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Estados unidos potenció el conflicto: Fiesta con funerales

Netanyahu, su esposa Sara, Ivanka y su esposo Jared. Selfie frenta a la embajada de Estados Unidos en Jerusalén.

La inauguración de la embajada norteamericana en Jerusalén tuvo como contracara protestas y medio centenar de muertes.

Netanyahu, su esposa Sara, Ivanka y su esposo Jared. Selfie frenta a la embajada de Estados Unidos en Jerusalén.
Bella, sonriente y vestida a la moda, Ivanka Trump descubría una placa imponente con el nombre de su padre, en la puerta de la embajada que se estaba inaugurando. En ese mismo instante y por esa misma razón, miles de palestinos protestaban y soldados israelíes les disparaban, matando a más de medio centenar.

Seguramente, Hamas alentó la marcha hacia la frontera para que se produjera el enfrentamiento y corriera sangre palestina. Los cadáveres de su pueblo son los misiles que Hamas lanza contra la imagen de Israel en la opinión pública mundial. Pero en este caso, lo increíble es la gratuita escusa que implica haber elegido un día inadecuado para hacer algo equivocado.

En el discurso televisado de Trump en el acto inaugural de la embajada norteamericana en Jerusalén, Donald Trump habló como si el traslado de la sede diplomática fuese un acto suyo a favor de los israelíes. No es así. Leer más

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Trump rompe el acuerdo nuclear

La gravedad de que Washington abandone un compromiso asumido y que Irán estaba cumpliendo. Falacias en el argumento de Trump.

Trump cumplió otra de sus promesas de campaña. Pero eso no es precisamente bueno. Lo mejor que podría pasar con muchas de sus promesas electorales, es que no las cumpla.

Por caso, habría sido bueno que no cumpla lo que prometió sobre los inmigrantes. Pero está cumpliendo y por eso hay miles de deportaciones que los devuelven a esos países a los que Trump llama “agujeros de mierda”. También habría sido bueno que faltara a su compromiso de amurallar la frontera con México, o retirar a Estados Unidos de acuerdos como el de París sobre cambio climático.

En lugar de esos razonables incumplimientos, el magnate inmobiliario ha cumplido sus promesas más demagógicas y extremistas. Y eso es malo para los norteamericanos ni para el mundo.

Tampoco es bueno para el mundo que haya tomado una decisión coherente con su demoledora crítica electoralista al acuerdo nuclear con Irán. Sin pensar que a ese pacto lo firmaron los líderes de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China, además de Obama, a quien profesa un aborrecimiento oscuro y viscoso, el presidente norteamericano lo ha descripto como una reverenda estupidez que no sirve para nada.

Sin embargo, haber ofendido a las potencias descalificando el acuerdo de ese modo, no fue lo peor. Lo peor fue que actuara en consecuencia. Además del pacto por el que la OIEA lleva años monitoreando la actividad nuclear de Irán, lo que ha quedado herido de muerte es la negociación y el acuerdo como instrumentos para evitar conflictos. Leer más

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El show de la paz

Donald Trump planea reunión con el líder norcoreano y alimenta su propia candidatura a una distinción impensada.

Poco después de haber estado despeinando el cielo japonés con misiles que sobrevolaban Hokkaido, y de haber sacudido los sismógrafos asiáticos con detonaciones subterráneas que incluyeron una bomba termonuclear, Kim Jong Un fue elogiado por Donald Trump y recibido con abrazos y besos por el presidente surcoreano.

La desmesura caracteriza al insólito acercamiento del líder de Corea del Norte a los países que poco antes había amenazado con un ataque que los convertiría en “infiernos ardientes”. Confirmando la extraña desmesura, el presidente surcoreano propuso a Trump para el Nobel de la Paz.

Aunque esa distinción se hayan otorgado a varios personajes cuestionables, resulta desopilante que, para Moon Jae In, el premio que recibieron Mandela y Luther King deba entregarse al hombre que más dañó la imagen de Estados Unidos por sus xenófobas políticas inmigratorias, por sus gestos y pronunciamientos racistas, por insultar a países pobres llamándolos “agujeros de mierda” y por denostar a los mexicanos.

