Dilma-Cristina: el error de mirar la grieta propia en la grieta ajena

Brasil puso en evidencia una patología curiosa y generalizada en la región. Las sociedades proyectaron la grieta propia en la grieta ajena. Buscaron en el escenario brasileño, el venerado y el aborrecido que tienen en su país. Y el resultado es pésimo.  También sucedió en la Argentina en la comparación Dilma Rousseff-Cristina Kirchner.

Desde la grieta, la perspectiva distorsiona. Mirar la grieta ajena desde la grieta propia, conduce a la confusión y el extravío.

Tiene lógica que Dilma Rousseff se presente como víctima de una conspiración golpista perpetrada por oligarquías. No es exacto, pero tiene lógica. Al fin de cuentas, que no sea un golpe de Estado no implica que sea un proceso justo. La suspensión de Dilma es, al mismo tiempo, legal e injusta. Es un linchamiento institucional perpetrado por una dirigencia en decadencia y abocada a un salvaje “sálvese quien pueda”.

También tiene lógica que Cristina y el kirchnerismo tomen el proceso a Dilma como un arma de defensa propia. La ex presidenta argentina sabe bien que su colega brasileña la despreciaba y llevaba adelante políticas diferentes en casi todos los órdenes. No podían ponerse de acuerdo ni siquiera en las cuestiones del Mercosur, al que pusieron en estado agónico.

Pero lo sucedido al PT viene como anillo al dedo para el relato K, según el cual Cristina y su familia son víctimas de una persecución política por haber enfrentado los intereses del capital concentrado.

Lo descabellado es que el antikirchnerismo argentino ponga al PT en la misma bolsa del FPV, y a Dilma en el mismo estante de Cristina. No hay nada en común. La causa de la caída de Dilma es la crisis económica en la que tuvo responsabilidad, y el hecho de que se quedó sin fuerza política para revertirla.

El otro pecado de la presidenta suspendida fue haber marginado y ninguneado a los otros partidos de la coalición, particularmente al poderoso PMDB, socio principal del PT y partido del vicepresidente.

Ésas son las verdaderas causas del juicio político. La acusación instrumentada por una grave falta administrativa, fue la excusa; el instrumento por el cual Brasil busca salir de esta encrucijada. Una encrucijada similar a la de un barco en medio de la tempestad, y con el timonel sin brazos.

Michel Temer podrá continuar al mando después del impeachment, si tiene la fuerza política que a Dilma y a Lula les faltó para recomponer las alianzas políticas y sectoriales que permitan afrontar con éxito la crisis económica.
Si también Temer es un timonel sin brazos, ese barco en la tempestad que es Brasil, también lo despedirá por la borda.

El fracaso de Temer no implicaría el retorno de Dilma, que ha sido injusta y arbitrariamente condenada antes de haber sido juzgada. Implicará que el actual mandatario a cargo deberá convocar a elecciones anticipadas, en lugar de completar el período presidencial en curso.

Dilma no es Cristina, porque la brasileña está acusada de una falta administrativa, pero no está sospechada de corrupción y tiene el mismo patrimonio que tenía cuando llegó al poder como súper ministra de Lula.

Cristina está sospechada de un enriquecimiento ilícito descomunal. A la vista de todo el país, su patrimonio se multiplicó desmesuradamente, desde que ella y su marido llegaron a la Quinta de Olivos.

Que por considerar al kirchnerismo un autoritarismo monárquico y corrupto, haya que considerar de igual modo a Dilma, Lula y el PT, es un error tan grande como la fortuna que Kirchner hizo crecer abrazada a la de Lázaro Báez.

Fuente: www.turello.com.ar

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