Colonizadores de la historia

Cuando Japón conmemora la devastación nuclear de Hiroshima y Nagasaki, los actos no tienen banderas partidarias.

En Francia, la caída del régimen de Vichy es evocada por todas las fuerzas políticas, y no sólo por los liberales y las izquierdas que estuvieron en la resistencia. Tampoco hay banderas de la CDU apropiándose de las conmemoraciones de la caída del Muro de Berlín, aunque ese partido, mediante el gobierno de Helmut Kohl, tuvo mucho que ver con el fin de la RDA y la reunificación. La recordación es de Alemania, no de un sector político determinado.

En Argentina no ocurre lo mismo con una de sus fechas más cruciales. El último 24 de marzo volvió a mostrar un paisaje decepcionante en una conmemoración que debería concientizar sobre los Derechos Humanos. La clase dirigente volvió a dividirse entre usurpadores y desertores.

Usurpadores son las fuerzas políticas que llevan sus banderas, consignas y discursos para colonizar una evocación que no debe tener más banderas, consignas y discursos que la propia significación de lo evocado y la valoración de los DD.HH. que de ella se desprende.

Colonizar políticamente el aniversario del golpe de Estado que inició una etapa de exterminio, implica una manipulación agravada por la reivindicación que la fuerza usurpadora, el kirchnerismo, hizo de organizaciones armadas que cometieron asesinatos y secuestros en su guerra contra un gobierno de Perón. Fue precisamente la violencia de Montoneros la que allanó el camino a los sanguinarios golpistas.

El solo hecho de llamar “guerrilla” a organizaciones tipo ETA, es una falsificación inaceptable. ¿Cómo se puede reivindicar los DD.HH. y, al mismo tiempo, reivindicar a quienes cometían asesinatos en su lucha contra un gobierno que, bueno o malo, había sido elegido democráticamente? Una aberración delirante que ocurre porque no existe una dirigencia política que defienda la cultura democrática. Esa dirigencia ha desertado del debate que debería impulsar para defender los DD.HH. de la colonización política.

El kirchnerismo usurpa y coloniza porque el radicalismo, el PRO y el resto del peronismo desertan del debate en el que debieran denunciar la manipulación que realizan apologetas de otros crímenes.

Radicalismo, macrismo y peronismo no kirchnerista exhiben un vacío conceptual desolador, al guardar silencio ante la apropiación.

También Mauricio Macri integra la legión de desertores. Cuando se trata de marcas tan oscuras en la historia como la que dejó el 24 de marzo de 1976, un presidente debe tener un mensaje. Pero Macri no lo tiene.

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El poder de Xi Jinping

Un astuto jugador que mueve osadamente sus piezas en el tablero geoestratégico, o un aventurero cuya temeridad lo llevó a una encrucijada en la que debió capitular?

La pregunta recorre un mundo perplejo ante los desconcertantes gestos del líder norcoreano. Su sorpresivo viaje a China y la evaluación positiva que Xi Jinping transmitió a Trump al respecto, parece confirmar que Kim Jong-un está dispuesto a desmantelar el arsenal nuclear que estuvo construyendo y ostentando hasta hace poco.

El hombre que desafió al mundo con ensayos nucleares subterráneos y con pruebas de misiles, pasó en un santiamén a gestos conciliadores inéditos hacia Corea del Sur y a ofrecer la desnuclearización de su hermético Estado.

El viaje a China, la potencia que por primera vez aplicó sanciones económicas asfixiantes contra el régimen al que siempre protegió para tener un Estado tapón en la península coreana, es muy revelador. Beijing pasó de la desconfianza a la indignación total con el líder norcoreano, cuando este hizo asesinar a su hermano, Kim Jong-nam, en el aeropuerto de Kuala Lumpur. Por la forma en que fue ejecutado (en un hall plagado de cámaras), el crimen pareció un mensaje y el destinatario tenía que ser China, porque protegía al hermano exiliado y, probablemente, lo preparaba para reemplazarlo en el liderazgo.

Que la visita de Kim a China se haya mantenido en secreto hasta el final es una buena señal, porque implica que, si el resultado no hubiera sido alentador, el gobierno chino no la habría revelado. Lo que falta saber es si se trata de una atribulada marcha atrás de Kim, o de un acuerdo secreto para que el régimen peninsular se someta al dictamen de Beijing sin desistir totalmente de su arsenal nuclear.