¿Cuál habría sido, según el presidente Moon, el aporte de Trump al cambio de Kim Jong Un? ¿Haber amenazado con “devastar” Corea del Norte? ¿Una amenaza de genocidio se premia con un Nobel? ¿Fue aquel exabrupto lo que causó el giro norcoreano? ¿Por qué Kim sacrificaría su arsenal firmando un acuerdo con Trump, justo cuando está por sacar a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán?
Más lógico es pensar que, si de verdad hay un cambio y no una actuación como las que tantas veces hicieron su padre y su abuelo, se debe a que China por primera vez aplicó sanciones, en lugar de simularlas. Corea del Norte no puede subsistir sin el petróleo que le envía China y sin que Beijing le compre su carbón. Y Xi Jinping apretó al líder norcoreano porque éste lo desafió asesinando a un protegido de China: su hermano Kim Jong Nam.

Desmesurado. El encuentro de los líderes coreanos debía ser sobrio. Al fin de cuentas, quien cruzaba la frontera es considerado un criminal atroz. Fue Corea del Sur la que denunció que, al asumir, ejecutó a su tío Jang Song Taek haciéndolo devorar por 120 perros hambrientos. Seúl también reveló centenares de asesinatos en sus recurrentes purgas y dijo que, a un ministro que se durmió durante un discurso suyo, lo hizo fusilar con un cañón antiaéreo.

A esos crímenes los denunció el país cuyo presidente recibió al supuesto monstruo con abrazos, sonrisas y fotos tomados la mano.

Debió primar la sobriedad pero primó la euforia. Kim fue recibido como si fuera un héroe de la paz y no el hombre que hizo asesinar a su hermano en el aeropuerto de Kuala Lumpur. Tanto espectáculo da la sensación de un gran acto publicitario. Las estrellas de esa publicidad son Moon, Trump y el líder norcoreano al que se brindó el escenario mundial para que su imagen de dictador totalitario sea reemplazada por la de pacificador.

La desmesura parece ocultar algo. Por caso, un acuerdo entre los tres para montar un espectáculo que los promocione como grandes estadistas. Y sobre la desnuclearización prometida se verá después.

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Secuestros en Ecuador: La vuelta de las FARC

Como un residuo tóxico, los batallones que no firmaron la paz en Colombia están sacudiendo Ecuador con sus secuestros y crímenes.

En Colombia, ni la disolución de los carteles de Medellín y Cali fueron el final del narcotráfico, ni la firma del acuerdo de paz con las FARC trajo la paz y el final de esa guerrilla. El narcotráfico de poderosos jeques como Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela, se trasladó a México, dejando en Colombia una estela de pequeños narcotraficantes que no ostentan riqueza ni andan rodeados de sicarios armados hasta los dientes. Es la generación de narcos “invisibles”, que cedió a los poderosos cárteles mexicanos el mercado norteamericano, pero conquistó el mercado europeo. Con esas mafias más discretas negocian las FARC residual.

La paz firmada con Timochenko fue importante. Implicó el desarme y la desmovilización de siete mil guerrilleros. Pero el asesinato de tres ecuatorianos, seguido por el secuestro de una joven y pareja ecuatoriana que viajaba por la frontera de Colombia en una moto, les avisó a los colombianos que aún hay guerrilla en el país. Además del Ejército de Liberación Nacional (ELN), están los mil doscientos combatientes que dieron la espalda a las negociaciones que se realizaban en La Habana y luego rechazaron el acuerdo con el gobierno y acusaron de traición a la cúpula de la vieja guerrilla.

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Grieta brasilera: Reinventando a Lula

La izquierda ahora idolatra al líder que cuestionaban, y los liberales critican a quien elogiaban. Ninguno lo describe acertadamente.

El encarcelamiento de Lula puso a las grietas de toda Latinoamérica a supurar rencores y delirios. El obrero que llegó a la presidencia de Brasil, comenzó a ser manipulado ni bien los jueces supremos le bajaron el pulgar. Cada bando interpreta, desde sus filias y fobias, al líder del Partido de los Trabajadores (PT). Y esas interpretaciones deforman la realidad.

Curiosamente, para las izquierdas que abrazaron el populismo agresivo y para las derechas recalcitrantes, Lula da Silva es un izquierdista de alto voltaje que hizo populismo desenfrenado. Los dos extremos del arco político coinciden en el mismo error. Unos describen lo que aman y los otros describen lo que odian, pero ninguno describe al verdadero Lula.

El verdadero es el que gobernó con lucidez y pragmatismo. No se parece a Fidel Castro ni a Hugo Chávez. Se parece, más bien, al líder socialdemócrata que reafirmó a España en el capitalismo con Estado de Bienestar, incorporándola a la OTAN para que pueda ser parte de la Comunidad Europea.

