Como en la Guerra Fría

¿Qué significa que Rusia haya logrado un misil intercontinental que puede eludir escudos antimisiles?

¿Está ganando, finalmente, la carrera armamentista que se dio en la Guerra Fría? ¿Acaso no había concluido la confrontación Este-Oeste? Preguntas inquietantes que recorren el mundo a partir del anuncio de Vladimir Putin.

En la segunda mitad del siglo XX, la carrera armamentista había consistido en acumular ojivas con megatones en misiles tácticos y estratégicos, hasta desembocar en la Destrucción Mutua Asegurada. Ronald Reagan revirtió el esquema de acumulación de capacidad destructiva, anunciando su Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), popularmente llamada Guerra de las Galaxias, con la cual desmoralizó a los soviéticos porque, con capacidad de desintegrar misiles nucleares en pleno vuelo, inutilizaba los proyectiles intercontinentales. Aunque posteriormente quedó a la vista que tal escudo espacial era más retórica que realidad, Estados Unidos desarrolló luego misiles anti-misiles que constituyeron eficaces escudos en tierra.

El paso siguiente fue avanzar hacia un sistema defensivo de ese tipo con base en Polonia y la República Checa, para poner a salvo a Europa de los misiles de mediano alcance, atajando también los miles intercontinentales apuntados a Norteamérica. Pues bien, el anuncio de Rusia tiene el mismo potencial que en su momento tuvo la Guerra de las Galaxias, porque inutiliza los escudos defensivos norteamericanos.

Si de verdad la nueva arma rusa es un cohete estratégico que puede eludir los misiles anti-misiles norteamericanos, Putin acaba de reimpulsar la carrera armamentista dando por tierra los tratados de 1987.

Obama ya había denunciado, en el 2014, la violación de aquellos acuerdos firmados por Reagan y Gorbachov, al desplegar misiles de alcance medio basados en tierra. Ahora, el Kremlin vuelve a sacar los pies del plato de los tratados que marcaban el final de la Guerra Fría.

El desafío planteado por Putin se suma a la expansión territorial que implicó la anexión de Crimea y el avance sobre la región ucraniana del Donbáss, así como también el espionaje cibernético y las injerencias, a través de la web, en los procesos electorales de países occidentales.

Cada paso que da el jefe del Kremlin, evidencia que está siguiendo al pie de la letra la doctrina del nuevo ultranacionalismo ruso que tiene por ideólogo a Alexandr Duguin.

De ser así, mientras China se aboca a ser el principal desafío económico para las potencias de Occidente, Rusia retoma la competencia militar y geopolítica con el vigor de los tiempos de la Guerra Fría.

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