La tercera posibilidad es que no sea un paso atrás ni tampoco el fruto de un acuerdo secreto, sino una jugada maquiavélica de Kim para ganar tiempo, desconcertar a todas las potencias y avanzar hacia un nuevo pico de tensiones y amenazas.

Todo puede ser, pero la lógica indica que el fortalecimiento de Xi, al haber logrado la reforma que le da un poder muy superior al de sus antecesores y sin límites de tiempo, convenció a Kim de que carece de otra alternativa que no sea cuadrarse, obediente, ante el presidente chino. Frente a liderazgos limitados como fueron los de Hu Jintao y Jiang Zeming, el tirano se atrevería a desafíos a los que puede no atreverse frente a un poder tan concentrado como el que consiguió Xi a partir del XIX Congreso del Partido Comunista.

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Maquiavelismo contra privilegios inaceptables

Que colegios donde se educan las clases medias y altas reciban lo que falta en escuelitas rurales es una realidad que debiera incomodar a la iglesia.

El macrismo recurre demasiado al maquiavelismo. Por caso, los trolls que tienden emboscadas en las redes y, peor aún, el silencio oficial ante la difusión pública de conversaciones privadas de Cristina Fernández.

La primera es una práctica importada de Rusia por el chavismo; la segunda tiene matriz totalitaria.

Milan Kundera cuenta, en La insoportable levedad del ser y citando el caso del novelista Jan Prochazka, cómo los aparatos de inteligencia checoslovacos grababan conversaciones de disidentes y las hacían difundir por la radio, porque consideraban que escuchar a disidentes prestigiosos hablar con palabras vulgares y criticar a otros disidentes mancillaba la imagen de esos críticos del comunismo.

El kirchnerismo ostentaba sus tics totalitarios, pero eso no justifica que el macrismo continúe con algunos particularmente deleznables.
Develar informaciones incómo-das, como hizo con los abultados sueldos que obispos y arzobispos reciben del Estado, no es un tic totalitario, pero es maquiavelismo, porque no lo hace para corregir la aberración, sino para devolver los ataques que recibe desde la jerarquía eclesiástica.

Pero si bien la estratagema es turbia, la realidad que revela es inaceptable. Obispos y arzobispos reciben salarios parecidos a los de los jueces por una decisión del ultracatólico y criminal Jorge Rafael Videla, tomada en un tiempo en el que hubo obispos y sacerdotes como Enrique Angelelli y Guillermo Mariani que actuaron con dignidad en medio del silencio institucional que diferenció a la Iglesia argentina de la que, por ejemplo, enfrentó a la dictadura en Chile.

Está bien que el Estado dé dinero a Cáritas, una organización católica de inmensa eficacia y honestidad para convertir esos aportes en ayuda indispensable a los desesperados.

Es razonable canalizar ayuda estatal a través de organizaciones sociales y religiosas transparentes y eficientes. Pero no es razonable pagar sueldos suculentos a jerarcas eclesiásticos.

Otras injusticias

Tampoco es razonable subvencionar a los colegios católicos con más dinero que a los colegios privados laicos. Esa inequidad en la subvención a la educación privada es injusta.

La Iglesia convive sin cargo de conciencia con esa injusticia. Que colegios donde se educan las clases medias y altas reciban lo que falta en escuelitas rurales es una realidad que debiera incomodar a la Iglesia. No es justo ni razonable colocar a los colegios católicos por encima de los privados laicos y de las escuelitas perdidas en los montes.

Si el espíritu reformista de Francisco es real, terminará enfrentando esas inequidades y haciendo que la Iglesia renuncie a todo privilegio injusto. Eso la preservaría en un tiempo de laicismo que, tarde o temprano, exigirá la reforma constitucional para eliminar el artículo 2, que “sostiene el culto católico apostólico romano”, otorgándole de ese modo un estatus jurídico privilegiado respecto de las otras religiones.

Ninguna sociedad laica cuestiona aportes públicos a las monjas que cuidan huérfanos o socorren heridos en zonas de conflicto. Tampoco a los sacerdotes que construyen solidaridad en lugares remotos o en barrios marginales. Pero, a esta altura, la existencia de privilegios para estructuras religiosas que se apoyan en el Estado para aventajar a otras religiones y al laicismo está fuera de lo justo y razonable.

