Archivo de publicaciones en La Voz del Interior

El país en la rueda del hámster

La mayoría en las clases media y media baja ya no cree en las frases entusiastas ni en las certezas impostadas.

Lo óptimo es que la sociedad perciba a la economía como un tren que marcha sobre rieles. Las vías implican un rumbo que ha sido trazado para que la marcha conduzca a un destino predeterminado.

En las antípodas, está la peor de las percepciones: la sociedad ve a la economía como la rueda en la que gira un hámster, que corre sin avanzar hacia ningún lado.

El gobierno de Mauricio Macri nunca logró que la economía fuera percibida como el tren que marcha sobre rieles. Pero, hasta la corrida del dólar, lograba al menos que la mayoría no la percibiera como la rueda en la que el roedor corre inútilmente.

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Los caballeros de la mesa ratona

Desde el vamos, se advirtió que la herencia era tan grave que el pos-kirchnerismo necesitaba un acuerdo nacional.

Las correcciones y las decisiones acertadas no salen de los brindis triunfales, sino de los malos tragos que producen los errores cometidos. Brindar por triunfos puede embriagar, mientras que un trago amargo puede despertar la lucidez de la humildad.

El mal trago financiero parece haber sacudido la embriaguez que fue ensimismando a Mauricio Macri en una mesa que se achicó, dejando afuera a gente valiosa que procuraba entendimientos con la oposición.

Golpeado por la realidad, el Presidente miró más allá de quienes lo rodean, llamó a los propios que había marginado y habló por primera vez de un “gran acuerdo nacional”.

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Sabato, el escritor sin prólogo

Ernesto Sábato reconoció que fue pésimo reunirse con el general Jorge Rafaél Videla tras el golpe de estado de 1976.

Lo más valioso del humanismo de Ernesto Sabato es que se erguía, vigoroso, sobre el oscuro escepticismo que merodeaba en su mente. Ser humanista no tiene mayor mérito si se posee una mirada candorosa sobre la condición humana. Sabato no la tenía, pero lo mismo defendía la libertad, la integridad y la dignidad de las personas.

Al cumplirse siete años de su muerte, el país volvió a mostrarse distante con la creación y con la entrega de aquel hombre de sombría lucidez. Los olvidos y las apatías describen a una sociedad. Y no habla bien de los argentinos que, una vez más, hayan sido muy pocos los que evocaron al dueño de una vida sobria y dedicada a retratar y a defender lo humano.

Quizá por esa apatía, un grupo de apologetas de crímenes con “justificación” ideológica pudo ultrajar el voluminoso Nunca más para quitarle el prólogo de Sabato.

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Sin luz al final del túnel

Hasta aquí, a Macri lo ayudó el alivio de dejar atrás una “egocracia” agobiante. Pero ese alivio empieza a no alcanzar. Para que el resplandor aparezca, Macri deberá mirar más allá del pequeño círculo que lo rodea.

El mayor desafío para Mauricio Macri es que aparezca la luz al final del túnel. Nadie pretende fulgores que encandilen. Ni siquiera luminosidad suficiente para no andar a tientas. Sólo que aparezca, de una vez por todas, esa bendita luz al final del túnel.

Según el Presidente, iba a aparecer en el segundo semestre del primer año. De ahí en más, crecería e iluminaría de a poco el trayecto por el túnel. En esa instancia, ya no habría dudas de que el rumbo elegido era correcto y que, en la desembocadura, un sol radiante disiparía las tinieblas.

Nada de eso ocurrió. Y a esta altura, la persistente oscuridad empieza a resultar insoportable. Sobre todo para la clase media. El Gobierno descargó en ella el peso del ajuste.

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El ataque a Siria, un desafío que apunta a Rusia

 

Un soldado sirio filma el resultado del ataque del viernes contra un centro de desarrollo científico, cerca de Damasco. Fue uno de los blancos de EE.UU., de Francia y del Reino Unido. (AP)

LO MÁS IMPORTANTE

  • Los bombardeos de EE.UU., Francia y Reino Unido destruyeron tres objetivos estratégicos, pero se registraron apenas tres heridos.
  • Esto indica que hubo contactos con Rusia antes del operativo y que la acción militar fue más simbólica que real.
  • También, un mensaje a Putin.

Más que una verdadera pelea, parece capoeira. La simulación de una pelea sobre el escenario sirio. Una lluvia de misiles dejó como víctimas apenas tres heridos. Un régimen experto en victimizarse mostrando cuerpos destrozados esta vez no tenía muertos para describir el “crimen” sufrido. Ese no parece el resultado de un ataque con pretensión demoledora.

