La teoría de Chávez

Algo oscuro quedó flotando tras las explosiones. Los batallones que desfilaron aún no se habían retirado y el régimen ya había señalado al presidente colombiano como responsable del supuesto plan magnicida.

En la teoría de Hugo Chávez, detrás de todo lo malo que ocurre en Venezuela, está la “oligarquía bogotana”. El líder bolivariano convirtió a los gobiernos de Colombia en la extensión actual de una conspiración decimonónica contra la unidad Latinoamericana.

Por eso, en el 2010, Chávez protagonizó una escena surrealista al hacer exhumar el cadáver de Bolívar para probar que “no murió de tuberculosis como dice la historia oficial, sino que fue asesinado con arsénico”. Y detrás del “asesinato del Libertador” estaba Francisco Santander y la camarilla que también habría planeado el asesinato del Mariscal Sucre.

En esa teoría histórica, Alvaro Uribe es la versión contemporánea de Santander y la clase dirigente de Colombia es la proyección en este tiempo de aquella “oligarquía bogotana” que saboteó el proyecto bolivariano de “la Gran Colombia”.

Por eso el dedo de Maduro apuntó inmediatamente hacia la capital colombiana. A Juan Manuel Santos le tocó ahora el rol de Santander. La bancarrota económica sembrando Venezuela de protestas y la inminencia de un “ajuste” fuerte que agravaría las tensiones sociales, podrían tentar al régimen a recurrir al chivo expiatorio preferido del chavismo.

Por cierto, no se puede descartar que de verdad hayan intentado asesinar a Maduro. Pero tampoco se puede descartar la típica estratagema de los autoritarismos para afrontar tensiones internas: señalar enemigos que obliguen a cerrar filas en las fuerzas militares y sirvan de coartada a una cacería de brujas.

Eso sugiere el hecho de que, tan velozmente, el régimen diera por esclarecido el suceso, realizando grandes redadas y acusando al presidente Santos.

El día no había concluido y el régimen ya había capturado desde policías que estuvieron en la rebelión del agente Oscar Pérez, rodeado y acribillado a pesar de haberse rendido, hasta militares que apoyaron al capitán Caguaripano en el ataque al fuerte de Paramacaybo.

El humo de los drones estallados aun no se había disipado sobre y ya había allanamientos, detenidos y el nombre del presidente colombiano estallando en la boca de Maduro.

La región debiera estar alerta. El régimen que carcomió la economía y las instituciones venezolanas tiene enemigos internos dispuestos a todo y también tiene la necesidad de crear tensiones que justifiquen represión y cercenamiento de libertades.

Colombia y Venezuela llevan años en una guerra fría y no se puede descartar que derive en conflicto abierto. Sobre todo, porque la deriva chavista se profundiza y al Palacio de Nariño lo habita, desde hoy, el uribista radical Iván Duque.

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