¿China avanza o retrocede?

¿Fue un paso atrás para avanzar dos adelante? ¿O fue solo un paso atrás? El derecho a reelección indefinida que acaba de conseguir Xi Jinping retrotrae el Estado chino al sistema anterior a Deng Xiaoping. El presidente concentrará en sus manos una cuota de poder que no tuvieron sus antecesores Hu Jintao, Jan Zeming, Yang Shangkun y Li Xiannian. La contención institucional a la concentración de poder mediante mecanismos de consensos y el límite de dos mandatos de cinco años cada uno, fue el aporte político de la era Deng para acompañar las reformas de apertura económica. ¿El resultado?: China pasó de la marginalidad mundial y la pobreza, a la centralidad como potencia y a la prosperidad con movilidad social ascendente. A pesar de semejante salto, el XIX Congreso del PCCh abrió la posibilidad de que Xi gobierne con un poder similar al de Mao Tse-tung.

Una mirada hacia la historia permite distinguir pasos atrás que terminaron siendo avances y otros que fueron solo retrocesos. La revolución republicana de Sun Yat-sen terminó con el poder concentrado y eterno de emperadores y mandarines, pero el liderazgo de Chian Kay-shek sobre el Kuomingtang (Partido Nacionalista Chino) produjo un retroceso. Con la revolución y el Partido Comunista, China ingresó al totalitarismo, o sea el autoritarismo absoluto. Pero no todo fue retroceso, porque ese aparato partidario sirvió para unificar el inmenso territorio y la diversidad étnica y lingüística del gigante asiático.

Con Deng, China comenzó a abrirse y a superar el totalitarismo con culto personalista creado por Mao y Chou En-lai, que alcanzó su paroxismo de fanatismo criminal con la llamada Revolución Cultural. Pero ante la rebelión estudiantil de 1989, cuando debió elegir entre la liberalización política que defendía el primer ministro Zhao Ziyang y el aplastamiento militar de las protestas que proponía el duro Li Peng, Deng Xiaoping eligió la represión.

La masacre de Tiananmen clausuró la apertura política para mantener la apertura económica, algunas de cuyas consecuencias habían detonado las protestas estudiantiles.

En principio, el paso atrás que ahora dio Xi Jinping no implicaría un retroceso al totalitarismo con culto personalista de Mao. Su mayor poder y la prolongación de su liderazgo al frente del Estado se dan con la promesa de utilizarlo para conjurar dos males de las últimas décadas: la corrupción en el Estado y las intrigas permanentes en la burocracia partidaria. Esa es la justificación. La realidad dirá si es un paso atrás para seguir hacia adelante. O si es simplemente un retroceso.

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