La madre de todas las batallas

Israel e Irán llevan largo tiempo librando una guerra fría que comenzó poco después de que el ayatola Jomeini creara la República Islámica sobre la tumba de la dinastía Pahlevi.

Ya habían tenido varios choques indirectos. Por caso, las confrontaciones de Israel con Hizbolá en el sur del Líbano y la Alta Galilea, era un choque indirecto con la República islámica porque la milicia chiita libanesa responde a Teherán. Lo mismo implican los roces fuertes de Israel con el ejército de Bashar al Asad, brazo armado del régimen alauita de Damasco, que está estrechamente aliado a la teocracia persa.

Pero lo que ocurrió en las últimas horas fue distinto. Por primera vez, y de una manera muy intensa, el ejército del Estado judío se enfrentó directamente con el de Irán. La fuerza expedicionaria iraní Al Quds, comandos de elite enviados por Teherán a defender el régimen de Asad, lanzó veinte misiles Grad y Fajr sobre bases israelíes en las Alturas del Golán y el Estado judío respondió con lluvia de misiles arrasando casi medio centenar de posiciones iraníes y causando decenas de bajas.

Igual que en el Líbano durante la guerra civil que concluyó en 1990, Siria se ha convertido en el escenario de posibles choques directos entre las potencias que tienen presencia militar en su conflicto. Hasta ahora, el único choque directo que se había producido fue el derribo de un cazabombardero ruso por el fuego antiaéreo turco. Pero a renglón seguido Turquía se disculpó efusivamente y el riesgo quedó contenido.

En cambio, entre Israel e Irán no existe la posibilidad de una disculpa. Ambos son parte del conflicto mayor que lleva tiempo posicionándose en el devastado escenario sirio.

Ese conflicto mayor es “la madre de todas las batallas” del Oriente Medio, porque enfrentaría a dos bloques que se aborrecen y se están disputando el control total de la región. Uno de esos bloques está encabezado por Irán y contiene a Hizbolá, el régimen alauita sirio y las milicias hutíes de Yemen. En el otro bloque se alinean el agua y el aceite: israelíes y sauditas. Este bloque cuenta con el respaldo de Egipto y, probablemente también, aunque en una segunda línea, de los Emiratos Árabes Unidos y el reino hachemita de Jordania.

Este es el choque de planetas que, de ocurrir, redefinirá el mapa político-religioso y también el escenario geoestratégico del Oriente Medio. Y mientras ocurra, además de tener consecuencias devastadoras en vidas e infraestructura, generará un riesgo de efecto Big Bang que haría transitar el mundo por la cornisa de una confrontación global.

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