Dictador y líder descomunal

Al fin de cuentas, que Fidel muera de viejo en una Cuba aún regida por el régimen que él creó, fue su última victoria. No fueron los cubanos de Miami quienes derrocaron o abatieron al dictador. Fue la vejez.

No es menos patético que tanta gente en Cuba y en el mundo se niegue a considerarlo un dictador. El nombre del régimen en el que impera el dictat de un jefe situado por sobre las leyes y las instituciones, es dictadura. Está claro que es erróneo colocar a Fidel Castro en el mismo estante de Videla, Stroessner, Somoza, Trujillo o Duvalier. Los otros fueron vulgares dictadores, mientras que el dictador cubano fue también un líder descomunal en el sentido estricto del término, o sea alguien que está más allá de lo común.

Para bien o para mal Fidel perteneció a la estirpe de los que dejan su nombre en un capítulo impactante de la historia. Sólo la necedad impide ver que fue un protagonista de la historia. Y sólo la obnubilación religiosa que producen las ideologías impide ver que también fue un dictador totalitario.

Al mito del comandante revolucionario lo creó su propia impronta. La del hombre que se planta y da pelea, primero escribiendo artículos contra la tiranía corrupta y miserable a la que luego enfrentó atacando el cuartel Moncada, volviendo del exilio en el Granma, combatiendo en la Sierra Maestra, entrando triunfal en La Habana, resistiendo una invasión disidente en Bahía Cochinos y sobreviviendo a cientos de conspiraciones para matarlo o derrocarlo.

Sobreviviendo también al fracaso calamitoso de su modelo económico y a la desaparición de la URSS. Al mito lo erigió esa historia personal y también un aparato de propaganda que impuso el culto personalista hasta la simbiosis de Fidel con la «Patria» y la «Revolución».

Esa es la construcción totalitaria. La creadora de un líder omnipresente que dice lo que es el bien y lo que es el mal, además de imperar en todos los aspectos de la vida de los habitantes de un país.

En la dictadura de Fidel hubo censura, fusilados, torturados, estigmatizados convertidos en parias y cientos de miles que arriesgaron la vida en el mar para huir de su «paraíso socialista».

Un dictador, si. Pero no uno más, sino el de mayor estatura histórica.

Fuente: elpais.com.uy
Share

Comentarios