Macrismo “laclausiano”

Jaime Durán Barba está siguiendo puntillosamente a Ernesto Laclau. El teórico del populismo sostiene que en la sociedad se van produciendo demandas irrefrenables y que los gobiernos deben ponerse al frente. Son como olas que los líderes deben conducir, para no ser arrasados por ellas. Siempre avanzan contra viejas injusticias convertidas en statu quo.

Antes que Laclau, lo había apuntado Felipe González. Desde su pragmatismo, el exmandatario español sostiene que no importa si el líder está de acuerdo o no con esas demandas. Debe ponerse al frente y canalizarlas.

Eso debiera hacer el macrismo, en lugar de usarlas en sus duelos sectoriales. También debiera instruir a sus trolls para no igualar lo inigualable en sus ataques.

Que un Papa envíe un rosario bendecido a una persona encarcelada es acorde con la filosofía evangélica.

En cambio, bendecir camisetas para enviar a un sindicalista o a quien sea no tiene que ver con el espíritu evangélico, sino con el fetichismo milenarista.

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Trump: ¿enojo sobreactuado?

La expulsión masiva de diplomáticos rusos que anunció Washington acerca peligrosamente esta crisis a los niveles del boicot de 1980 por la invasión soviética de Afganistán. Si se suman las sanciones diplomáticas de Canadá y muchos países europeos, se ve una postal similar a la de la crisis por la anexión de Crimea. Lo curioso es que Estados Unidos está siendo más enérgico que la propia Gran Bretaña, el país donde ocurrieron los envenenamientos que desataron el conflicto. La dimensión que ha tomado la reacción norteamericana, podría ser una sobreactuación del presidente, debido a que está sospechado de colusión con Putin en la injerencia fraudulenta rusa que lo ayudó a llegar a la Casa Blanca.

La posible sobreactuación de Trump también podría estar relacionada con la denuncia de una actriz de pornografía, que reclama el derecho a contar su relación con el magnate. Y curiosamente, el caso de la estrella porno también remite a la sombra rusa sobre la última elección presidencial.

Sucede que hay dos hipótesis sobre la razón por la cual el Kremlin habría puesto sus hackers a operar para la victoria de Trump. La primera plantea un presunto acuerdo secreto por el que Trump se comprometía a trabajar para que se levanten las sanciones impuestas por las potencias occidentales a Rusia, debido a la anexión de Crimea. La otra hipótesis también tiene sexo escabroso y un muerto por presunto envenenamiento. El muerto es el exgeneral del KGB Oleg Erovikin, cuyo cadáver apareció en un auto estacionado en Moscú. Muchos dudan que haya fallecido por infarto, como dice la versión oficial, debido a que Erovikin era sospechado por el Kremlin de haber pasado al exespía británico, Christoper Stelee, información comprometedora sobre un viaje de Trump a Rusia.

El informe señala que, antes de lanzarse de lleno en política, Trump visitó Moscú y contrató varias prostitutas para tener sexo grupal en un lujoso hotel.

Los detalles escabrosos de aquella noche habrían sido registrados por agentes de Putin, quien desde entonces dispondría de un instrumento para chantajear nada menos que a un jefe de Estado norteamericano.

Por particular que sea, una aventura sexual en Rusia podría corresponder exclusivamente al plano íntimo, si no afectara la conducción del país. Del mismo modo, el escándalo de la actriz porno carecería de significación política, de no aparecer como posible confirmación de las apetencias sexuales que habría descripto Erovikin, el espía ruso muerto por envenenamiento, según la sospecha que quedó sobrevolando Moscú

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Putin for ever: El detrás del triunfo electoral del líder ruso

El poder invencible del hombre que restauró el orgullo nacionalista eslavo y puso a Rusia de nuevo en el tablero estratégico mundial.

Vladimir Putin es un déspota que, mientras tenga el poder, hará del Estado de Derecho y de la institucionalidad republicana el ropaje que cubre la naturaleza autocrática de su gobierno.

Pero no es un déspota más entre los tantos que han habitado el Kremlin. Con la astucia de un lobo siberiano y la sangre fría de Iván el Terrible, ha reconstruido el orgullo nacionalista ruso y lo ha convertido en su fortaleza inexpugnable.

Primero le curó las heridas que le habían causado los mujaidines afganos. Después lo vengó a sangre fuego de la derrota frente a los independentistas chechenos en la primera guerra del Cáucaso.

