¿Pudo haber fraude en favor de Trump?

Hillary obtuvo más votos, pero en el Colegio Electoral ganó Trump | Foto: archivo Turello.com.ar

La elección presidencial norteamericana puede seguir provocando sorpresas sísmicas. Mientras el mundo está recalculando en los tableros comerciales y geoestratégicos, el recuento de votos muestra que la diferencia de Hillary Clinton sobre Trump es de más de dos millones de votos directos. Ergo, ganó la candidata demócrata, pero fue derrotada en el Colegio Electoral

Estados Unidos tiene un sistema electoral indirecto: el presidente se elige a través de un Colegio Electoral, para el cual  el que gana en cada distrito (aunque sea por un voto) se lleva todos los electores de cada Estado. Sólo en Nebraska y Maine existe cierta proporcionalidad.

Desde el siglo XIX, este esquema mostró que en situaciones de paridad, el sistema naufraga y puede dar la presidencia al que sacó menos votos. Ocurrió en 1824, cuando John Quincy Adams se quedó con la presidencia, aunque había obtenido menos votos directos que Andrew Jackson. Volvió a ocurrir en 1876, esta vez favoreciendo a Ruterford Hayes y perjudicando a Samuel Tilden. Y sólo 12 años más tarde, Benjamin Harrison le arrebató la presidencia a Cleveland con menos votos de los ciudadanos.

La historia se repitió en la elección que convirtió a Bush (hijo) en presidente, porque, turbiamente, un tribunal anuló en bloque miles de votos observados, dejando el Colegio Electoral de Florida en manos republicanas. El demócrata Al Gore había sacado medio millón más de votos en la elección general.

Ahora, Hillary Clinton obtuvo una diferencia de por los menos dos millones, pero vuelve a naufragar la premisa democrática “un ciudadano, un voto”, en el marco de un sistema electoral anacrónico. Pero a eso se agrega una sombra aún más oscura: un grupo de activistas, académicos y expertos denuncia que el sistema de voto electrónico pudo ser hackeado en Wisconsin, Michigan y Pensilvania para dar vuelta los resultados, dejando los colegios electorales a favor de Trump.

Quizá eso explique por qué Trump, que había prometido investigar a Hillary y había lapidado a Bill Clinton, tras ganar el Colegio Electoral dijo:“Los Clinton son buena gente”, y anunció que no los denunciará.

Los demócratas, que por no desestabilizar el sistema aceptaron la derrota de Al Gore sabiendo que fue producto de una decisión muy oscura del tribunal de Florida, ahora podrían renunciar a una investigación que incluya un recuento de los votos en los tres estados mencionados.

Trump tiene instrumentos para presionar a los Clinton con el objetivo de que no reclamen un recuento y una investigación. Pero tendría mucho sentido hacerlo, porque, de por sí, con dos millones menos de votos que la candidata vencida, la administración Trump nacería sospechada y débil.

Así nació la administración de George W. Bush, quien, para que la Nación cerrara filas, usó el 11-S para lanzar su “guerra contra el terrorismo”.

Los hackers de la ex KGB ya habían actuado contra Hillary, difundiendo sus mails y otras cuestiones internas del Partido Demócrata. Si bien está claro el respaldo de Vladimir Putin a Trump, no suena descabellado que los hackers rusos que actuaron durante la campaña electoral, hayan operado también el día de la elección.

Tampoco hay que descartar al ciberespionaje chino, que ya había actuado en los terrenos empresarial y militar de los Estados Unidos. China es uno de los grandes favorecidos con un triunfo del magnate, porque al retirar a Estados Unidos del Tratado Transpacífico de libre comercio desarticular el cerco económico que Barack Obama había diseñado para competirle a China en el propio escenario asiático.

Además, debilitando su alianza económica y militar con Europa, Rusia y China se benefician con la reformulación del mundo que se produce con la llegada al poder de Trump. Por eso tienen sentido las sospechas de que pudo existir fraude cibernético.

Fuente: www.turello.com.ar

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