El anarquismo zombi y la bomba en la Recoleta

Una bomba reinstaló una palabra que resurgió, como extraviada, desde el fondo de la historia: anarquismo. Como un intento de matarlo por segunda vez, dos anarquistas pusieron una bomba en la tumba de Ramón Falcón. Por la sangrienta represión que llevó a cabo en mayo de 1909, el coronel Falcón fue asesinado ese mismo año por Simón Radowtzky, un joven anarquista que arrojó una bomba en el carruaje del oficial. De qué se trata la bomba colocada en Recoleta.

Casi cien años después, una bomba estalla en la tumba de Falcón en La Recoleta. La sociedad observa estupefacta la escena de un atentado incomprensible contra el cadáver consumido de un antiguo represor. Días antes, el Gobierno británico había alertado sobre posibles atentados en Argentina a propósito de la cumbre del G-20. ¿Se refería al retorno extraviado del anarquismo?

Con la aprobación de un presupuesto cuestionado y en la antesala de un fin de año complicado por el efecto social del ajuste, la Argentina se encuentra en la cornisa de probables estallidos de violencia. Pero el anarquismo no está en el radar que chequea riesgos inminentes.

Incluso hay algo ficcional o surrealista en el hecho de que el blanco de un atentado haya sido la vieja tumba en la que yace un represor que fue asesinado, precisamente, por matar obreros en la primera década del siglo XX.

En aquellos años empezaba a declinar en todo el mundo el movimiento contestatario y revolucionario que había cobrado fuerzas desde mediados del siglo XIX, nutriéndose de intelectos como el de Proudhon y de Kropotkin.

Los movimientos que rechazaban todo tipo de autoridad y de dominación enfrentaban a los gobiernos y a los patrones de todo tipo. En la Argentina, el anarquismo seguía en particular las ideas del filósofo italiano Errico Malatesta y llegó a tener una fuerza significativa en las organizaciones obreras. Pero a esta altura de los tiempos, el resurgimiento del anarquismo parece no tener asidero ni lógica histórica en el país.

Como fenómeno local, el anarquismo tiene una fisonomía espectral, fantasmagórica. Como un zombi que sale de su tumba para deambular sin rumbo ni objetivos.

A nivel global los nuevos grupos anarquistas sí evidencian a un blanco de su acción contestataria: los organismos multilaterales de crédito, las organizaciones supranacionales y los foros que reúnen a los presidentes. O sea, todo poder que esté por encima de los Estados nacionales.

El anarquismo global expresa la impotencia de las sociedades actuales frente a realidades como el carácter financiero del capitalismo y el avance tecnológico cada vez más vertiginoso. Y sus manifestaciones en los foros y cónclaves internacionales, como el G-20, el FMI, la cumbre de Davos, el Banco Mundial, etcétera, son protestas testimoniales que no van acompañadas de planes concretos para sustituir la realidad.

El atentado anarquista en la Argentina podría ser parte de esa manifestación contestaría global, debido a la cumbre del G-20 que tendrá lugar en Buenos Aires entre el 30 de noviembre y el 1° de diciembre.

Pero desconcierta el blanco elegido. Atacar la tumba de un represor olvidado, por un crimen antiobrero ocurrido a principios del siglo pasado, muestra a la célula que llevó la bomba al cementerio como el espectro de un anarquismo que se extravió en la historia.

Foto: Clarín

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