Archivo de Etiqueta Internacional

El enigma catalán

Los separatista se empecina en mantener el liderazgo de Puigdemont, a pesar de haber chocado “el Proces” y fugarse a Bélgica.

Tal Si el capitán de un barco lo conduce hacia una tempestad y, en plena deriva, en lugar de aferrarse al timón para llevarlo al puerto prometido o de hundirse con su nave en el naufragio, lo que hace es escapar en un bote salvavidas, no habría mucho que discutir: sería juzgado como un cobarde que traiciona su deber y perdería el grado de capitán y el derecho a conducir barcos.

Por eso es difícil entender el debate en el que se hundieron los separatistas catalanes tras la elección de diciembre. Carles Puigdemont se parece al capitán que abandona la nave en medio de la tempestad. Sin embargo, la mayoría parlamentaria se empantanó en una discusión desopilante, por tratar de mantener a Puigdemont en el timón que había dejado girando a la deriva.

Cataluña quedó sin gobierno durante meses, debido a que los partidos que la chocaron contra el artículo 155 de la Constitución española, en lugar de discutir las metas y los instrumentos de la nueva gestión, se enredaron discutiendo cómo salvar a Puigdemont.
Ocurre que la fuerza política del líder fugado, se empecinó en mantenerlo al frente del gobierno. El Partido Democrático, surgido del reciclaje de Convergencia Democrática, la agrupación catalanista creada por Jordi Pujol, hizo que la coalición que lidera, Junts per Catalunya, se empeñara en sostener el poder de Puigdemont.

Atravesando la frontera del absurdo, propuso primero la investidura vía Skype del líder refugiado en Bélgica. Puigdemont aparecería en una pantalla instalada en el Parlament, asumiendo como jefe de la Generalitat. Y a través de esa vía gobernaría.

Como era de esperar, el Tribunal Constitucional rechazó una presidencia ejercida desde Bruselas. Entonces, las huestes separatistas propusieron investirlo como “presidente simbólico” y crear una presidencia efectiva en suelo catalán. Leer más

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Putin y Xi Jinping: más poder en el Este

Los líderes de las potencias de Occidente empiezan el año debilitados. China y Rusia lo hicieron notablemente fortalecidos.

Algunos líderes de las grandes potencias entraron al 2018 fortalecidos y otros, debilitados. Los que más se empoderaron son Xi Jinping y Vladimir Putin, los líderes de China y Rusia, mientras que los países que vieron declinar el poder y la influencia de sus mandatarios son Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos.
Los alemanes terminaron el 2017 y empezaron el año en curso sin gobierno. Merkel volvió a ganar las elecciones, pero el drenaje de votantes que fue hacia la extrema derecha que representa el partido Alternativa para Alemania, la obligó a buscar una coalición que garantice un gobierno estable. Fracasó el intento de gobernar con los ecologistas y los liberales, por lo que debió intentar un nuevo acuerdo de Gran Coalición con los socialdemócratas.

El problema es que el PDS está convencido que su declinación tiene que ver con los gobiernos que compartió con los conservadores de Merkel. Por eso las negociaciones se hicieron más largas y tortuosas que las realizadas en su momento con Gerhard Schröeder y con Sigmar Gabriel. ¿Resultado? la mujer que durante más de una década exhibió el liderazgo más vigoroso de Europa, mostró una debilidad preocupante. Leer más

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Lula, y los riesgos que enfrenta Brasil

Que Lula quede fuera de la contienda electoral de la forma en que está ocurriendo, no es una buena noticia para Brasil y tampoco para Latinoamérica. La histeria de la política de este tiempo, que divide todas las sociedades en bandos que se aborrecen, está empujando al líder de la izquierda del Brasil a un sitio que hace mucho había abandonado: la radicalidad.

Lula no era el Chávez ni el Fidel Castro brasileño. Por eso, la consigna más gritada por la izquierda dura, a fines de los ’90, era “Chávez sí, Lula no”.

Luiz Inacio Lula da Silva era el Felipe González del gigante sudamericano. El socialista andaluz fue quien sacó al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) del marxismo y lo hizo socialdemócrata, convirtiéndolo en la fuerza política que gobernó España y la llevó a la prosperidad y a la integración europea.

