Economía, corrupción y miradas esquizoides

En medio de las discusiones por la corrupción, Cristina Fernández ve koalas donde otros ven camellos.

En la economía, el Gobierno nacional parece atravesar torpemente un campo minado. Ni acometió el trayecto con un plan preconcebido ni da cada paso con el cuidado necesario para evitar las destructivas explosiones. Por eso corre entre estallidos.

Hay que señalarle su torpeza y también que haya depositado las cargas más pesadas de las clases medias hacia abajo.

También hay que señalar la responsabilidad o la culpa del gobierno anterior por haber dejado un campo minado. A uno le falta capacidad para desactivar las minas y el otro tuvo la irresponsabilidad de sembrarlas.

Además, hay que señalar el nivel de esquizofrenia que domina a las visiones ideologizadas sobre la economía. Uno de los síntomas de esa enfermedad es la alucinación. Los ideologismos pueden hacer ver lo que no es. Y en materia económica, ciertas izquierdas y el kirchnerismo ven ortodoxia neoliberal allí donde ciertos economistas ven “populismo de buenos modales”.

¿Cómo pueden unos ver a Milton Friedman y a Frederick von Hayek donde otros siguen viendo a Laclau y a Kicillof, aunque con globos amarillos? Para el kirchnerismo, el chavismo y afines, todo lo que no encaja en su encuadre es “derecha neoliberal”. Y para los economistas ortodoxos, todo lo que no sea ajuste puro y duro es populismo o kirchnerismo, agregando light o “de buenos modales” como concesión en su inflexible análisis.

Los que ven “kirchnerismo 
 light ” son tan maniqueos y aplican un argumento tan binario como los que ven derecha neoliberal por todas partes.

Es necesario salir de las visiones esquizoides.

Obviamente, ni todo lo que no es kirchnerismo es neoliberal ni todo lo que no es neoliberal es kirchnerismo.

El propio Miguel Bein, de los equipos de campaña de Daniel Scioli, explicó que la política económica en marcha “no es neoliberal” ni tampoco el populismo que describen los del otro polo.

Bein lo consideró “desarrollismo” y repitió lo que también dijo Mario Blejer, otro economista de la campaña peronista: “Nosotros pensábamos hacer más o menos lo mismo, porque la situación” que dejaron Cristina y Kicillof no da muchas alternativas.

Ahora bien, que la economía en marcha no sea populista ni neoliberal no quiere decir que esté siendo bien ejecutada. Lo prueba el estropicio de las tarifas. Macri atraviesa torpemente el campo que plagó de minas su antecesora.

Corrupción

La corrupción K es otro punto en el que unos ven koalas donde otros ven camellos.

Cristina describió koalas en un programa que la invitó a monologar como en las cadenas nacionales. A la misma hora, en otros canales describían una caravana de camellos.

En este caso, no hay una tercera visión que esté más próxima a la realidad. Cúmulos de pruebas contundentes describen un sistema de enriquecimiento ilícito organizado por Néstor Kirchner y continuado tras su muerte. Su tamaño es descomunal y el grueso de lo extraído no era para financiar política sino para abarrotar las arcas de quienes lo conducían y un grupo de allegados.

Todo está demasiado a la vista como para ser negado. Los koalas no tienen jorobas ni largas patas, ni cuello extenso y curvo. Sin embargo, todavía hay quienes siguen describiendo a los camellos como si fueran esos tiernos animalitos remolones de Australia.

Refiriéndose a la intelectualidad europea que persistía en defender la URSS cuando ya era visible el totalitarismo, el Estado policial y el genocidio producido por hambrunas, deportaciones y campos de concentración, Raymond Aron escribió que mantener esa actitud “después de 1945 era un acto de ceguera moral”.

Quizá la fecha podría correrse hasta la década siguiente, pero lo claro es que, develado el genocidio y la abolición de libertades y derechos, no caben dudas de que defender a la URSS era “ceguera moral”.

Un reproche similar al del autor de El opio de los intelectuales vale para quienes siguen minimizando o justificando la corrupción K. Es demasiado grande y demasiado obvia.

Además, en una ostentación de incoherencia, Cristina decidió no renunciar a ninguna y seguirá cobrando su jubilación presidencial y la pensión presidencial de su marido (como 340 mil mensuales). Y, por si fuera poco, anunció sin ruborizarse que, no bien se levantó el “cepo” cambiario, dolarizó sus ahorros.

Periodistas militantes que cobraron fortunas de las arcas públicas por adular al gobierno empezaron a reclamar al Estado indemnizaciones millonarias. Cosas que pasan.

* Periodista, politólogo

Fuente: La voz del interior

 

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