Papa Francisco: Influencia en declive

El paso del Sumo Pontífice por Chile corroboró el avance de la secularización y la declinación del poder eclesiástico. Perú, un respiro en la gira.

La última gira pontificia dejó una mácula en la sotana papal de las peregrinaciones mundiales. En Perú tuvo su resarcimiento, pero Chile no recibió a Francisco con los brazos abiertos. En lugar de baños de multitudes, encontró iglesias incendiadas, reclamos, protestas y baños de cuestionamientos. Entre los sinsabores, estuvo la ola de quejas que desde la sociedad se elevó hasta Michelle Bachelet, por haber costeado las dos terceras partes de la visita.

No es común que un jefe de la iglesia católica vea a un presidente anfitrión enfrentado a ese tipo de reclamos. Tampoco es común una misa papal con escasa asistencia de fieles, como la que Francisco ofició en Iquique.

¿Por qué Chile resultó un trance opaco para el pontífice? Quizá la respuesta esté en las estadísticas que demuestran que, junto con Uruguay, Chile figura entre los países más seculares de Latinoamérica. La diferencia es que Uruguay tiene el rasgo de la secularidad desde el origen. En la Banda Oriental, la iglesia nunca ha tenido el peso y la influencia que la caracteriza en el resto del continente. En cambio Chile ha sido un país tradicionalmente católico. La secularización es un fenómeno de las últimas décadas. Leer más

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El Papa y el liberalismo

Se estaba buscando un camino hacia la Patria Grande y de golpe cruzamos hacia un capitalismo liberal inhumano que hace daño a la gente”, dijo el Papa en Perú.

Fue su definición política más contundente. Con esa frase, más que explicar la verdadera situación de Latinoamérica, Francisco explicó algunas de sus actitudes más controversiales. Por caso, el frío saludo a Sebastián Piñera y la negativa a concederle la reunión que reclamó el presidente electo de Chile.

Es inevitable que la referencia al “capitalismo liberal inhumano” sea relacionada con la parquedad con que trató a Piñera. También es inevitable relacionarla con la insólita cara de enojado con que recibió a Macri, cuando este lo visitó, así como su demora en viajar a la Argentina y la falta de una explicación al respecto.

Con la alusión a la Patria Grande que “se estaba buscando” hasta que “de golpe cruzamos hacia” la vereda “que hace daño a la gen- te”, Francisco se “confesó” ideológicamente. Aunque solo es así en teoría, porque en la práctica, su proclama exhibe extrañas contradicciones.

Si hace gestos de desprecio a Piñera y Macri por ser ricos empresarios liberales devenidos en presidentes, ¿por qué aceptó la invitación a visitar Paraguay que le hizo el mandatario guaraní, con el que se mostró muy a gusto? ¿Acaso no sabe que Horacio Cartes también es un rico empresario liberal? Leer más

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El perfil mesiánico del papa Francisco

El mundo se pregunta cuál es la marca del Sumo Pontífice, mientras Argentina se debate por qué no viene ni explica su renuencia.

“Que se quieran un poco más”, respondió Pepe Mujica al periodista que le había preguntado qué mensaje le daba a los argentinos, en aquel momento en que se abría “la grieta”. Lo que pudo responder el ex presidente uruguayo, no lo pudo responder el Papa argentino a la periodista chilena que le pidió un mensaje a sus compatriotas cuando sobrevolaba la Argentina, rumbo a Chile.

Mientras el país se pregunta por qué Bergoglio elude venir y también elude explicar su renuencia, en el resto del mundo la pregunta es cuál será la marca que Francisco dejará en la iglesia. ¿Será un auténtico transformador? ¿será un restaurador y protector del dogma y la estructura? ¿o será un líder mesiánico, como tantos religiosos y políticos exudados por la cultura latinoamericana?
Los viajes y los mensajes se suceden y aún no surgen elementos que permitan señalar con certeza cuál es el rasgo de Francisco.

Reforma

El auténtico transformador fue Juan XXIII. Pero la mayor transformación no fue su noble “opción por los pobres”, entre cuyas derivaciones estuvo a la Teología de la Liberación. Después del aristocrático Pio XII y su opacidad frente a los capítulos más trágicos del siglo XX en Europa, resultaba insostenible la iglesia que ponía el 99 por ciento de su energía en el alto clero y en los colegios para las clases acomodadas, dedicando la energía sobrante a las monjas misioneras y a los párrocos rurales y de los barrios más humildes.

