Ideología y sexualidad

La ideología homofóbica parte de negar realidades evidentes, como la existencia de la diversidad sexual a lo largo de la historia.

“Con mis hijos no te metas”, parece una advertencia dirigida a los sacerdotes que violan o manosean a niños. Sin embargo, la consigna no se refiere al eterno flagelo de los curas pederastas, sino al sistema educativo.

La campaña que está en gestación en Argentina, con base en Córdoba, tiene su punto latinoamericano de partida en Perú, con la resistencia al programa de educación sexual impulsado por el ahora expresidente Pedro Pablo Kuczynski. Agrupaciones evangélicas, católicas y dirigentes conservadores, la mayoría de procedencia fujimorista, se opusieron a que la escuela enseñara igualdad de géneros.

En noviembre de 2016, unas cuatro mil personas denunciaron en Lima que el nuevo currículum de educación básica impulsado por el mandatario liberal buscaba “introducir en las aulas la ideología de género”.

No hace falta bucear mucho en ese movimiento para encontrar homofobia y abominación contra reivindicaciones feministas que avanzan desde finales del siglo 20, como la difusión de métodos anticonceptivos, el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y el matrimonio igualitario.
Los religiosos y conservadores peruanos que gritaron “con mis hijos no te metas” sostienen que la “igualdad de género” es una “ideología” que pretende “homosexualizar” al mundo, teoría conspirativa que suena descabellada… porque es descabellada.

La iniciativa fue más allá de Perú y en todos los casos parece movilizada por la misma posición, que también puede considerarse “ideológica”: la abominación a la homosexualidad.

Esos padres que no quieren que la educación se “meta” con sus hijos crecieron en sociedades que discriminaban y humillaban a los gays. Burlarse de la homosexualidad era habitual. Películas y programas cómicos ridiculizaban a las personas gays.

Las religiones aportaron al padecimiento de los acosados presentando su vida sexual como una degeneración, un pecado aborrecible contra la naturaleza “creada por Dios”.

Confusión perversa

El movimiento contra una educación sexual inclusiva parece inspirado por oscurantistas como el arzobispo Carlo María Viganó, quien considera que los pedófilos de la Iglesia Católica “son homosexuales”.

Confundir pedofilia con homosexualidad es perverso. El abuso de niños es abominable y pervertido. La homosexualidad es otra cosa.

La diversidad sexual existió en todos los tiempos y culturas. Pero la humanidad llegó hasta el siglo 21 ocultando y denigrando a las minorías. ¿Por qué considerar insano que la escuela eduque en valores inclusivos que pongan fin al desprecio de unos y al sufrimiento de otros?

Tratándose de una diversidad existente en todas las civilizaciones, ¿por qué perpetuar un sistema generador de menosprecio que podría ensañarse con descendientes propios?

Rechazar que la escuela forme niños que no crezcan aborreciendo y discriminando, o padeciendo ese aborrecimiento y esa discriminación, es defender la continuidad de una visión que ha marginado y hostigado una forma de sentir la sexualidad presente en todas las eras y culturas.

La ideología homofóbica, nuevo bastión del pensamiento reaccionario, parte de negar realidades evidentes, como la existencia de la diversidad sexual a lo largo y ancho de la historia.

También reduce esa diversidad a la forma de apareamiento. Plantea falsamente que gay es la persona que sólo quiere tener sexo con gente de su mismo género. En esta visión, queda excluido el amor.

En rigor, gay es la persona que siente atracción y se enamora de personas del mismo género. Las visiones religiosas que nunca pusieron al amor como esencia del vínculo matrimonial son las que se opusieron, primero, al divorcio y, después, al matrimonio igualitario, tratando de imponer que vivan juntos los que no se aman y que vivan separados los que se aman.

Una larga historia de menosprecio y segregación explica que ahora el movimiento pendular vaya hacia el extremo y haya quienes promuevan la idea de una superioridad gay. Algo tan absurdo como cualquier supremacismo, incluido el de la heterosexualidad. Pero las radicalizaciones no pueden servir de justificación a la cruel realidad que denigró a cientos de millones de personas a través de los tiempos.

La India acaba de abolir el artículo 377 del Código Penal, que penaba la relación homosexual. La Corte Suprema de ese país anuló esa ley de 150 años, impuesta por el moralismo británico de la era victoriana. El mismo que condenó a Oscar Wilde.

El fallo establece que segregar de cualquier modo la diversidad sexual viola derechos humanos fundamentales.

Algunos dirían a esos cinco jueces supremos: “Con mis hijos no te metas”.

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