Lula fue el Felipe González de Brasil. O sea, el socialdemócrata pragmático que supo sacar de la pobreza a millones de personas, sin atacar a las empresas sino, por el contrario, entusiasmando al empresariado para que se vuelque de lleno a la inversión. Cuando Fernando Henrique Cardoso transitaba su segundo y último mandato, sabía que su mejor sucesor sería Lula, porque un gobierno del PT que no se apartara de los lineamientos macroeconómicos que él había comenzado a trazar desde que era ministro de Hacienda del presidente Itamar Franco, era lo que faltaba para consolidar la confianza de los inversores y del capitalismo mundial en el rumbo de Brasil. Leer más

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La gran simulación de otra “Guerra Fría”

Lo que intenta ocultar la crisis diplomática entre Rusia y las potencias de Occidente.

Extraña paradoja: la crisis es real y, al mismo tiempo, una gran simulación. La cantidad de diplomáticos expulsados de uno y otro lado, sumado a la cantidad de países involucrados, confiere una magnitud descomunal a la tensión entre Rusia y las potencias de Occidente. Sin embargo, la crisis tiene pliegues que revelan sugestivas sobreactuaciones.

La reacción de Estados Unidos es sobreactuada. No parece razonable que haya expulsado el doble de funcionarios rusos de los que expulsó Gran Bretaña, el país donde ocurrió el hecho que detonó la crisis: el envenenamiento de Serguey Skripal.

Por otro lado, si de verdad se quiere golpear al gobierno ruso porque se lo considera autor de un crimen gravísimo, las sanciones serían económicas, o se aplicarían boicots que duelan verdaderamente. Como en 1980, cuando Washington impulsó el boicot a los Juegos Olímpicos que se disputaban en la URSS como castigo por la invasión soviética de Afganistán. O en el 2014, cuando el Consejo Europeo impuso duras sanciones económicas por la anexión de Crimea. Al lado de ese tipo de acciones, las sanciones diplomáticas son castigos tenues, porque se pueden revertir velozmente sin que dejen daños como los que provocan las sanciones económicas.

Si las potencias occidentales de verdad quisieran golpear duro al gobierno ruso por ser un criminal serial, entonces tendrían la pelota picando en la puerta del arco. Y esta imagen es más real que metafórica, debido al mundial de fútbol con que Putin se apresta a colocar su país en el escenario donde convergerá la mirada global. Gran Bretaña no ha sido convincente en su denuncia de que a Skripal lo envenenaron por orden de Putin. El informe de seis páginas en el que fundamenta tal certeza, no tiene pruebas sólidas. Leer más

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Caso Facebook: De ciudadanos a usuarios

El escándalo de la red social confirma la nueva era en la historia de la manipulación.

El ágora de este tiempo está en las redes sociales. El escándalo por las filtraciones de la red social Facebook revela que, en las democracias occidentales del siglo XXI, el “ciudadano” está dando paso al “usuario”.

En esta nueva era, la política ya no se piensa en términos de burguesía, campesinado o proletariado. Tampoco en términos ideológicos. La política se piensa en términos de usuarios. La mayoría de los usuarios habita en aldeas con identificación tribal. La política consiste, cada vez más, en identificar esas tribus y, dentro de ellas, identificar a cada miembro, o sea a cada usuario. Una vez identificado, se puede compaginar la “psicografía” que permita elaborar propaganda política hecha a la medida de sus gustos, sus filias y sus fobias.

En las redes sociales, la personalidad de cada usuario se exhibe como en un reality show. Además de sus semejantes y de legiones de curiosos, que también son usuarios, hay observadores expertos en manipulación psicológica. Ellos hacen de cada aldea tribal, el coto de caza de los rasgos que permitirán el diseño psicográfico para calibrar la propaganda personalizada.

Ese nivel de manipulación ya era conocido por algunos y fácil de suponer para la mayoría. Pero la filtración masiva de datos personales extraídos de Facebook y utilizados para la manipulación propagandística en favor de Donald Trump, se ha convertido en el aviso más claro y elocuente del rasgo de este tiempo. La muestra más oscura de lo que implica el paso de ciudadano a usuario, que también es el paso del habitante de un país y miembro de un determinado círculo social, a habitante de una aldea en la web y miembro de una tribu. Leer más

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Putin for ever: El detrás del triunfo electoral del líder ruso

El poder invencible del hombre que restauró el orgullo nacionalista eslavo y puso a Rusia de nuevo en el tablero estratégico mundial.

