Macri imaginario

Seguramente, Durán Barba dirá que está todo bien mientras Cristina sea candidata.

Un día se despierta, pasa un rato mirando el techo. Se levanta en silencio, le da un beso a Juliana y, ensimismado, se toma un café con los ojos siguiendo la danza de la cuchara en la taza.

Callado junto al ventanal, permanece con la mirada perdida en el parque de la Quinta de Olivos. Hasta que encara el teléfono y mantiene una tensa conversación con Marcos Peña. La concluye diciendo: “Es una decisión tomada y no la voy a discutir con vos”.

Poco después, convoca a una conferencia de prensa y anuncia que no buscará la reelección o que, si decide hacerlo, competirá en internas, como corresponde.

“He llegado a la conclusión de que lo mejor es que Cambiemos elija su candidato, en lugar de tener un candidato impuesto”, dice a quienes lo escuchan perplejos. Explica que, personalmente, considera a “María Eugenia” como una excelente opción.

Luego desarrolla una argumentación detallada de las razones por las que desistió de ser un candidato autoimpuesto. Habla de la necesidad de controlar la sed de poder y de actuar como un servidor público que deja las ambiciones personales en pos de la alternancia. Reconoce que les falló a sus votantes en casi todas las promesas de la campaña electoral.

También admite la cantidad de certezas erróneas que sostuvo con vehemencia, y que no puede considerar que tuvo éxito con semejante inflación en el país, lo que agrava los daños de una recesión tan profunda.

Se disculpa con la clase media y los otros sectores que más padecen las trepadas de impuestos, tarifas y precios. Pide perdón a los miles de emprendedores que quedaron huérfanos de políticas gubernamentales para concretar sus ideas y proyectos innovadores. También a las Pyme que naufragaron en la tempestuosa deriva económica.

Después explica que, de seguir la lucha contra el déficit, en los próximos años podría despegar la economía. Pero que, para que eso ocurra, sería mejor un gobierno con certezas más fuertes que las que él tuvo y comunicó con desatinado convencimiento.

Agrega que ese gobierno no puede tener puesta la marcha atrás; insiste en la necesidad de no regresar a la demagogia autoritaria y de erradicar los discursos sectarios que dividen la sociedad en bandos enfrentados.

Pero lo que llevó a los periodistas desde la perplejidad al asombro fue escucharlo decir que llegó a la conclusión de que es injusto apresar a esa mayoría de argentinos que no quiere ni a una monarca autoritaria y veleidosa ni a un empresario que no supo calibrar siquiera las reacciones del empresariado, en la insoportable obligación de optar por uno de ellos por ser los que pudieron llegar a la segunda vuelta.

Con estupefacción, el auditorio escuchó al Presidente decir: “Resulta obvio que mi candidatura, igual que la de Cristina respecto de mí, se presenta como el mal menor, y yo no quiero que me voten como la opción menos dañina. No quiero que mis chances dependan de enfrentar a quien representa un peligro mayor. Ir a una elección aspirando a que me elijan por descarte sólo se justificaría si Cambiemos no tuviese otra figura que pueda hacer una elección mejor. No es el caso. Al contrario. No soy el que mejor mide. No puedo ser candidato si mi postulación incrementara el riesgo de un retorno kirchnerista. Además, presentarme a la elección en carácter de menos peor es indigno. Y es tiempo de dignificar la política. La dignidad política se fortalece si los dirigentes hacemos lo correcto. Y lo correcto es que Cambiemos postule a su figura mejor posicionada en el momento de elegirla. Ese candidato quizá no sea yo”.

Por supuesto, esto no ocurrió. Y lo más probable es que jamás ocurra. Mauricio Macri seguirá levantándose y haciendo su primera llamada a quien le diga lo que quiere oír, y la segunda, a Jaime Durán Barba, quien lo más probable es que le diga: “Tranquilo, todo está bien mientras Cristina sea candidata. Con ella en la contienda, Roberto Lavagna o quien sea no podrá entrar a la segunda vuelta. Y en el balotaje, a la mayoría de sus seguidores no les quedará otra que votarte a vos, para que no vuelva Cristina con un kirchnerismo recargado”.

Sonreirá aliviado y hará una conferencia de prensa para decir cosas que todos irán olvidando a medida que las vaya diciendo.

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