Merodeando abismos

Cuando se esperaba un choque entre potencias regionales, sobre Siria comenzó a sobrevolar el peligro de un choque aún mayor: una confrontación directa entre Rusia y Estados Unidos.

El duelo que amenaza adueñarse del escenario que devastó la guerra civil, tendría en una trinchera a Irán, el ejército de Bashar al Asad y la milicia libanesa Hizbolá, mientras que a la otra trinchera la ocuparían Israel, Arabia Saudita y probablemente Egipto. Pero momentáneamente, esa peligrosa derivación del conflicto sirio ha sido desplazada por el riesgo que representa un choque directo entre Estados Unidos y Rusia.

A pesar de haber sido archienemigas durante más de medio siglo, casi no hay antecedentes de un choque de ese tipo entre rusos y norteamericanos. Es necesario remontarse a 1960, para encontrar un ejemplo aislado en el derribo de un avión U-2 que sobrevolaba Kazajstán, fotografiando instalaciones militares soviéticas. El pico de tensión que provocó el abatimiento de la nave y la captura del piloto, Francis Power, hizo temer una escalada de consecuencias impredecibles. Pero Khrushev y Eisenhower lograron reconducir la situación hacia la calma que imponía la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada.

La “crisis de los misiles” ocurrida dos años más tarde, no llegó al choque directo. Los siguientes riesgos se dieron en la era pos-soviética. Primero, con la intervención de la OTAN en Bosnia Herzegovina. El entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, amenazó con una intervención directa de Rusia contra la Alianza Atlántica en los Balcanes, pero luego de los bombardeos que diezmaron a las milicias que respondían al régimen pro-ruso de Milosevic, aquel jefe del Krem- lin no cumplió con su advertencia.

La misma situación se repitió posteriormente en Kosovo, donde la interven- ción de la OTAN terminó ocasionando la caída de Milosevic y la descomposición de lo que quedaba de Yugoslavia.

El año pasado, cuando Washington disparó 59 Tomahawk devastando la base siria de Shairat, había acordado previamente con Moscú que no habría fuerzas rusas en el blanco. Por lo tanto, no existió el riesgo de una confrontación directa. Pero en esta ocasión, la advertencia de Vladimir Putin de que puede haber efectivos rusos en los blancos que ataque Estados Unidos y que, por tanto, interceptaría en pleno vuelo los misiles, a lo que Trump respondió con una amenaza desopilante y reveladora de sus desequilibrios, elevó peligrosamente la posibilidad de un choque entre las dos potencias.

¿Podrán Putin y Trump, como Khrushev y Eisen-hower en 1960, reconducir este pico de tensión para alejarlo del borde del abismo?

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