Con expansiones territoriales siguió alimentando el nacionalismo ruso. Primero sacando al ejército georgiano de Abjasia y Osetia del Sur, y después devolviendo a Rusia su perla del Mar Negro que Nikkita Jrushev había entregado a Ucrania en la era soviética: la península de Crimea y su estratégico puerto de Sevastopol.

El nacionalismo ruso rescataba el orgullo imperial que había quedado sepultado en los escombros de la URSS y había sido avergonzado por las borracheras y desvaríos de Boris Yeltsin. Con Putin, el pueblo ruso volvía a sentirse protegido por un líder implacable. Ese que respondía con masacres a los atentados y las incursiones terroristas. Leer más

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La ciénaga Fujimori

Debió caer en el juicio político que, de manera arbitraria, le impuso la oposición meses atrás.

Si en esa ocasión, en lugar de canjear los votos para seguir en el poder a cambio del indulto del expresidente Alberto Fujimori, hubiera dejado que el fujimorismo lo destituyera, Pedro Pablo Kuczynski aún tendría posibilidad de sobrevida política en Perú.

Lo que hizo al negociar con el hijo del dictador, es entregar su honra a cambio de nada. Suicidó su imagen por tratar con intratables. Nada es confiable en la familia Fujimori. Por eso fue una pelea entre los hijos del déspota, lo que terminó hundiendo la presidencia de un hombre lúcido, que hizo un aporte significativo para el despegue económico de Perú desde el gobierno de Alejandro Toledo.

En su imagen pública, el caso Odebrecht es una salpicadura al lado de las manchas que le dejó pactar con Kenji Fujimori: primero lo manchó indultar a un condenado por crímenes de lesa humanidad, a cambio de seguir en el poder. Y a renglón seguido, debido a que la rencorosa Keiko, aún estando también salpicada por Odebrecht, se obstinó en destituirlo, a PPK lo manchó el intento de comprar votos con dinero y obra pública.

Keiko mostró las pruebas del negociado entre su propio hermano y el presidente, hundiéndolos a ambos.

La traición es un rasgo familiar. A la campaña que llevó a Fujimori desde el decanato de una Facultad de Agronomía a la presidencia, la había financiado su esposa, Susana Higuchi. Pero a poco de conquistar el poder venciendo en las urnas nada menos que a Vargas Llosa, Fujimori la hizo echar de la residencia presidencial y luego la hizo detener y torturar para silenciar las denuncias que quería hacerle.

De ahí en más, Fujimori encarnó la eficacia sin escrúpulos. Terminó con el caos económico que había dejado el izquierdismo delirante del primer gobierno aprista, pero se cobró ese logro cerrando el Congreso y montando un esquema de sobornos y enriquecimiento ilícito. Derrotó a Sendero Luminoso y apresó a su líder, Abimael Guzmán, pero en una exhibición circense lo mostró enjaulado y con traje a rayas, aprovechando además ese momento para convertir los aparatos de inteligencia del Estado en instrumentos de extorsión a opositores, empresarios y medios de comunicación.

Después liberó los rehenes atrapados por comandos del MRTA en la residencia del embajador japonés, pero se hizo fotografiar como el cazador con su presa junto al cadáver acribillado del comandante guerrillero Néstor Cerpa Cartolini.

En lo único que no fue eficaz el inescrupuloso autócrata, fue en el fraude con que procuró revertir su derrota frente a Alejandro Toledo. Fue tan burda la trampa, que terminó huyendo y renunciando desde Japón.

La cadena perpetua a Fujimori no acabó con la tiniebla en la que deambula errática la política peruana. Fujimori se convirtió en un maleficio que terminó enfrentando a sus dos hijos y derribando a un presidente que, como ministro de Economía y luego como primer ministro, había creado la pista del despegue económico peruano.

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“Sarkozy ya había tenido otras denuncias por financiación ilegal, pero era en la campaña del 2012”

“Lo que hay es una confesión de quien habría actuado de intermediario.”

Detención de Sarkozy. “Es por la financiación ilegal de su campaña por haber recibido dinero de Libia.”

“Lo que hay es una confesión de quien habría actuado de intermediario entre el régimen libio encabezado por Kadafi y el ministro del interior del Presidente francés.”

“Esto fue ratificado por el hijo mayor de Kadafi.”

“También lo habría ratificado el jefe de los servicios de inteligencia de Kadafi, quien señaló que hubo una entrega de cinco millones de euros para la campaña de 2007.”

