Cristina se acerca a “la hora señalada”

A la hora señalada fue el nombre español de High noon, la película de 1952 en la que Gary Cooper termina enfrentando a su archienemigo. El título español hace referencia a esos momentos fatídicos que llegan de manera inexorable cuando de saldar viejas cuentas se trata.
Argentina se acerca a su “hora señalada”. Ese momento inexorable ocurrirá cuando la Justicia se pronuncie sobre las acusaciones más graves que pesan sobre Cristina Fernández.

La sentencia tendría un efecto fulminante sobre el kirchnerismo, porque por un lado probaría que la expresidenta, como poco, permitió el armado de un esquema de enriquecimiento ilícito que multiplicó la fortuna de su familia. Por otro lado, derribaría la estatua del prócer nacional y popular, al probar que Néstor Kirchner fue el impulsor del dispositivo de corrupción centralizada más grande que haya funcionado en el país.

Por cierto, Cristina venderá cara su derrota. Disponer de una vasta fortuna, medios de comunicación creados por su gobierno con fondos públicos y una feligresía que ronda el 30 por ciento de los argentinos y la sigue con veneración, le alcanza y sobra para dar pelea. Por eso el kirchnerismo trabaja desde hace meses en lo que llama “resistencia” y anuncia un nuevo 17 de octubre que será, posiblemente, el inicio de una espiral de violencia política apuntada a la desestabilización.

No está claro si logrará el terremoto que prepara. Lo que está claro es que Cristina debe tener un plan b para el caso de ser condenada. En ese plan, es segura la “resistencia” con agitación desestabilizadora y es probable un exilio en Ecuador, donde gobierna quien aceptó ser el relator del trance por el que atraviesa.

Rafael Correa planteó que Cristina es una “perseguida política”; que su caso es igual al de Lula da Silva y que, en ambos acosos judiciales, la corrupción es la “coartada” de los poderes económicos concentrados para castigar a quienes enfrentaron sus intereses. En síntesis, afirma que a Cristina y a Lula los persiguen los jueces porque defendieron a los pobres.

Falacia

Mientras tanto, el país se pregunta si la expresidenta irá presa. Una parte, deseosa de que eso ocurra y convencida de que será justicia. La otra, convencida de la versión victimizadora.

Sobre esta versión, vale tener en cuenta la afirmación del fiscal Carlos Rívolo: todos los políticos acusados de corrupción afirman ser víctimas de una “persecución política”. También vale tener en cuenta una evidencia regional: la mayoría de los procesos por corrupción implicaron destitución o cárcel para presidentes neoliberales y conservadores.

Sobre Carlos Menem, pesan dos condenas y está libre por los fueros legislativos que conservó gracias al kirchnerismo. Al neoliberal brasileño Fernando Collor, lo destituyeron por corrupción. Por la misma razón, aún está preso, en Perú, Alberto Fujimori, y fue destituido y encarcelado Otto Pérez Molina, militar que llegó a la presidencia de Guatemala como candidato de la derecha.

Esos casos no aparecen en el razonamiento de Correa. Además, resulta evidente que equiparar los casos de Cristina y Lula es una falacia. La investigación judicial que acosa al líder del PT es por un caso totalmente distinto al de la expresidenta.

En Brasil, funcionó desde hace más de dos décadas un mecanismo de financiación ilegal de la política del que participaban todos los partidos. Igual que su antecesor, Lula no desarmó ese mecanismo, pero no lo había creado y difícilmente lo haya utilizado para beneficio personal.

Aquí funcionó un sistema de enriquecimiento de la familia Kirchner y de quienes integraban su esquema de corrupción; un desvío de fondos públicos que se ostentó de manera impúdica, debido al convencimiento de que nunca perderían el poder y la impunidad.

En ese proceso, la multiplicación de la fortuna reconocida en las declaraciones juradas constituye, por sí sola, una evidencia.

El error de la ansiedad por verla presa es dar a la consecuencia final de un proceso judicial más importancia que a su primera consecuencia: la comprobación fehaciente de la culpabilidad.

Eso es lo que debilitará al kirchnerismo. En cambio, la prisión será funcional a la victimización y al intento de generar violencia: la verdadera “resistencia” que organiza Cristina y que va a estallar “a la hora señalada”.

Fuente: www.lavoz.com.ar

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