Del odio al amor en un santiamén

El último líder norcoreano que había cruzado la frontera fue Kim Il-sung en 1950, pero al frente de un ejército que invadía Corea del Sur.

Casi setenta años después, su nieto vuelve a cruzarla, pero para estrechar la mano del presidente surcoreano y dar por iniciadas negociaciones para desnuclearizar la península.

Sólo un puñado de meses atrás, la escena era impensable. Kim Jong-un sacudía los sismógrafos de la región con pruebas atómicas subterráneas, que incluyeron una bomba termonuclear. A la vez, lanzaba misiles que despeinaban el cielo de Japón a la altura de Hokkaido y caían en aguas territoriales niponas. Esos ensayos incluyeron un misil intercontinental. Hasta que, sorpresivamente, esbozó un gesto amigable hablando de diálogo Pyongyang-Seúl. Primera gota de una catarata que incluyó la visita de su hermana para ver los Juegos Olímpicos de Invierno.

A esa altura, Kim ya hablaba abiertamente de negociar el arsenal que había estado ostentando hasta pocas semanas antes. Y a renglón seguido, la postal increíble: el líder norcoreano cruza a pie la frontera y abraza a su anfitrión surcoreano. Certificando que no se trata de una ilusión óptica del mundo que observa perplejo, Estados Unidos emite señales de inmenso optimismo.

¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo? Posiblemente, una abrupta marcha atrás de un líder que terminó acorralado y sin más opciones que ceder. Si esta lectura es correcta, la explicación de semejante contramarcha estaría en las sanciones aplicadas por China, el único que país que puede asfixiar la economía norcoreana.

Hasta ahora, China siempre había simulado presiones, pero en el 2017 pasó de la gesticulación a la acción.

Otra posibilidad es que Kim solo esté exhibiendo capacidad de ocupar el centro de la atención mundial, pero no tenga verdadera intención de negociar el desmantelamiento total de su arsenal nuclear. El objetivo sería retrotraer la situación al 2016. La economía norcoreana podía sobrevivir con aquel nivel de sanciones. Lo que no puede soportar son las sanciones impuestas por China.

Finalmente, la más optimista de las hipótesis es que Kim está decidido a aplicar reformas como las que transformaron la economía de Vietnam con la política de la “Doi Moi” (Renovación), y como las que impusieron Deng Xiaoping y Zhao Ziyang en China.

En caso de ser esta la verdadera razón, la belicosidad que antecedió el giro habría buscado negociar, desde una posición de fuerza, la retirada de los 28 mil marines norteamericanos que están en el sur, garantizándose además que jamás habrá intentos de desestabilizar su régimen.

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