“Todos recuerdan que fue uno de los primeros países que visitó Kadafi cuando había asumido la presidencia Sarkozy.”

“Llevó sus carpas beduinas y las instaló en los jardines eliseos.”

“Berlusconi llegó a ser socio de Kadafi en muchos emprendimientos.”

“Sarkozy ya había tenido otras denuncias por financiación ilegal, pero era en la campaña del 2012.”

Con respecto a las denuncias contra Facebook. “A Facebook le pega de lleno pero como efecto colateral está la Universidad de Cambridge. Fue un profesor de Cambridge quien con fines académicos pidió a Facebook información sobre sus usuarios para hacer un trabajo para la Universidad. A la creación de ese software la financió Cambridge Analytica en la cual figuraban entre sus directivos Steve Bannon y Robert Mercer. Mercer es un millonario norteamericano que aporta siempre a las campañas del Partido Republicano.”

“Trump está marchando sobre el sendero que le trazó Steve Bannon.”

“Bannon fue con Mercer quienes quedaron al frente de Cambridge Analytica y manejaron esos datos para construir modelos psicográficos. Con modelos psicográficos se pueden confeccionar mensajes de propaganda, fakenews.”

“En el 2014 los datos que había pedido aquel académico de Cambridge terminaron usados para la campaña electoral.”

“La acusación que se le hace a Facebook es por qué no avisó a los usuarios.”

“La investigación la encabeza una legisladora demócrata. También está siendo investigado en Gran Bretaña, porque se cree que esos perfiles psicográficos fueron utilizados para influir en el referéndum en favor del Brexit.”

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El dueño del poder

¿Putin sigue gobernando porque es un déspota que gana elecciones amañadas? La respuesta es compleja. Ciertamente, ejerce un liderazgo autocrático que no encaja en los cánones liberales de democracia. También es cierto que los procesos electorales rusos tienen opacidades. Pero si se realizaran comicios con parámetros helvéticos, Putin sería el ganador. Quizá con menor diferencia, pero ganador al fin.

¿Por qué? Porque rescató la economía y el Estado del caos que había dejado Boris Yeltsin. Y porque restauró el orgullo nacionalista que habían herido los mujahidines que vencieron al Ejército Rojo en Afganistán, y después los milicianos del general Dudayev que derrotaron a las fuerzas rusas comandadas por el general Lebed, en la primera guerra del Cáucaso.

Las guerras marcan asensos y caídas en Rusia. El zarismo empezó a caer en 1905, cuando la flota del zar fue derrotada por los japoneses. Y Stalin consolidó el régimen soviético venciendo a Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

También fueron victorias militares las que dieron a Putin un poder imbatible. Con él en el Kremlin, el ejército regresó al Cáucaso y esta vez aplastó al independentismo checheno. Luego expulsó de Osetia y Abjasia al ejército de Georgia.

Si algo faltaba, era devolver a Rusia la Península de Crimea, que Jrushev había traspasado a Ucrania. Lo hizo. Entonces solo quedó restaurar el orgullo eslavo que Estados Unidos había magullado cuando venció a las fuerzas proserbias en Bosnia y al ejército serbio en Kosovo, provocando la caída del régimen de Milosevic. A ese broche de oro lo obtuvo en Siria, donde le dio a Rusia la primer victoria militar lejos de sus fronteras.

Quizá el mayor triunfo de Putin haya ocurrido en las urnas norteamericanas, convirtiendo a Trump en presidente. Pero a eso lo confirmará, o no, la investigación del fiscal Mueller. Lo indudable es que ha sido un líder eficaz y exitoso, y que ese liderazgo autocrático responde a los cánones de la cultura política forjada desde la creación de Estado por Iván el Terrible.

China es protagónica a nivel global por el poder de su economía, mientras que Rusia lo es por su poder militar y por la osadía de su presidente. Ese líder que convirtió el Kremlin en su bastión inexpugnable desde que Yeltsin lo nombró primer ministro, y que podrá perpetuar su poder alternándose en la presidencia con Dmitri Medvédev, como lo hizo tras sus dos primeros mandatos.

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Demagogia globalizada: rebrote europeo de la derecha

Con el aval del ideólogo de Trump, la ultraderecha que quiere desarmar la UE crece a pesar del extravío británico tras el Brexit.

