Italia en su laberinto

No está claro quién será el próximo primer ministro, ni cómo terminará impactando en Europa el resultado de los comicios.

Al abrir las urnas, Italia encontró un nudo gordiano. Pero hay algo que claramente descifrable en el mensaje electoral: ganó el antisistema.

La gran derrotada fue la dirigencia políticamente correcta que defiende la eurozona y los lineamientos de Bruselas. El partido más votado fue el M5E, que si bien moderó sus propuestas antieuropeas, había irrumpió con un discurso euroescéptico.

El lejano segundo puesto del Partido Democrático, la fuerza que impulsó Walter Beltroni para reciclar la centro-izquierda sepultada en los escombros de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista, implicó una devastación a la que no sobrevivirá Matteo Renzi. Y la resurrección que prometían los comicios a Silvio Berlusconi, se esfumó con el escrutinio donde apareció escrito su epitafio.

Tan fuerte fueron las primeras vibraciones del sismo electoral que se avecinaba, que Alemania y Francia intentaron desenterrar a Berlusconi. El magnate aparecía como la salvación de la UE después de que, en el 2011, Merkel y Sarkozy lo hicieran reemplazar por un gobierno tecnocrático encabezado por Mario Monti. En una paradoja típicamente italiana, Berlusconi jugó a dos puntas incompatibles: por un lado, formó una coalición con los partidos eurófobos Lega (descendiente de la Liga Lombarda con la que Umberto Bossi intentó la secesión del norte) y Hermanos de Italia, entre cuyos ancestros está el fascismo. Por otro lado, propuso como primer ministro al presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani. Lo que nadie había calculado es que en la coalición derechista el partido más votado no fuera Forza Italia, sino Lega. Debido a esa sorpresa, el dirigente que se fortaleció no fue Berlusconi, sino el extremista Matteo Salvini, aliado de Putin y Marine Le Pen.

De tal modo, de formar gobierno el conglomerado derechista por haber sido la coalición más votada, al cargo de primer ministro lo ocuparía Salvini.

En síntesis, los comicios fortalecieron a dos fuerzas antisistema. Una por ser el partido más votado y la otra por haber superado a Berlusconi dentro de la coalición conservadora. La única esperanza para la UE es que, o bien Luigi Di Maio, de M5E, o bien Salvini, de formar gobierno hagan lo que hizo Alexis Tsipras en Grecia: llegar al poder prometiendo patear el tablero europeo, y después gobernar en línea con la UE.

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