Vladimir Putin es un déspota que, mientras tenga el poder, hará del Estado de Derecho y de la institucionalidad republicana el ropaje que cubre la naturaleza autocrática de su gobierno.

Pero no es un déspota más entre los tantos que han habitado el Kremlin. Con la astucia de un lobo siberiano y la sangre fría de Iván el Terrible, ha reconstruido el orgullo nacionalista ruso y lo ha convertido en su fortaleza inexpugnable.

Primero le curó las heridas que le habían causado los mujaidines afganos. Después lo vengó a sangre fuego de la derrota frente a los independentistas chechenos en la primera guerra del Cáucaso.

Con expansiones territoriales siguió alimentando el nacionalismo ruso. Primero sacando al ejército georgiano de Abjasia y Osetia del Sur, y después devolviendo a Rusia su perla del Mar Negro que Nikkita Jrushev había entregado a Ucrania en la era soviética: la península de Crimea y su estratégico puerto de Sevastopol.

El nacionalismo ruso rescataba el orgullo imperial que había quedado sepultado en los escombros de la URSS y había sido avergonzado por las borracheras y desvaríos de Boris Yeltsin. Con Putin, el pueblo ruso volvía a sentirse protegido por un líder implacable. Ese que respondía con masacres a los atentados y las incursiones terroristas. Leer más

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Demagogia globalizada: rebrote europeo de la derecha

Con el aval del ideólogo de Trump, la ultraderecha que quiere desarmar la UE crece a pesar del extravío británico tras el Brexit.

La historia está de nuestro lado”, proclamó a las ultraderechas europeas. Los seguidores de Le Pen lo aclamaron como si fuera De Gaulle llamando a Francia a ponerse de pie frente al nazismo y el régimen de Vichy. El hombre que lanzó esa frase con eco de grandeza histórica, es Steve Bannon. El ideólogo de Donald Trump. Pasó por Europa huérfano del poder que había tenido en la Casa Blanca y que perdió en un santiamén. Pero lo acompañó el aura de haber ayudado a llegar al Despacho Oval a un personaje tan vulgar y grotesco como ajeno al establishment político norteamericano, dotándolo de un programa racista y xenófobo, además de nacionalista y “desglobalizador”. Por eso exhortó a la ultraderecha europea a “llevar como una condecoración” las acusaciones de racismo y xenofobia que les hacen.

Referente. ¿Quién se atreve a reivindicar lo despreciable? El ideólogo de Trump. ¿Por qué? Porque sabe que la desglobalización es una etapa que agrieta a los sistemas imperantes y, por ende, debilita a los establishments y a las dirigencias convencionales. Un tiempo en el que la carta ganadora es la promesa de patear tableros. Las ideas horribles resultan más atractivas que las ideas racionales, porque la racionalidad política no revierte la creciente incertidumbre sobre el futuro que atormenta al hombre actual, ni detiene la creciente desigualdad que produce el proceso de concentración de riqueza que se da a nivel global. La frustración que produce la impotencia política de los partidos tradicionales y las dirigencias convencionales, lleva votos a los extremistas, los demagogos y los impresentables. El anti-sistema, de izquierda en las económicas menos desarrolladas y de ultraderecha en las potencias de Occidente y en Europa Central, es la tentación del momento. No importa cuan impresentables sean sus dirigentes, ni cuan absurdas e intolerantes sean sus propuestas. Cuando la realidad asusta, crece la tentación de prescindir de la realidad.

Rebrote. Eso explica que sigan creciendo las fuerzas políticas euroescépticas, que proponen desenterrar las antiguas monedas nacionales y enterrar la moneda única o, lisa y llanamente, abandonar la Unión Europea como decidió hacerlo Gran Bretaña. Con los británicos deambulando erráticos en el laberinto del Brexit y descubriendo que hay más incertidumbre afuera de la UE que en su interior, lo mismo crece la base electoral de quienes claman por salir del sistema europeo, o al menos de la eurozona. Teresa May choca contra la pared una y otra vez, en su intento de lograr un Brexit sin costo económico para los británicos. Las encuestas insinúan que, de votar de nuevo, se impondría el “remain”. Pero la realidad le dice al Reino Unido que es tarde para arrepentirse y que tendrán que pagar muy caro su salto al vacío.

Con semejante lección a la vista, los italianos votaron masivamente a dos fuerzas adversas a la UE: el Movimiento 5 Estrellas y Lega.
La fuerza política que quedó en mejor posición para formar gobierno desciende de la Liga Norte, a su vez descendiente de la Liga Lombarda, el partido con que el desmesurado Umberto Bossi quería partir Italia a la altura del río Po para crear un país “rico” y separado de la “Roma ladri” y los “terrones” pobres del sur.

