeltsin. Con Putin, el pueblo ruso volvía a sentirse protegido por un líder implacable. Ese que respondía con masacres a los atentados y las incursiones terroristas. Leer más

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La ciénaga Fujimori

Debió caer en el juicio político que, de manera arbitraria, le impuso la oposición meses atrás.

Si en esa ocasión, en lugar de canjear los votos para seguir en el poder a cambio del indulto del expresidente Alberto Fujimori, hubiera dejado que el fujimorismo lo destituyera, Pedro Pablo Kuczynski aún tendría posibilidad de sobrevida política en Perú.

Lo que hizo al negociar con el hijo del dictador, es entregar su honra a cambio de nada. Suicidó su imagen por tratar con intratables. Nada es confiable en la familia Fujimori. Por eso fue una pelea entre los hijos del déspota, lo que terminó hundiendo la presidencia de un hombre lúcido, que hizo un aporte significativo para el despegue económico de Perú desde el gobierno de Alejandro Toledo.

En su imagen pública, el caso Odebrecht es una salpicadura al lado de las manchas que le dejó pactar con Kenji Fujimori: primero lo manchó indultar a un condenado por crímenes de lesa humanidad, a cambio de seguir en el poder. Y a renglón seguido, debido a que la rencorosa Keiko, aún estando también salpicada por Odebrecht, se obstinó en destituirlo, a PPK lo manchó el intento de comprar votos con dinero y obra pública.

Keiko mostró las pruebas del negociado entre su propio hermano y el presidente, hundiéndolos a ambos.

La traición es un rasgo familiar. A la campaña que llevó a Fujimori desde el decanato de una Facultad de Agronomía a la presidencia, la había financiado su esposa, Susana Higuchi. Pero a poco de conquistar el poder venciendo en las urnas nada menos que a Vargas Llosa, Fujimori la hizo echar de la residencia presidencial y luego la hizo detener y torturar para silenciar las denuncias que quería hacerle.

De ahí en más, Fujimori encarnó la eficacia sin escrúpulos. Terminó con el caos económico que había dejado el izquierdismo delirante del primer gobierno aprista, pero se cobró ese logro cerrando el Congreso y montando un esquema de sobornos y enriquecimiento ilícito. Derrotó a Sendero Luminoso y apresó a su líder, Abimael Guzmán, pero en una exhibición circense lo mostró enjaulado y con traje a rayas, aprovechando además ese momento para convertir los aparatos de inteligencia del Estado en instrumentos de extorsión a opositores, empresarios y medios de comunicación.

Después liberó los rehenes atrapados por comandos del MRTA en la residencia del embajador japonés, pero se hizo fotografiar como el cazador con su presa junto al cadáver acribillado del comandante guerrillero Néstor Cerpa Cartolini.

En lo único que no fue eficaz el inescrupuloso autócrata, fue en el fraude con que procuró revertir su derrota frente a Alejandro Toledo. Fue tan burda la trampa, que terminó huyendo y renunciando desde Japón.

La cadena perpetua a Fujimori no acabó con la tiniebla en la que deambula errática la política peruana. Fujimori se convirtió en un maleficio que terminó enfrentando a sus dos hijos y derribando a un presidente que, como ministro de Economía y luego como primer ministro, había creado la pista del despegue económico peruano.

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