ELN: la última guerrilla envilecida

El presidente Santos quiere cerrar en Colombia la actuación de la guerrilla. Ahora, negocia con el ELN | Foto: ecuadortime.net

La última guerrilla que queda en Colombia -Ejército de Liberación Nacional (ELN)- entró a la mesa de negociación de paz con un acto miserable: el secuestro extorsivo de un político, al que retuvo en condiciones infrahumanas hasta que cobró un rescate millonario.

Resalta aquella vileza el gesto heroico de su secuestrado. El ex congresista Odín Sánchez se había ofrecido en canje por su hermano Patrocinio, ex gobernador del Departamento de Chocó, quien había sido secuestrado por el ELN y cuya salud se había deteriorado velozmente en el cautiverio.

Los hermanos Sánchez están manchados por la corrupción y por pasados vínculos con los paramilitares, pero que, a los 61 años, Odín arriesgara su vida para salvar a su hermano enfermo, lo reivindicó ante la sociedad. En cambio, su cautiverio le recordó a Colombia el envilecimiento de las guerrillas con las que se negocia la paz.

Igual que las FARC, el ELN nació en 1964. Tenía una visión guevarista y el liderazgo del sacerdote Camilo Torres, quien al morir dejó la jefatura en manos de otro sacerdote: el español Manuel Pérez.

Pero también como la guerrilla creada por Marulanda y Jacobo Arenas en Marquetalia, el ELN se extravió en esa guerra que envejeció en la selva y terminó convirtiendo a las insurgencias en mafias enriquecidas por el narcotráfico y la industria del secuestro extorsivo.

La guerrilla que inspiró al ELN fue el Movimiento 26 de Julio, que liderado por Fidel Castro secuestró en 1958 a Juan Manuel Fangio, la estrella mundial del automovilismo. Lo capturaron en el Hotel Lincoln y lo retuvieron hasta pasada la carrera en La Habana, con la que Fulgencio Batista quería mejorar su turbia imagen ante el mundo. El corredor argentino fue liberado sin que se pidiera rescate y sin haber sido maltratado por los rebeldes.

Que de aquella insurgencia cubana se haya levantado luego una larga dictadura, es otro tema. La cuestión es que el discípulo colombiano del M-26 de Julio no realiza secuestros sin tormentos para llamar la atención mundial contra una tiranía corrupta, sino que enfrenta un Estado democrático, mientras amasa fortunas cobrando rescates por sus víctimas.

Un dato que el gobierno de Juan Manuel Santos debe tener cuenta en la negociación de paz. La contraparte en este diálogo para concluir el último conflicto armado colombiano, no es la guerrilla que lideraba Camilo Torres en la década de 1960, sino la milicia envilecida que secuestra civiles para cobrar rescates millonarios.

fuente: turello.com.ar

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