Matteo Salvini es tan extremista como Bossi, pero entiende que en este tiempo su radicalismo le sirve para gobernar toda Italia, y no sólo la porción más rica. Por eso quitó del nombre la palabra “Norte” que regionalizaba su partido, rebautizándolo simplemente Liga, para darle alcance nacional. Y logró ríos de votos incluso en ese sur al que tanto había menospreciado en sus discursos. La clave fue despotricar contra la moneda única y contra la Unión Europea, pero sobre todo proponer deportaciones masivas y el cierre de las fronteras a los inmigrantes que llegan de Africa y Oriente Medio.

Las mismas claves, aunque con menos agresividad, manejó el Movimiento 5 Estrellas, obteniendo como resultado nada menos que convertirse en el partido más votado. Pero más revelador es el caso de Salvini, que venció a Forza Italia porque su líder, Berlusconi, ya no era el engendro anti-sistema que despreciaban las elites europeas y al que, en el 2011, Merkel y Sarkozy lograron reemplazar por un gobierno de tecnócratas presidido por Mario Monti.
Salvini lo venció en el andarivel derechista porque Berlusconi ahora proponía como primer ministro al europeísta y presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani.

Referente. El hombre que derrotó a Berlusconi es un apologeta de Vladimir Putin. Y a sus votantes no les importó el envenenamiento del ex espía Serguei Skripal, ejecutado, como tantos otros asesinatos con las huellas digitales del estado ruso, en el territorio británico. Tampoco les importó a los votantes de Salvini las injerencias fraudulentas perpetradas por hackers rusos en el referéndum sobre el Brexit y otros actos comiciales europeos, además de la elección que convirtió a Trump en presidente.

Igual que las ultraderechas de Francia, Alemania y otros países europeos, Matteo Salvini admira al jefe del Kremlin tanto como a Marine Le Pen y al magnate que habita la Casa Blanca. Por eso recibió a Steve Bannon y se alagó con sus elogios. También lo recibieron los partidos anti-sistema de Alemania, aplaudidos por Bannon por haber logrado que a Merkel le costara meses formar un gobierno y que democristianos y socialdemócratas quedaran obligados a una no deseada “gran coalición” para frenar el avance del anti-sistema que crece por derecha e izquierda.

El asesor jefe de la campaña electoral de Trump fue expulsado del gobierno, pero no por haber perdido el afecto político de su asesorado, sino por haber perdido una batalla contra el aparto republicano. Bannon sigue siendo el ideólogo de las políticas xenófobas, proteccionistas y aislacionistas de Trump. La guerra comercial que puso en marcha sigue la línea trazada por su inspirador más controvertido.

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Como la Guerra Fría

Putin potenció una nueva carrera armamentista, anunciando un súper-misil nuclear que doblegaría el sistema defensivo de EE.UU.

Cuando Ronald Reagan anunció su “Guerra de las Galaxias”, los soviéticos entendieron que perdían la Confrontación Este-Oeste. Hasta ese momento, la carrera armamentista había consistido en acumular arsenales nucleares para devastar al enemigo. Se llegó de ese modo a la Destrucción Mutua Asegurada, que se convirtió en doctrina para garantizar una “Pax” con forma de “tablas” del ajedrez. Pero al anunciar aquel presidente norteamericano que su país había desarrollado un escudo espacial que, refractando rayos láser lanzados desde tierra a espejos montados en satélites, podía destruir cualquier misil intercontinental en vuelo hacia Estados Unidos, y cualquier misil táctico encaminado hacia alguna ciudad europea, el esquema de la destrucción mutua asegurada se alteraba drásticamente, porque la Unión Soviética perdía su capacidad de destruir a sus enemigos occidentales.

La Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), popularizada como Guerra de las Galaxias, daba vuelta una página de la carrera armamentista, inaugurando una nueva etapa en la que había un vencedor. Después se supo que Reagan había anunciado un escudo espacial que en realidad todavía estaba en estado embrinario y, de hecho, nunca llegó a concretarse en la forma que había descripto aquel presidente republicano. Pasaron varios años hasta que Estados Unidos pudo contar con un sistema defensivo capaz de inutilizar los proyectiles intercontinentales soviéticos, por tener la capacidad de cazarlos con misiles antimisiles en pleno vuelo. Leer más

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