Los voceros del Pentágono y de la Casa Blanca que negaron contactos previos para avisar a Rusia de la acción en marcha mintieron. Poco después de esas falsas afirmaciones, trascendió que Emmanuel Macron había hablado con Vladimir Putin para anunciarle el plan en marcha. Seguramente hubo también avisos estadounidenses. Moscú debía saber cuáles serían los blancos atacados, para que no hubiera rusos en ellos. Y si Moscú sabía cuándo y dónde, lo informó de inmediato al régimen sirio. Por eso no hubo muertos, ni sirios ni rusos, en los tres sitios devastados.

Las impredecibles consecuencias de un ataque que verdaderamente tuviera por objetivo castigar al régimen de Bachar al Asad y sus aliados parecen haber persuadido a los atacantes de que, al menos por el momento, es preferible escenificar una acción militar con más valor simbólico que real.

De todos modos, no es un acontecimiento menor. El ataque norteamericano, británico y francés equivalió a golpear la mesa para recordar a Rusia que las potencias de Occidente tienen algo que decir sobre la posguerra en Siria.

Para que el mensaje sea escuchado, había que mostrar nuevos armamentos, como los misiles norteamericanos JASSM, además de refrescar la memoria sobre el poder de los Storm Shadow lanzados desde los Tornado británicos, o el poderío del B-1. Estas naves supersónicas estadounidenses, más que realizar ataques, se exhibieron en la atribulada madrugada siria. La demostración de fuerza tuvo por objetivo sentarse a la mesa que diseñará el futuro del país arrasado por la guerra civil.

 

Los tres objetivos

Los tres objetivos

Rusia se había adueñado de la escena, porque su intervención salvó al régimen alawita de la derrota. De ese modo, Rusia no sólo conservará su base naval en Tartus, concedida a la ex Unión Soviética en los ’70. También amplió su presencia en el tablero geoestratégico de Oriente Medio. Pero como el aporte militar iraní no fue menor, también la teocracia persa estará en la mesa que diagramará el poder posguerra.

Como Recep Erdogan, en uno de sus acostumbrados giros copernicanos, depuso su obsesión por la caída de Asad; y como los enemigos a los que quiere borrar del mapa, los milicianos kurdos del nordeste sirio, son protegidos de Washington, a Turquía se le concedió también un lugar en la mesa que preside Rusia. Las que no tenían sillas en esa mesa eran las potencias de Occidente que actuaron contra Isis y apoyaron milicias sirias rebeldes.

El desafío para las potencias noroccidentales parecía imposible: ofender a Putin sin que este reaccionara con verdaderas represalias. En definitiva, casi no hay antecedentes de choques directos entre Estados Unidos y Rusia. Para encontrar uno hay que remontarse a 1960, cuando los soviéticos derribaron un avión espía U-2 que sobrevoló Kazajstán y los Urales fotografiando bases militares. Eisenhower y Jrushev supieron reconducir la situación para evitar una escalada incontrolable.

Dos años después, la “crisis de los misiles” puso a las dos superpotencias de nuevo en la cornisa, pero Jrushev, esta vez con John Kennedy, logró evitar la escalada.

En la era postsoviética, los dos más graves picos de tensión fueron en los ’90, cuando la Otan atacó a las milicias serbias en Bosnia y luego en Kosovo. El presidente ruso Boris Yeltsin había amenazado con la intervención rusa, pero eso no ocurrió. La diferencia entre aquella Yugoslavia y esta Siria es que en los Balcanes no había fuerzas rusas. En el país árabe las hay, son protagónicas y su jefe no es el titubeante Yeltsin, sino el implacable Vladimir Putin.

Para los gobiernos de las potencias, lanzar duras advertencias y después no actuar en consecuencia equivale a mostrarse humillados y débiles. El presidente ruso tiene que responder de algún modo. Más aún después del comunicado de Anatoly Antonov, su embajador en Washington, diciendo que Putin fue insultado y que habrá consecuencias.

Moscú está obligado a responder. Y es posible que esa respuesta, igual que el ataque noroccidental, también tenga más de simulación que de realidad.

Cumbre de Lima: Apoyo a los ataques

Los jefes de Estado también pidieron evitar una escalada.

Jefes de Estado reunidos en la Cumbre de las Américas de Lima apoyaron, directa o indirectamente, los bombardeos lanzados en Siria por Estados Unidos, aunque llamaron a evitar una escalada.