Sin Felipe González, la transición democrática española, su ingreso a una Europa que mientras imperó el franquismo la marginaba, y su construcción de prosperidad capitalista, no se hubiesen concretado con tanto éxito. No sólo por el liderazgo y la cintura de estadista que tuvo “Felipillo”, sino porque el gobierno del PSOE le mostró al mundo empresarial que también la izquierda española avalaba el modelo político-económico de la Europa occidental, por lo tanto la vía hacia el modelo europeo estaba garantizada.

Lula fue uno de los invitados extranjeros al congreso en el que el PSOE resolvió abandonar el marxismo y el rechazo a que España entre a la OTAN, entre otras cosas. El entonces joven sindicalista brasileño dijo que ese mismo giro político era el que él pretendía para su partido. Leer más

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Papa Francisco: Influencia en declive

El paso del Sumo Pontífice por Chile corroboró el avance de la secularización y la declinación del poder eclesiástico. Perú, un respiro en la gira.

La última gira pontificia dejó una mácula en la sotana papal de las peregrinaciones mundiales. En Perú tuvo su resarcimiento, pero Chile no recibió a Francisco con los brazos abiertos. En lugar de baños de multitudes, encontró iglesias incendiadas, reclamos, protestas y baños de cuestionamientos. Entre los sinsabores, estuvo la ola de quejas que desde la sociedad se elevó hasta Michelle Bachelet, por haber costeado las dos terceras partes de la visita.

No es común que un jefe de la iglesia católica vea a un presidente anfitrión enfrentado a ese tipo de reclamos. Tampoco es común una misa papal con escasa asistencia de fieles, como la que Francisco ofició en Iquique.

¿Por qué Chile resultó un trance opaco para el pontífice? Quizá la respuesta esté en las estadísticas que demuestran que, junto con Uruguay, Chile figura entre los países más seculares de Latinoamérica. La diferencia es que Uruguay tiene el rasgo de la secularidad desde el origen. En la Banda Oriental, la iglesia nunca ha tenido el peso y la influencia que la caracteriza en el resto del continente. En cambio Chile ha sido un país tradicionalmente católico. La secularización es un fenómeno de las últimas décadas. Leer más

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El Papa y el liberalismo

Se estaba buscando un camino hacia la Patria Grande y de golpe cruzamos hacia un capitalismo liberal inhumano que hace daño a la gente”, dijo el Papa en Perú.

Fue su definición política más contundente. Con esa frase, más que explicar la verdadera situación de Latinoamérica, Francisco explicó algunas de sus actitudes más controversiales. Por caso, el frío saludo a Sebastián Piñera y la negativa a concederle la reunión que reclamó el presidente electo de Chile.

Es inevitable que la referencia al “capitalismo liberal inhumano” sea relacionada con la parquedad con que trató a Piñera. También es inevitable relacionarla con la insólita cara de enojado con que recibió a Macri, cuando este lo visitó, así como su demora en viajar a la Argentina y la falta de una explicación al respecto.

Con la alusión a la Patria Grande que “se estaba buscando” hasta que “de golpe cruzamos hacia” la vereda “que hace daño a la gen- te”, Francisco se “confesó” ideológicamente. Aunque solo es así en teoría, porque en la práctica, su proclama exhibe extrañas contradicciones.

Si hace gestos de desprecio a Piñera y Macri por ser ricos empresarios liberales devenidos en presidentes, ¿por qué aceptó la invitación a visitar Paraguay que le hizo el mandatario guaraní, con el que se mostró muy a gusto? ¿Acaso no sabe que Horacio Cartes también es un rico empresario liberal? Leer más

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El perfil mesiánico del papa Francisco

El mundo se pregunta cuál es la marca del Sumo Pontífice, mientras Argentina se debate por qué no viene ni explica su renuencia.

