El voto en su laberinto

La oposición quedó en un laberinto. Quienes desean el final del kirchnerismo, o sea una mayoría que votaría al candidato que garantice el triunfo de una opción opositora, sea cual fuere, quedaron en una disyuntiva desesperante. La encrucijada es producto de una paradoja: el candidato con menos chances de pasar a la segunda vuelta.

Sergio Massa, es quien más chance tiene de vencer a Scioli en esa instancia. Mientras que Mauricio Macri, el candidato que más chance tiene de perder el balotaje frente al hombre que postuló el kirchnerismo, es quien tiene más posibilidad de llegar a la segunda vuelta. La disyuntiva del votante opositor es apostar a que en un repunte de último momento Massa salga segundo y venza a Scioli en el balotaje, a riesgo de que no llegue y reste a Macri los votos necesarios para evitar el triunfo kirchnerista en primera vuelta.

Porque es cierto que Massa es más competitivo que Macri en el escenario del balotaje; pero también es cierto que en la primera vuelta es más competitivo Macri, por lo tanto restarle votos al líder del PRO apostando a un más seguro triunfo de Massa en la segunda vuelta, implica poner en riesgo la posibilidad de que haya segunda vuelta. Ergo, en la trampa estadística que quedó planteada, el votante opositor corre el riesgo de ayudar al candidato de Cristina por intentar obstaculizarlo. Su atroz disyuntiva es que el voto para vencer a Scioli puede terminar consagrándolo. Es la consecuencia de que los líderes opositores no hayan sabido construir la alternativa que canalice el casi 60% del electorado que quiere un fin de ciclo.

Del resultado dependerá sobre quién cae más la responsabilidad del fracaso opositor, en caso de que gane Scioli. Si el candidato de Cristina se impone en primera vuelta porque supera por más de diez puntos al segundo, y ese segundo es Macri, la responsabilidad recaerá sobre Massa, a quien el votante antikirchnerista le achacará no haber dado un paso al costado para que el opositor más votado llegara al balotaje. Pero si Macri entra al balotaje y en esa instancia le gana Scioli, la responsabilidad recaerá sobre el líder de Cambiemos.

Ahora bien, si la mayoría de las encuestas han mentido, lo que es probable, o si la franja de indecisos se vuelca masivamente por uno de los principales rivales de Scioli y lo derrota, entonces no habrá culpas que achacarse, sino el construir acuerdos que no supieron construir oportunamente para asegurar el fin del ciclo kirchnerista.

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