Silencios que aturden


La defensa de la instituciona­lidad venezolana de la que ­hablaron la Presidenta y su canciller, ¿no incluye la división de poderes y los artículos de la Constitución Bolivariana que garantizan libertad de prensa y expresión?

En el mismo puñado de días, aparecieron dos cartas sobre Venezuela que tienen que 
ver con Argentina. Las dos de­nuncian los respaldos al gobierno de Nicolás Maduro, pero reflejan una abismal diferencia entre sus respectivos autores.

Javier Ceriani, periodista ar­gentino radicado en Miami, conductor de televisión y columnista en The Huffington Post, le escribe a Diego Maradona aborreciendo el apoyo que hizo público al gobierno venezolano.

Siendo tan fácil cuestionar razonablemente el respaldo que dio el 10 a Maduro a renglón seguido de firmar un contrato millonario para comentar el Mundial de Brasil para Telesur, lo que hace el periodista es descargar una catarata de insultos horribles, que lo descalifican más a él que a Maradona. Es tanta la saña, que la carta muestra más los retorcimientos del autor que los desacreditados y turbios desvaríos políticos del futbolista.

Su contracara es la carta de la prima venezolana de Jorge Drexler, difundida por el cantautor uruguayo vía Twitter. Tiene la transpa­rencia de la sencillez, la fuerza de la honestidad y la lucidez del sentido común.

Esta hija de un exiliado de la dictadura militar uruguaya deja claro que, inicialmente, se opuso a las marchas porque hablaban de tumbar al gobierno, y también plantea su desconfianza hacia el opositor Leopoldo López. Luego describe lo que vio con sus propios ojos: estudiantes torturados en la cárcel donde los encerraron por protestar, en Táchira; “censura total” en los medios y el accionar criminal de grupos armados a los que financia el Estado y protege la policía, “disparando y matando” desde las motos con que atacan las protestas.

Lo más significativo es su crítica a los gobiernos y las izquierdas que guardan silencio o, como en el caso argentino, respaldan de forma abierta al represor, dejando en soledad al reprimido.

Quien avala esta carta, tras haber apoyado la dura crítica del panameño Rubén Blades al chavismo, no es un oligarca derechista sino un talentoso creador de canciones que revelan sensibilidad y compromiso con lo humano.

En esas líneas, su prima le pide 
al “intelectual de izquierda que levante la vista de la enésima edición de Las venas abiertas de América latina y mire a su alrededor… descubra que los muchachos de la Sierra Maestra envejecieron y ahora no dejan a sus nietos gobernar, ni escribir un periódico nuevo, ni salir del país, ni fundar un partido… Y que si en Venezuela no hay pan ni medicinas ni leche, no es porque Obama esté conspirando contra nosotros, que somos perfectamente capaces de hundir económicamente el país sin ayuda de ninguna transnacional imperialista”.

La prima de Drexler termina la carta mostrando escepticismo hacia quienes, identificándose como progresistas y sensibles defensores de los derechos humanos, dan la espalda a estudiantes y dirigentes que padecen represión y cárcel por protestar contra un gobierno inepto y autoritario: “No les voy a explicar a los izquierdistas nostálgicos lo que pasa… ni me voy a sentar a discutir con ellos cosas tan elementales como la libertad de expresión… está a la vista, mírenla, mírennos… habrá otros que entiendan y esos no nos dejarán solos”.

Sin explicar

El Gobierno argentino –que creó el término “criminalizar la protesta” para explicar su repudio a la represión– tendría que decir 
por qué avala que, para justificar una represión a sangre y fuego, ­Maduro criminalice como “fas­cistas” que perpetran “un golpe 
de Estado” a estudiantes y demás cientos de miles de venezolanos que protestan.

La defensa de la institucionalidad venezolana de la que hablaron la Presidenta y su canciller, ¿no incluye la división de poderes y los artículos de la Constitución Bolivariana que garantizan libertad de prensa y expresión?

¿Cree realmente el Gobierno argentino que la crisis es por “el golpe que impulsa Barack Obama” y la “guerra económica de la burguesía nazi y parasitaria”?

Dado que las manifestaciones comenzaron con protestas universitarias en Táchira contra la inseguridad, ¿son también Obama y la oposición los que organizan la delincuencia criminal que año tras año deja miles de víctimas?

De paso, el Gobierno podría explicar cuándo mintió o cometió un error garrafal Axel Kicillof sobre la estatización de YPF: ¿al afirmar que era Repsol la que tenía que pagar a la Argentina o ahora cuando acepta pagar a la empresa española cinco mil millones de dólares?

Está claro que, o bien ayer al estatizar o bien hoy al pagar, el ministro de Economía dijo una mentira descomunal o cometió un error catastrófico. Si no le cuesta el cargo, es porque Cristina lleva tiempo prometiendo no devaluar y devaluando, y repudiando los ajustes y ajustando.

También personalidades y or­ganizaciones que apoyan al kirchnerismo debieran preguntar sobre la “criminalización de la protesta” en Venezuela y sobre la recurrencia del Gobierno en decir “A” y hacer “B” sin explicar por qué. Y debieran explicar la lógica de que el Estado haga y pague con fondos públicos una propaganda que equipara a Néstor Kirchner con José de San Martín.

¿De verdad no les resulta descabellado? ¿No les suena más a delirante propaganda de régimen que a razonable publicidad en democracia? El silencio aturde cuando pa­rece que alcanza con proclamarse progresista y humanista, además de militante del “gobierno nacional y popular”.

Ese silencio da la razón a la prima venezolana de Drexler, cuando en su carta cuestiona a los “intelectuales de la así llamada izquierda latinoamericana, para quienes discurso y denominación lo es todo”.

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