La historia está de nuestro lado”, proclamó a las ultraderechas europeas. Los seguidores de Le Pen lo aclamaron como si fuera De Gaulle llamando a Francia a ponerse de pie frente al nazismo y el régimen de Vichy. El hombre que lanzó esa frase con eco de grandeza histórica, es Steve Bannon. El ideólogo de Donald Trump. Pasó por Europa huérfano del poder que había tenido en la Casa Blanca y que perdió en un santiamén. Pero lo acompañó el aura de haber ayudado a llegar al Despacho Oval a un personaje tan vulgar y grotesco como ajeno al establishment político norteamericano, dotándolo de un programa racista y xenófobo, además de nacionalista y “desglobalizador”. Por eso exhortó a la ultraderecha europea a “llevar como una condecoración” las acusaciones de racismo y xenofobia que les hacen.

Referente. ¿Quién se atreve a reivindicar lo despreciable? El ideólogo de Trump. ¿Por qué? Porque sabe que la desglobalización es una etapa que agrieta a los sistemas imperantes y, por ende, debilita a los establishments y a las dirigencias convencionales. Un tiempo en el que la carta ganadora es la promesa de patear tableros. Las ideas horribles resultan más atractivas que las ideas racionales, porque la racionalidad política no revierte la creciente incertidumbre sobre el futuro que atormenta al hombre actual, ni detiene la creciente desigualdad que produce el proceso de concentración de riqueza que se da a nivel global. La frustración que produce la impotencia política de los partidos tradicionales y las dirigencias convencionales, lleva votos a los extremistas, los demagogos y los impresentables. El anti-sistema, de izquierda en las económicas menos desarrolladas y de ultraderecha en las potencias de Occidente y en Europa Central, es la tentación del momento. No importa cuan impresentables sean sus dirigentes, ni cuan absurdas e intolerantes sean sus propuestas. Cuando la realidad asusta, crece la tentación de prescindir de la realidad.

Rebrote. Eso explica que sigan creciendo las fuerzas políticas euroescépticas, que proponen desenterrar las antiguas monedas nacionales y enterrar la moneda única o, lisa y llanamente, abandonar la Unión Europea como decidió hacerlo Gran Bretaña. Con los británicos deambulando erráticos en el laberinto del Brexit y descubriendo que hay más incertidumbre afuera de la UE que en su interior, lo mismo crece la base electoral de quienes claman por salir del sistema europeo, o al menos de la eurozona. Teresa May choca contra la pared una y otra vez, en su intento de lograr un Brexit sin costo económico para los británicos. Las encuestas insinúan que, de votar de nuevo, se impondría el “remain”. Pero la realidad le dice al Reino Unido que es tarde para arrepentirse y que tendrán que pagar muy caro su salto al vacío.

Con semejante lección a la vista, los italianos votaron masivamente a dos fuerzas adversas a la UE: el Movimiento 5 Estrellas y Lega.
La fuerza política que quedó en mejor posición para formar gobierno desciende de la Liga Norte, a su vez descendiente de la Liga Lombarda, el partido con que el desmesurado Umberto Bossi quería partir Italia a la altura del río Po para crear un país “rico” y separado de la “Roma ladri” y los “terrones” pobres del sur.

Matteo Salvini es tan extremista como Bossi, pero entiende que en este tiempo su radicalismo le sirve para gobernar toda Italia, y no sólo la porción más rica. Por eso quitó del nombre la palabra “Norte” que regionalizaba su partido, rebautizándolo simplemente Liga, para darle alcance nacional. Y logró ríos de votos incluso en ese sur al que tanto había menospreciado en sus discursos. La clave fue despotricar contra la moneda única y contra la Unión Europea, pero sobre todo proponer deportaciones masivas y el cierre de las fronteras a los inmigrantes que llegan de Africa y Oriente Medio.

Las mismas claves, aunque con menos agresividad, manejó el Movimiento 5 Estrellas, obteniendo como resultado nada menos que convertirse en el partido más votado. Pero más revelador es el caso de Salvini, que venció a Forza Italia porque su líder, Berlusconi, ya no era el engendro anti-sistema que despreciaban las elites europeas y al que, en el 2011, Merkel y Sarkozy lograron reemplazar por un gobierno de tecnócratas presidido por Mario Monti.
Salvini lo venció en el andarivel derechista porque Berlusconi ahora proponía como primer ministro al europeísta y presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani.

