Los suicidios políticos como redención

En Cada Mañana, Claudio Fantini se refirió al suicidio del expresidente de Perú, Alan García, e hizo un repaso histórico de los suicidios de distintos políticos.

El destino de los presidentes peruanos es un destino complejo. El presidente Fujimori terminó preso con una condena de 25 años. El ex presidente Alejandro Toledo está en EEUU prófugo con pedido de extradición. El presidente Oyanta Humala también complicado por el tema Odebrecht.

El ex presidente Pedro Pablo Kuzinsky fue detenido por el tema Odebrecht. Este martes, Alan García, quien fuera dos veces presidente de Perú, se suicidó de un disparo en la cabeza tras una orden de detención en su contra también por complicaciones con el caso Odebrecht.

“Normalmente el suicidio tiene para aquellos que lo hacen en algún momento de desventura, cuando el honor está mansillado, un efecto redentor”, apunta el analista internacional Claudio Fantini.

Fue el caso de Getulio Vargas, líder tan popular que tuvo Brasil. Vargas a mediados de la década del 50 fue señalado como el autor intelectual del asesinato de un periodista que era archi enemigo del gobierno. Finalmente, esto derivó en el suicidio, dentro de su cuarto en el Palacio de Catete, en la ciudad de Río de Janeiro, por entonces capital del país. “Cuando se disparó en la habitación principal del palacio fue porque no soportó el deshonor. La historia lo tomó como un suicidio por honor”, explicó Fantini.

Otro caso fue el de Pierre Bérégovoy, un socialista francés ministro de François Miterrand. Un hombre de un origen muy humilde que había llegado a primer ministro. En un momento había conseguido un crédito con amplias facilidades para comprar una casa, su primer casa propia en toda su vida, los diarios armaron un escándalo y no lo soportó.

Sus allegados manifestaron que se sentía responsable por la derrota del socialismo, ya que había sido derrotado en las últimas elecciones, y que estaba deprimido por las dudas de que su hosnestidad había sido cuestionada, pese a su insistencia de que no había cometido delito alguno.

Otro caso que fue increíble fue el de Slobodan Praljak, un político y militar bosniocroata, que alcanzó protagonismo durante la Guerra de Bosnia, en el marco de las Guerras Yugoslavas. Se suicidó bebiendo cianuro. Cuando escuchó el veredicto del tribunal para los crímenes de la antigua Yugoslavia sacó un frasquito, lo bebió y terminó muerto. Aunque hubiese sido declarado culpable solo le quedaban unos meses en la cárcel, pero no pudo soportar que lo declararan culpable.

Salvador Allende estaba atrapado, estaban bombardeando la Casa de la Moneda. Sabía que no podía confiar en la palabra de Pinochet, quien lo había traicionado. Allende podría haber huido, habría tenido chances de escapar vivo. Por eso su suicidio queda como un acto de honorabilidad.

Los apristas en Lima hicieron un gran funeral, lo reivindicaron a Alan García haciendo esta lectura de su decisión dramática. Es posible deducir que a Alan García lo atormentaba la sola idea de terminar en la cárcel. Hacia finales del año pasado hubo una escena que empieza a describir ese pánico en la cárcel que fue cuando se asiló en la embajada de Uruguay. Tabaré Vázques tomó la decisión de no darle ese salvoconducto”.

En el caso de Kuzinsky hay una desmesura donde los fiscales están abusando de las prisiones”. Lo quieren meter en prisión preliminar por un caso que ya prescribió. “Las dos veces que el aprismo estuvo en el poder fue con Alan García, y las dos veces con signo ideológico diverso”. “Fue un gobierno muy exitoso el segundo de Alan García, pero fue el gobierno que lo manchó con el dinero de Odebrecht”.

Finalmente, uno de los casos que toca a la Argentina es el de Leandro N. Alem. En la fría y lluviosa mañana del 1 de julio de 1896 se reunió en su casa con amigos a los que había convocado de carácter urgente para hablar de temas políticos. En un momento dado interrumpió el diálogo para ingresar a buscar algo a su dormitorio, para salir al poco rato vestido con su sombrero y su tradicional poncho de vicuña en el cuello.

Prometió volver en pocos minutos, y se subió a su carruaje rumbo hacia el club El Progreso. Durante el trayecto, se disparó un tiro en la sien que el cochero confundió con la detonación de cohetes que se quemaban celebrando la fiesta de San Juan y San Pedro.

En su cuerpo se encontró una nota que decía “Perdónenme el mal rato, pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas y no en manos extrañas, en la calle o en cualquiera otra parte”.

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