La transformación que impulsó Angelo Giuseppe Roncalli emanó de su rasgo personal: la humildad. Fue el primero en actuar como un “humilde obispo de Roma” y no como ese monarca “infalible” que personificaron tantos pontífices desde el Edicto de Constantino, a partir del cual aquella horizontal “iglesia de las comunidades” que sobrevivía a la persecución del Estado, se empezó a verticalizar y a situarse por encima del Estado.

La gran obra de Juan XXIII fue el Concilio Vaticano II, porque se trató de la primer asamblea conciliar verdaderamente abierta a todos los estratos de la iglesia, a todos los rincones del mundo y a todas las vertientes teológicas. La revolución de “Juan el Bueno” no fueron los curas tercermundistas, sino la posibilidad de que el debate teológico sobre el mensaje evangélico comenzara en las bases y tuviera la potencialidad de modificar el dogmay la liturgia.

Herencia

El cardenal Ratzinger fue el brazo restaurador de Juan Pablo II. El papa polaco volvió a verticalizar la iglesia que Roncalli había horizontalizado, dejando atrás la etapa conciliar para volver a una iglesia consistorial. O sea, una estructura en la que la política y el dogma están exclusivamente en manos del pontífice y los príncipes del purpurado que integran el Colegio Cardenalicio.

Pero lo perceptible a simple vista de Karol Wojtila no fue su obra restauradora, sino su descomunal carisma y su decidida embestida contra el totalitarismo comunista. Juan Pablo II, el “Papa peregrino” que aglutinaba multitudes en todas partes del mundo, no revirtió la pérdida de fieles que fue achicando la feligresía católica.

Paradójicamente, las masas siguieron con fervor a ese líder mesiánico, mientras se alejaban de la iglesia que él presidía y a la que creía proteger sustrayéndola del debate político y teológico que Roncalli había llevado hasta las bases, y que Pablo VI había intentado mantener horizontal y abierto, como en la antigua iglesia de los “papas mártires” que se cerró a partir del emperador Constantino.

La lección que dejó la era Wojtila es que un Papa puede ser políticamente influyente e inmensamente popular a escala global, haciendo el monumental esfuerzo que había hecho el apóstol Pablo con sus viajes pastorales, sin que esa influencia y popularidad reviertan la tendencia declinante del catolicismo.

La de Benedicto XVI es una etapa aún a desentrañar. Ocurre que hubo tres Joseph Ratzinger: el joven teólogo de Ratisbona que integró la camada luminosa en la que brillaron su compatriota Michael Schmaus, el austriaco Carl Rahner, el francés Henri de Lubac y el suizo Hans Küng entre otros grandes intelectuales eclesiásticos que asesoraron al Concilio Vaticano II.

El segundo Ratzinger fue el severo jefe del ex Santo Oficio que, a la sombra de WojtilaI, castigó con la imposición del silencio a los teólogos de la liberación por pretender debatir el dogma y la infalibilidad de los Papas. Y el tercer Ratzinger es el Papa que comenzó a embestir contra la pedofilia y, por enfrentar el poder de la curia romana y los negocios de poderosas organizaciones para-eclesiásticas, terminó derrotado pero lanzando contra sus vencedores la renuncia.

Agenda

Francisco no inició, sino que continuó la batalla en la que Benedicto XVI inmoló su pontificado. Es una batalla de gran importancia, pero no lleva a una transformación trascendente. La más trascendente de las transformaciones sería reabrir el debate desde las bases de la iglesia, con posibilidad de discutir el dogma y el sentido del mensaje evangélico.

En la jerarquía de las transformaciones, le seguiría la aceptación del Estado secular y el final de esa superposición de la iglesia para que las leyes y las políticas respondan a sus principios e intereses. Ergo, dejar que sea la sociedad laica, a través del Estado secular, la que decida sobre cuestiones como anticoncepción, interrupción del embarazo, matrimonio igualitario, educación y otras temas de la vida social en la que ha ejercido siempre una poderosa intromisión.

