Intifada en el abismo

Intifada significa levantamiento, es la palabra que usan algunas tribus beduinas para llamar a los movimientos desarticulados del camello al ponerse de pie y también es el nombre de las rebeliones palestinas contra Israel. ¿Está a punto de estallar la tercer intifada? Si eso ocurre ¿cuál podría ser su consecuencia?

La primera estalló en 1987; la produjo el hartazgo con la ocupación israelí iniciada tras la Guerra de los Seis Días en 1967 y dejó dos mil muertos. Pero produjo hubo algo positivo: se abrieron las negociaciones secretas de Oslo y se estableció la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Cisjordania, encabezada por Yasser Arafat. La segunda intifada se produjo en el 2000 por la confluencia de dos acontecimientos: la provocadora irrupción de Ariel Sharon en la Explanada de las Mezquitas y el fracaso del Camp David II, en el que Clinton intentó que Ehud Barak y Arafat firmaran un acuerdo que allanara el camino a la creación del Estado palestino independiente. El saldo superó los tres mil muertos. No obstante, tiempo después, el propio Sharon, como primer ministro, ejecutaba mal una medida positiva: el fin de las colonias judías de la Franja de Gaza. Debió pactar esa retirada con Mahmud Abas, para que el hecho fortaleciera a la ANP, pero lo anunció como medida unilateral, permitiendo que Hamas presentara la retirada israelí como un triunfo propio y copara el poder en Gaza. La actual violencia entre palestinos e israelíes tiene su origen en la presión de los ultra-ortodoxos judíos por el control total de la Explanada de las Mezquitas, poniendo fin al acuerdo alcanzado con Jordania en 1994 para que los musulmanes puedan orar en ese sitio que consideran sagrado. El estallido de violencia tiene que ver también con la incitación de los imanes más radicales y de grupos extremistas, para que los jóvenes palestinos ataquen a israelíes con cuchillos. Pero sin duda lo principal es la atmósfera para que eso ocurra. Y la atmósfera es explosiva por el intento de consolidar el “eretz Israel” (Israel bíblico) que abarca las antiguas Samaria y Judea. Eso es lo que procuran los miembros extremistas del gobierno que encabeza el Likud. Benjamín Netanyahu, buscando satisfacer a esos aliados radicales que tiene en la Knesset, continúa haciendo inviable la existencia de un Estado en el fragmentadísimo territorio cisjordano.

Lo más grave es que, de producirse una nueva intifada, ocurrirá cuando el Oriente Medio, con Siria convertida en un peligroso agujero negro, está generando las condiciones para una conflagración general, que podría alcanzar el rango de Tercera Guerra Mundial.

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