La Iglesia y la ley, una relación tensa

Un examen histórico del vínculo entre la religión y los gobernantes, para que alineen el Derecho con sus dogmas. La pérdida de influencia sobre la conciencia de las personas, el eje del conflicto.

La convicción de la Iglesia Católica sobre el inicio de la vida humana no es irracional ni descabellada. Es una convicción que, aunque discutible, tiene lógica.

La posición de la institución sobre el aborto no es retrógrada. Es una posición. Lo retardatario no estaría en la convicción sobre el inicio de la vida ni en la posición frente al aborto, sino en la acción emprendida contra su eventual legalización.

Un capítulo del Talmud describe una discusión entre rabinos sobre una ley para la comunidad. Eliezer Ben Hirkanu, el más dogmático y tradicionalista de la asamblea, clamaba que la ley en cuestión debía elaborarse según el deseo de Dios.

En distintos tramos del debate, gritaba al Cielo que el mismísimo Jehová señalara su razón, realizando milagros en ese momento. Ante la mirada de todos, primero un árbol se levantó de sus raíces, después el río que pasaba junto a los rabinos cambió el curso de sus aguas y, finalmente, la voz del propio Dios retumbó diciendo a la asamblea que era Eliezer Ben Hirkanu quien tenía la razón.

De todos modos, los demás rabinos votaron en sentido contrario, aduciendo que discutir las leyes de una comunidad es una tarea de los hombres, en la que no debe interferir Dios.

Esa leyenda talmúdica relatada en Baba Metzia 59b describe desde la más remota antigüedad la idea de que la religión debe actuar sobre la conciencia de las personas, pero no sobre las leyes ni sobre el gobierno de la comunidad humana.

Poder terrenal

Así lo consideraba la antigua “iglesia de las comunidades”. El punto de inflexión llegó con el Edicto de Milán, que en el año 313 marcó el inicio de la verticalización de lo que había sido una estructura horizontal y asamblearia, que aún separaba “lo que es de Dios” y “lo que es del César”.

Ya vertical y monárquica, comenzó la superposición con el Estado, hasta desembocar en la teocracia medieval. La Edad Media dejó en la Iglesia un instinto de poder terrenal que aún la inclina hacia los tiempos en los que gobernaba, legislaba y castigaba según sus propios dogmas. Los tiempos en los que todo lo que consideraba pecado era también considerado delito.

Ese instinto la puso en guerra contra la ciencia para someterla a la teología, y contra el pensamiento laico que concibe a la sociedad, su gobierno y sus leyes como el ámbito en el que debe obrar el ser humano con el libre albedrío que, según las Sagradas Escrituras, recibió del “Creador”.

Por cierto, cada parábola encierra diferentes interpretaciones. Pero algo está claro a esta altura de la historia. En la sociedad abierta, plural y diversa, que sólo puede basarse en el estado de Derecho, las religiones deben obrar sobre las conciencias de las personas, porque el gobierno y las leyes son cuestiones seculares.

Cuando una religión presiona a gobernantes y legisladores para que alineen el Derecho con sus dogmas y políticas eclesiásticas, es porque está perdiendo influencia sobre la conciencia de las personas, ámbito en el que tiene legítima jurisdicción.

Casos en Europa

Europa fue el espacio donde imperó la teocracia medieval y desde hace siglos es donde más rápido la Iglesia pierde influencia en la conciencia de las personas. La aprobación del aborto mediante referendos en las catoliquísimas Irlanda y Portugal prueba que incluso en la grey católica se da el retroceso de esa influencia.

En Portugal, la Iglesia entró al siglo 21 poseyendo un verdadero imperio de medios de comunicación. Uno de los dos canales privados de televisión, 47 radios y 254 periódicos. Sin embargo, en el referéndum de 2007, la mayoría aprobó la legalización. Igual que meses atrás en Irlanda, país cuyos máximos símbolos nacionales son la Cruz Celta y el trébol, la planta que usaba San Patricio para explicar la Santísima Trinidad.

También fue el voto de los ciudadanos el que decidió, en 1978, la legalización nada menos que en Italia, el país donde se encuentra el Vaticano y que por entonces era gobernado por coaliciones encabezadas por la Democracia Cristiana.

España, país creado por reyes fundamentalistas que conquistaron el territorio con inquisición y guerra santa, legalizó el aborto poco después de concluir la dictadura de Francisco Franco, en la que la Iglesia tuvo un rol preponderante. Probablemente la inmensa gravitación del clero en el régimen falangista, que dictó una Constitución confesional cuya consustanciación con una doctrina religiosa la diferencia de las constituciones laicas y de las eclécticas, influyó para que la sociedad española acotara la injerencia de la Iglesia poco después de que se enfriara el cadáver del dictador enterrado hasta ahora en el Valle de los Caídos.

Confusiones

En el caso argentino, aun si logra que no se apruebe la legalización del aborto, mediante una brutal campaña de propaganda y fortísimas presiones ejercidas sobre gobernantes y legisladores, la consecuencia inexorable podría ser una mayor pérdida de influencia en la conciencia de las personas. La injerencia de la religión en el ámbito secular de la política es inversamente proporcional a su capacidad de influir en la conducta de la gente.

La ofensiva del papa Francisco para que las leyes reflejen la posición de la Iglesia respecto del aborto lo llevó a dar pasos positivos, como modificar el catecismo para que deje de aprobar la pena de muerte.

Ese paso hubiese sido más completo de haber incluido una revisión de la postura que mantuvieron al respecto grandes santos como Ambrosio, Agustín y Tomás de Aquino, y prominentes teólogos de los siglos XV y XVI, como Tomás Moro y Roberto Belarmino, además de revisar críticamente las crueles ejecuciones de la Inquisición y las de los Estados Pontificios.

También es positiva la muy reciente actitud menos condenatoria hacia las madres solteras, execradas por la Iglesia durante siglos y condenadas a tener hijos estigmatizados como bastardos. Quien sabe cuántas mujeres a lo largo del tiempo habrán abortado para evitar el escarnio y la discriminación, y también para evitar al hijo el estigma destructivo que condenaba a los concebidos fuera del sacramento matrimonial. Es fácil imaginar una cifra escalofriante.

La presión ejercida sobre gobernantes y legisladores para que la ley refleje la voluntad del clero puede debilitar su ya mermada influencia en la gente. Cada imposición en el escenario del debate secular puede ser contraproducente en su relación con la gente.

No la fortalece confundir mensaje evangélico con políticas eclesiásticas. Y es posible que crezca el reclamo de un Estado claramente secular, que no destine fondos públicos a pagar sueldos de obispos y cardenales ni permita símbolos religiosos presidiendo tribunales, cuarteles y oficinas públicas.

Otro ejemplo del drama subyacente

Una mujer grave en Mendoza por un aborto clandestino.

Autoridades del hospital Luis Lagomaggiore informaron ayer que estaba grave una mujer de 34 años, mamá de cinco hijos, que ingresó por complicaciones ocasionadas por un aborto no seguro.

Según lo informado, la mujer llegó a la guardia tras tres días de sangrado y se presumía que era la consecuencia de una práctica inconclusa.

* Especial

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