También sería un cambio transformador y necesario abrir un debate sobre el celibato sacerdotal, así como aceptar que las depravaciones sexuales con menores no son un problema accidental ni incidental, sino estructural de una iglesia que impone a sus miembros una vida sexual anormal, mientras maneja instituciones con niños.

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La imprescindible Corea del Medio

“Corea del medio” es la nueva descalificación vigente en la Argentina. Con una carga de desprecio similar al “agente de Magnetto” que disparaba el kirchnerismo, un naciente ultramacrismo descalifica como “Corea del Medio” a quien, pese a haber sido crítico de los gobiernos kirchneristas y sin comulgar con las posiciones actuales de Cristina, se niega a suscribir todas las versiones gubernamentales sobre los acontecimientos.

A esta altura de las tribulaciones, lamentos y ocasos de un país que insiste en adorar lo imaginario, no debería ser necesario explicar la carga autoritaria de toda descalificación. Pero lo es, porque hay un nuevo fanatismo que dispara a mansalva su desprecio, como hacía el kirchnerismo en su apogeo y como continúa haciéndolo en su etapa crepuscular.

Un duelo verbal televisivo evidenció la intolerancia que busca alinear al periodismo, mediante la falsa disyuntiva de que se apoya en todo al gobierno de Mauricio Macri o se está con el populismo que quiere convertir a la Argentina en Venezuela.Gabriela Michetti intentó hacer con Ernesto Tenembaum lo que había hecho María Eugenia Vidal con Diego Brancatelli. En un programa, cuando Brancatelli lanzó contra la gobernadora bonaerense su característico discurso, que no es periodístico sino partidista, ella reaccionó de manera clara y contundente.

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Periodismo, de la K a la M

La corrupción no es algo que se va junto con el gobierno que batió algún récord en la materia. Las arbitrariedades y delitos cometidos por una administración no disculpan los que pueda cometer la siguiente, aunque sean de menor envergadura.

Jon Lee Anderson describió en Panamá la tendencia a disculpar las corruptelas posteriores al régimen del general Manuel Noriega por el hecho de que su dictadura había sido el summum de la corrupción.

Los negociados que plagaron las gestiones de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Valladares ocurrieron al resguardo de los escándalos que se revelaban día a día, acaparando la atención de la Justicia y la prensa. Esa cortina de impunidad que dio la megacorrupción norieguista a los posteriores gobiernos recién se diluyó durante la presidencia de Ricardo Martinelli.

La diferencia de grado entre la corrupción de un gobierno y la de su sucesor no debe ser cortina ni justificación.
El periodismo suele enfrentarse a dos males: el amarillismo y la cooptación. El primero genera un periodismo buitre de los que se caen, sean gente del poder o sean figuras mediáticas. El segundo mal produce un periodismo partidista, por financiación o por afiliación.

Los aparatos judiciales enviciados suelen actuar en consonancia con esos dos males de la prensa.

Por estos días, en la vereda del periodismo que fue crítico del autoritarismo y la corrupción kirchnerista hay quienes cuestionan la exhibición humillante que magistrados y prensa hacen de detenidos que habían gozado de poder e impunidad, como Amado Boudou. En la misma vereda, hay quienes argumentan a favor de tales exhibiciones.

La diversidad de enfoques también se ve en el trato que dan al gobierno de Mauricio Macri. Están los que critican mucho, los que critican poco y los que no critican nada.

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Cataluña en el limbo

La fuga de empresas y la Unión Europea (UE) diciendo que no recibirá con los brazos abiertos una Cataluña independiente, le hicieron ver a Puigdemont que declarar la independencia no es lo mismo que conquistar la independencia. Y cuando estaba por declararla, al entender que aún no la había conquistado, terminó buscando una cuadratura de círculo que desdibujó su liderazgo.

Puigdemont intentó dar marcha atrás por una pendiente empinada, en un vehículo que no tiene reversa. Hace tiempo quemó las naves. O avanza a la secesión, o renuncia al cargo.