“Que se quieran un poco más”, respondió Pepe Mujica al periodista que le había preguntado qué mensaje le daba a los argentinos, en aquel momento en que se abría “la grieta”. Lo que pudo responder el ex presidente uruguayo, no lo pudo responder el Papa argentino a la periodista chilena que le pidió un mensaje a sus compatriotas cuando sobrevolaba la Argentina, rumbo a Chile.

Mientras el país se pregunta por qué Bergoglio elude venir y también elude explicar su renuencia, en el resto del mundo la pregunta es cuál será la marca que Francisco dejará en la iglesia. ¿Será un auténtico transformador? ¿será un restaurador y protector del dogma y la estructura? ¿o será un líder mesiánico, como tantos religiosos y políticos exudados por la cultura latinoamericana?
Los viajes y los mensajes se suceden y aún no surgen elementos que permitan señalar con certeza cuál es el rasgo de Francisco.

Reforma

El auténtico transformador fue Juan XXIII. Pero la mayor transformación no fue su noble “opción por los pobres”, entre cuyas derivaciones estuvo a la Teología de la Liberación. Después del aristocrático Pio XII y su opacidad frente a los capítulos más trágicos del siglo XX en Europa, resultaba insostenible la iglesia que ponía el 99 por ciento de su energía en el alto clero y en los colegios para las clases acomodadas, dedicando la energía sobrante a las monjas misioneras y a los párrocos rurales y de los barrios más humildes.

La transformación que impulsó Angelo Giuseppe Roncalli emanó de su rasgo personal: la humildad. Fue el primero en actuar como un “humilde obispo de Roma” y no como ese monarca “infalible” que personificaron tantos pontífices desde el Edicto de Constantino, a partir del cual aquella horizontal “iglesia de las comunidades” que sobrevivía a la persecución del Estado, se empezó a verticalizar y a situarse por encima del Estado.

La gran obra de Juan XXIII fue el Concilio Vaticano II, porque se trató de la primer asamblea conciliar verdaderamente abierta a todos los estratos de la iglesia, a todos los rincones del mundo y a todas las vertientes teológicas. La revolución de “Juan el Bueno” no fueron los curas tercermundistas, sino la posibilidad de que el debate teológico sobre el mensaje evangélico comenzara en las bases y tuviera la potencialidad de modificar el dogmay la liturgia.

Herencia

El cardenal Ratzinger fue el brazo restaurador de Juan Pablo II. El papa polaco volvió a verticalizar la iglesia que Roncalli había horizontalizado, dejando atrás la etapa conciliar para volver a una iglesia consistorial. O sea, una estructura en la que la política y el dogma están exclusivamente en manos del pontífice y los príncipes del purpurado que integran el Colegio Cardenalicio.

Pero lo perceptible a simple vista de Karol Wojtila no fue su obra restauradora, sino su descomunal carisma y su decidida embestida contra el totalitarismo comunista. Juan Pablo II, el “Papa peregrino” que aglutinaba multitudes en todas partes del mundo, no revirtió la pérdida de fieles que fue achicando la feligresía católica.

Paradójicamente, las masas siguieron con fervor a ese líder mesiánico, mientras se alejaban de la iglesia que él presidía y a la que creía proteger sustrayéndola del debate político y teológico que Roncalli había llevado hasta las bases, y que Pablo VI había intentado mantener horizontal y abierto, como en la antigua iglesia de los “papas mártires” que se cerró a partir del emperador Constantino.

La lección que dejó la era Wojtila es que un Papa puede ser políticamente influyente e inmensamente popular a escala global, haciendo el monumental esfuerzo que había hecho el apóstol Pablo con sus viajes pastorales, sin que esa influencia y popularidad reviertan la tendencia declinante del catolicismo.

La de Benedicto XVI es una etapa aún a desentrañar. Ocurre que hubo tres Joseph Ratzinger: el joven teólogo de Ratisbona que integró la camada luminosa en la que brillaron su compatriota Michael Schmaus, el austriaco Carl Rahner, el francés Henri de Lubac y el suizo Hans Küng entre otros grandes intelectuales eclesiásticos que asesoraron al Concilio Vaticano II.

