La colonización de la historia

Más desoladora que la orfandad del 2 de abril es la colonización del 24 de marzo, sin que nadie salga al cruce de los usurpadores.

Una conmemoración queda huérfana, mientras que otra es apropiada por colonizadores políticos. La recordación de Malvinas está a la sombra de la encrucijada que plantea en la memoria nacional. Más allá del heroísmo de soldados y de oficiales, y más allá del valiente profesionalismo de los pilotos, el 2 de abril evoca el temerario aventurerismo de un dictador incompetente y su régimen criminal.

Más allá de los derechos argentinos y de una ocupación británica que ni siquiera se encargó de poblar las islas, la operación ordenada por Leopoldo Galtieri fue un crimen más de la dictadura contra la sociedad, empezando por los soldados y los oficiales que murieron en el archipiélago.

Pero la peor encrucijada para la memoria está en el hecho de que la derrota fue mejor que una improbable victoria, porque de haber conseguido algo que se pareciese a un triunfo, se habría prolongado la dictadura que, además de exterminar personas, exterminó la economía de producción.

Ahora bien, más desoladora que la orfandad del 2 de abril es la colonización del 24 de marzo, que se lleva a cabo sin que nadie salga al cruce de los usurpadores.
Valorar el contenido de una conmemoración implica mantenerla al margen del sectarismo político. En Francia, la caída del régimen de Vichy es evocada por todos los franceses; no sólo por los liberales y las izquierdas que estuvieron en la resistencia.

Tampoco hay banderas democristianas en las conmemoraciones de la caída del Muro de Berlín, aunque la CDU, mediante el gobierno de Helmut Köhl, tuvo mucho que ver con la reunificación del país. La recordación es de los alemanes, no de un sector determinado.

En Argentina no ocurre eso con una de sus fechas más cruciales, debido a que una fuerza política la usurpa y la alambra para dejar afuera a los demás. El último 24 de marzo volvió a mostrar un paisaje decepcionante en esa evocación que debiera concientizar sobre los Derechos Humanos, porque la dirigencia volvió a dividirse entre usurpadores y desertores.

Usurpadores son los que imponen sus banderas, consignas y discursos para adueñarse de una evocación que no debe tener más protagonistas que la significación de lo evocado y la valoración de los DD.HH.

La colonización del aniversario del golpe que inició una etapa de exterminio implica una deplorable manipulación, agravada por la reivindicación que la fuerza usurpadora hace de organizaciones armadas que cometieron asesinatos y secuestros en su guerra contra un gobierno de Juan Domingo Perón. Fue precisamente esa violencia la que allanó el camino a los sanguinarios golpistas.

No hace falta caer en la “teoría de los dos demonios” para aborrecer aquellos cobardes asesinatos y ver la relación que tuvieron con el golpe de Estado. Obviar ambas realidades es una hipocresía.

Quienes quieran reivindicar asesinatos que los reivindiquen, pero que no lo hagan ensuciando las banderas de los Derechos Humanos ni usurpando evocaciones que deben abarcar a toda la sociedad. Al usurparlas y alambrarlas con banderas y consignas, están recortando su valor.

Desertores

¿Cómo se pueden reivindicar los Derechos Humanos y, al mismo tiempo, reivindicar a organizaciones que cometían asesinatos luchando contra un gobierno que, bueno o malo, había sido elegido por el pueblo? Una aberración delirante que ocurre porque en Argentina no existe una dirigencia que defienda la cultura democrática. Esa dirigencia desertó del debate en el que debería defender los DD.HH. de la colonización política.

El kirchnerismo coloniza porque el radicalismo, el PRO y el resto del peronismo desertan del debate en el que debieran denunciar la manipulación que realizan los apologetas de otros crímenes.

No tuvieron el coraje de exigir a los usurpadores que saquen sus manos del “Nunca Más” y que le devuelvan el prólogo de Ernesto Sábato. Guardaron un silencio que sirve para medir su insignificancia histórica. Y después, radicalismo, macrismo y peronismo no kirchnerista continuaron exhibiendo un vacío conceptual desolador, al guardar silencio ante la apropiación indebida del 24 de marzo.

También Mauricio Macri integra la legión de desertores. Cuando se trata de marcas tan oscuras en la historia como la que dejó el golpe de 1976, un presidente debe tener un mensaje. Pero Macri no lo tiene.

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