Cuba entierra el comunismo

Que la Constitución cubana incorpore el concepto de “propiedad privada” y deje de mencionar al comunismo, puede parecer poco, sobre todo si por ley se considera al “socialismo” como rasgo “irrevocable” del Estado.

Al fin de cuentas, se trata solo de una palabra, comunismo, que la realidad volvió anacrónica hace tiempo. Sin embargo, la importancia de quitarla de la Constitución, incorporando el concepto “propiedad privada”, tiene una gran significación porque implica la revisión, tardía y sin explicación autocrítica, de una cuestión clave en el marxismo. La revisión desarticula la teoría marxista-leninista sobre un trayecto de la historia que se consideraba inexorable.

Concibiendo a ese trayecto como “la historia de la lucha de clases”; explicando el devenir de esa lucha mediante la dialéctica hegeliana (tesis, antítesis y síntesis), y sosteniendo que el proletariado industrial sería la última clase revolucionaria, Marx y Engels afirmaron que esa revolución final pondrá fin a la historia, al crear la dictadura que conduciría al comunismo.

En el Contrato Social, Rousseau había explicado en el siglo XVIII que al comienzo de la historia, entendiéndose por ello la aparición del Estado, lo produjo la irrupción de la propiedad privada. Marx y Engels suscribieron la teoría rousseauniana, agregándole el final: si al Estado lo originó la propiedad privada, su desaparición implicaría la desaparición del Estado.

La revolución proletaria iba a crear el último Estado, que sería la “dictadura del proletariado”. En esa etapa a la que llaman “socialismo” desaparece la propiedad privada, llevando a la humanidad de retorno al “comunismo primitivo”.

Lenin suscribió esta teoría, proclamó la “revolución socialista” y creó el instrumento de esa “dictadura del proletariado” que disolvería la propiedad privada: el Partido Comunista.

A esta altura de los tiempos, está claro que el socialismo marxista-leninista jamás superó el estadio de dictadura. En lugar de hacer desaparecer el Estado mediante el comunismo, creó Estados burocráticos, gigantescos y totalitarios.

Desde el llamado “Período Especial”, hay capital privado en Cuba y la nomenclatura sabe bien que el paso del socialismo al comunismo es una ficción teórica que nunca se va a materializar.

Ahora, esa realidad aceptada en los hechos, pasa a tener presencia en el Derecho. ¿El objetivo? Ensanchar el camino por el que, muy lentamente, Raúl Castro lleva tiempo encaminando a Cuba. Ese camino que, con menos hipocresía ideológica inició antes Vietnam, al proclamar la “Doi Moi” (renovación), y China, al abandonar el laberinto maoísta para seguir la senda señalada por Deng Xiaoping.

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