Referente. El hombre que derrotó a Berlusconi es un apologeta de Vladimir Putin. Y a sus votantes no les importó el envenenamiento del ex espía Serguei Skripal, ejecutado, como tantos otros asesinatos con las huellas digitales del estado ruso, en el territorio británico. Tampoco les importó a los votantes de Salvini las injerencias fraudulentas perpetradas por hackers rusos en el referéndum sobre el Brexit y otros actos comiciales europeos, además de la elección que convirtió a Trump en presidente.

Igual que las ultraderechas de Francia, Alemania y otros países europeos, Matteo Salvini admira al jefe del Kremlin tanto como a Marine Le Pen y al magnate que habita la Casa Blanca. Por eso recibió a Steve Bannon y se alagó con sus elogios. También lo recibieron los partidos anti-sistema de Alemania, aplaudidos por Bannon por haber logrado que a Merkel le costara meses formar un gobierno y que democristianos y socialdemócratas quedaran obligados a una no deseada “gran coalición” para frenar el avance del anti-sistema que crece por derecha e izquierda.

El asesor jefe de la campaña electoral de Trump fue expulsado del gobierno, pero no por haber perdido el afecto político de su asesorado, sino por haber perdido una batalla contra el aparto republicano. Bannon sigue siendo el ideólogo de las políticas xenófobas, proteccionistas y aislacionistas de Trump. La guerra comercial que puso en marcha sigue la línea trazada por su inspirador más controvertido.

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Cae último muro de contención

Stephen Hawking definió al calentamiento global como el mayor peligro para la humanidad, advirtiendo que se está cerca de atravesar el punto de no retorno.

Donald Trump dijo que el calentamiento global es una fabulación y sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París. ¿Quién podía estar más cerca de tener razón? ¿El genial físico británico que escudriñó secretos del universo, o Trump?

Rex Tillerson piensa como Stephen Hawking. Y fue el único del gabinete que se atrevió a planteárselo al presidente. Por eso intentó impedir que su jefe pateara el tablero de París; nada menos que el más trascendente acuerdo alcanzado en toda la historia de la especie humana. Trump no hizo caso a su secretario de Estado y pateó ese tablero. Lo mismo hizo con el statu quo internacional sobre Jerusalén y con el Tratado Transpacífico de libre comercio, casos en los cuales también encontró la resistencia de Tillerson.

En el único punto en que se impuso Tillerson fue en el acuerdo nuclear con Irán, que ahora probablemente será abandonado por Estados Unidos, porque Trump ha designado en la Secretaría de Estado a Mike Pompeo, un halcón republicano que fue miembro del Tea Party y defendió con fervor una de las políticas más controversiales de George W. Bush en su “guerra contra el terrorismo”: las prisiones clandestinas donde la CIA recluía y torturaba prisioneros para obtener información sobre Al Qaeda.

A eso se suma que al frente de la CIA quedó Gina Haspel, una agente de inteligencia inmensamente preparada y eficaz, pero relacionada a la siniestra política de los “black sites”, verdaderos agujeros negros de la juridicidad internacional a los que puso fin Barak Obama.

Haspel había dirigido, en Tailandia, una cárcel clandestina por donde habrían pasado cientos de miembros de organizaciones como Yema Islamiya, de Indonesia, y Abu Sayyef, de Filipinas.

En síntesis, echando a Rex Tillerson, el presidente removió el último resabio de moderación que quedaba en la plana mayor del gobierno. Ergo, dio un paso más hacia la radicalización. El paso inmediato anterior fue iniciar la guerra comercial a la que Tillerson también se oponía, entre otras cosas, porque el arancelamiento para levantar barreras proteccionistas en la economía norteamericana debilita aún más la ya dañada relación con las potencias europeas.

Con el cambio en la Secretaría de Estado, la administración republicana se desequilibra a favor del nacionalismo antisistema que tiene por ideólogo a Stephen Bannon, y que está aislando internacionalmente a Estados Unidos.

Bannon salió de la Casa Blanca, pero dejó allí su visión ideológica. Y en ella no hay lugar para moderados como Tillerson.

En este paso hacia el desequilibrio, también la forma resulta reveladora: Tillerson se enteró por Twitter de su expulsión y Trump intentó atenuar el sismo político que produjo mediante una postal absurda en la que aparece “eligiendo muros” para tapiar la frontera con México.

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