En rigor, hay otra alternativa: que actúe como Alexis Tsipras. El líder griego llegó al poder prometiendo salir de la UE si Bruselas insistía en imponer ajustes a Grecia. Incluso hizo un referéndum en el que una abrumadora mayoría apoyó su desplante, pero a renglón seguido hizo exactamente lo contrario a lo prometido y refrendado. Echó al heterodoxo Yanis Varoufaquis y dejó que se fuera el ala radical de Syrisa, para gobernar en sintonía con Berlín y Bruselas.

¿Terminará Puigdemont siendo el Tsipras del independentismo catalán? ¿Terminará Oriol Junqueras siendo el Varoufaquis del giro de Puigdemont?

De momento, todo quedó congelado. El jefe del Govern comprendió que los catalanes no serían recibidos en la UE como lo fueron checos, lituanos, eslovenos, croatas y bosnios, entre otros. Esas naciones venían de totalitarismos que las sojuzgaban.

Cataluña no podría separarse de España como lo hicieron checos y eslovacos: con la misma suavidad de su “Revolución de Terciopelo”. Por eso terminó apostando a la fórmula que usó Eslovenia para iniciar su salida de Yugoslavia: en 1990 hizo un referéndum que aprobó la independencia, la proclamó y suspendió sus efectos para negociar con Belgrado. No hubo negociación sino la guerra con que Slobodan Milosevic intentó retenerla. Pero ganó Eslovenia y Europa la reconoció y la ayudó, porque era evidente la artificialidad del Estado creado por el mariscal Tito y la hegemonía de Serbia en la supuesta federación.

España no es comparable a Yugoslavia y las torpezas de Rajoy no lo asemejan al sanguinario Slobodan Milosevic.

La pregunta es si Madrid sabrá aprovechar la crisis del liderazgo independentista, o cometerá torpezas como la represión a votantes el 1° de octubre.

Si mueve bien sus piezas, Madrid podría convertir el jaque que la economía le hizo a Puigdemont, en jaque mate al plan independentista.

 

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El suicidado asesinado

Según Cristina Fernández, su gobierno le hizo pisar el palito a Irán, logrando que reconociera su relación con la masacre de la Amia. ¿En qué momento la teocracia persa hizo tal cosa? Para la expresidenta, cuando firmó con Argentina el memorándum de entendimiento sobre el devastador atentado.

Si seguimos este insólito razonamiento, podemos suponer que, de manera astuta, Cristina Fernández y su canciller consiguieron, con la ayuda de Hugo Chávez, Luis D’Elía y Fernando Esteche, lo más cercano a una autoinculpación del régimen iraní. El problema es que sólo ella, Héctor Timerman y el gobierno apreciaron la “genialidad” de la estratagema y su “exitoso” resultado. El resto ni se dio cuenta.

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Cristina, la apuesta macrista de alto riesgo

De alquimias y traiciones. De eso se trata la definición de los candidatos para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). El PRO traicionó a Facundo Manes y Jorge Taiana traicionó a Florencio Randazzo. La apuesta de alto riesgo del macrismo -impulsada por Jaime Durán Barba- contra Cristina Kirchner. Leer más

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Impeachments: Los caídos y los por caer, de Brasil a Estados Unidos

HANDOUT – ARCHIVO – El presidente de Brasil, Michel Temer (centro), durante un encuentro con gobernadores el 13/06/2017 en Brasilia. foto: MARCOS CORREA/PR/dpa

Los juicios políticos que sacaron anteriores presidentes en Estados Unidos y Brasil, obligan a las dirigencias políticas y judiciales de ambos países a sentar a Trump y a Temer en el banquillo de los acusados. La historia se volvería absurda si los dos millonarios que gobiernan en Washington y Brasilia, no fuesen sometidos a la instancia que atravesaron antecesores por razones menos graves que las que ensombrecen sus gestiones.

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Errores del Gobierno, ¿cuándo rebasará el vaso?

Durán Barba, en el recuadro superior izquierdo, con marcada influencia en las decisiones del Gobierno y de la propuesta partidaria | Imagen archivo Turello.com.ar

Es posible que haya miles de subsidios por discapacidad que deban ser invalidados porque responden a formas de clientelismo maquillado o a formas de corrupción encubierta. Pero, al inmenso sector de la sociedad que ve con claridad la dimensión de la corrupción y kirchnerista, le generó estupefacción la negligencia e ineptitud del Gobierno para encarar el tema. Leer más

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