El segundo Ratzinger fue el severo jefe del ex Santo Oficio que, a la sombra de WojtilaI, castigó con la imposición del silencio a los teólogos de la liberación por pretender debatir el dogma y la infalibilidad de los Papas. Y el tercer Ratzinger es el Papa que comenzó a embestir contra la pedofilia y, por enfrentar el poder de la curia romana y los negocios de poderosas organizaciones para-eclesiásticas, terminó derrotado pero lanzando contra sus vencedores la renuncia.

Agenda

Francisco no inició, sino que continuó la batalla en la que Benedicto XVI inmoló su pontificado. Es una batalla de gran importancia, pero no lleva a una transformación trascendente. La más trascendente de las transformaciones sería reabrir el debate desde las bases de la iglesia, con posibilidad de discutir el dogma y el sentido del mensaje evangélico.

En la jerarquía de las transformaciones, le seguiría la aceptación del Estado secular y el final de esa superposición de la iglesia para que las leyes y las políticas respondan a sus principios e intereses. Ergo, dejar que sea la sociedad laica, a través del Estado secular, la que decida sobre cuestiones como anticoncepción, interrupción del embarazo, matrimonio igualitario, educación y otras temas de la vida social en la que ha ejercido siempre una poderosa intromisión.

También sería un cambio transformador y necesario abrir un debate sobre el celibato sacerdotal, así como aceptar que las depravaciones sexuales con menores no son un problema accidental ni incidental, sino estructural de una iglesia que impone a sus miembros una vida sexual anormal, mientras maneja instituciones con niños.

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Cataluña en el limbo

La fuga de empresas y la Unión Europea (UE) diciendo que no recibirá con los brazos abiertos una Cataluña independiente, le hicieron ver a Puigdemont que declarar la independencia no es lo mismo que conquistar la independencia. Y cuando estaba por declararla, al entender que aún no la había conquistado, terminó buscando una cuadratura de círculo que desdibujó su liderazgo.

Puigdemont intentó dar marcha atrás por una pendiente empinada, en un vehículo que no tiene reversa. Hace tiempo quemó las naves. O avanza a la secesión, o renuncia al cargo.

En rigor, hay otra alternativa: que actúe como Alexis Tsipras. El líder griego llegó al poder prometiendo salir de la UE si Bruselas insistía en imponer ajustes a Grecia. Incluso hizo un referéndum en el que una abrumadora mayoría apoyó su desplante, pero a renglón seguido hizo exactamente lo contrario a lo prometido y refrendado. Echó al heterodoxo Yanis Varoufaquis y dejó que se fuera el ala radical de Syrisa, para gobernar en sintonía con Berlín y Bruselas.

¿Terminará Puigdemont siendo el Tsipras del independentismo catalán? ¿Terminará Oriol Junqueras siendo el Varoufaquis del giro de Puigdemont?

De momento, todo quedó congelado. El jefe del Govern comprendió que los catalanes no serían recibidos en la UE como lo fueron checos, lituanos, eslovenos, croatas y bosnios, entre otros. Esas naciones venían de totalitarismos que las sojuzgaban.

Cataluña no podría separarse de España como lo hicieron checos y eslovacos: con la misma suavidad de su “Revolución de Terciopelo”. Por eso terminó apostando a la fórmula que usó Eslovenia para iniciar su salida de Yugoslavia: en 1990 hizo un referéndum que aprobó la independencia, la proclamó y suspendió sus efectos para negociar con Belgrado. No hubo negociación sino la guerra con que Slobodan Milosevic intentó retenerla. Pero ganó Eslovenia y Europa la reconoció y la ayudó, porque era evidente la artificialidad del Estado creado por el mariscal Tito y la hegemonía de Serbia en la supuesta federación.

España no es comparable a Yugoslavia y las torpezas de Rajoy no lo asemejan al sanguinario Slobodan Milosevic.

La pregunta es si Madrid sabrá aprovechar la crisis del liderazgo independentista, o cometerá torpezas como la represión a votantes el 1° de octubre.

Si mueve bien sus piezas, Madrid podría convertir el jaque que la economía le hizo a Puigdemont, en jaque mate al plan independentista.

 

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El tropezón que puede ser caída

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