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La colonización de la historia

Más desoladora que la orfandad del 2 de abril es la colonización del 24 de marzo, sin que nadie salga al cruce de los usurpadores.

Una conmemoración queda huérfana, mientras que otra es apropiada por colonizadores políticos. La recordación de Malvinas está a la sombra de la encrucijada que plantea en la memoria nacional. Más allá del heroísmo de soldados y de oficiales, y más allá del valiente profesionalismo de los pilotos, el 2 de abril evoca el temerario aventurerismo de un dictador incompetente y su régimen criminal.

Más allá de los derechos argentinos y de una ocupación británica que ni siquiera se encargó de poblar las islas, la operación ordenada por Leopoldo Galtieri fue un crimen más de la dictadura contra la sociedad, empezando por los soldados y los oficiales que murieron en el archipiélago.

Pero la peor encrucijada para la memoria está en el hecho de que la derrota fue mejor que una improbable victoria, porque de haber conseguido algo que se pareciese a un triunfo, se habría prolongado la dictadura que, además de exterminar personas, exterminó la economía de producción. Leer más

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Maquiavelismo contra privilegios inaceptables

Que colegios donde se educan las clases medias y altas reciban lo que falta en escuelitas rurales es una realidad que debiera incomodar a la iglesia.

El macrismo recurre demasiado al maquiavelismo. Por caso, los trolls que tienden emboscadas en las redes y, peor aún, el silencio oficial ante la difusión pública de conversaciones privadas de Cristina Fernández.

La primera es una práctica importada de Rusia por el chavismo; la segunda tiene matriz totalitaria.

Milan Kundera cuenta, en La insoportable levedad del ser y citando el caso del novelista Jan Prochazka, cómo los aparatos de inteligencia checoslovacos grababan conversaciones de disidentes y las hacían difundir por la radio, porque consideraban que escuchar a disidentes prestigiosos hablar con palabras vulgares y criticar a otros disidentes mancillaba la imagen de esos críticos del comunismo.

El kirchnerismo ostentaba sus tics totalitarios, pero eso no justifica que el macrismo continúe con algunos particularmente deleznables.
Develar informaciones incómo-das, como hizo con los abultados sueldos que obispos y arzobispos reciben del Estado, no es un tic totalitario, pero es maquiavelismo, porque no lo hace para corregir la aberración, sino para devolver los ataques que recibe desde la jerarquía eclesiástica.

Pero si bien la estratagema es turbia, la realidad que revela es inaceptable. Obispos y arzobispos reciben salarios parecidos a los de los jueces por una decisión del ultracatólico y criminal Jorge Rafael Videla, tomada en un tiempo en el que hubo obispos y sacerdotes como Enrique Angelelli y Guillermo Mariani que actuaron con dignidad en medio del silencio institucional que diferenció a la Iglesia argentina de la que, por ejemplo, enfrentó a la dictadura en Chile.

Está bien que el Estado dé dinero a Cáritas, una organización católica de inmensa eficacia y honestidad para convertir esos aportes en ayuda indispensable a los desesperados.

Es razonable canalizar ayuda estatal a través de organizaciones sociales y religiosas transparentes y eficientes. Pero no es razonable pagar sueldos suculentos a jerarcas eclesiásticos.

Otras injusticias

Tampoco es razonable subvencionar a los colegios católicos con más dinero que a los colegios privados laicos. Esa inequidad en la subvención a la educación privada es injusta.

La Iglesia convive sin cargo de conciencia con esa injusticia. Que colegios donde se educan las clases medias y altas reciban lo que falta en escuelitas rurales es una realidad que debiera incomodar a la Iglesia. No es justo ni razonable colocar a los colegios católicos por encima de los privados laicos y de las escuelitas perdidas en los montes.

Si el espíritu reformista de Francisco es real, terminará enfrentando esas inequidades y haciendo que la Iglesia renuncie a todo privilegio injusto. Eso la preservaría en un tiempo de laicismo que, tarde o temprano, exigirá la reforma constitucional para eliminar el artículo 2, que “sostiene el culto católico apostólico romano”, otorgándole de ese modo un estatus jurídico privilegiado respecto de las otras religiones.

Ninguna sociedad laica cuestiona aportes públicos a las monjas que cuidan huérfanos o socorren heridos en zonas de conflicto. Tampoco a los sacerdotes que construyen solidaridad en lugares remotos o en barrios marginales. Pero, a esta altura, la existencia de privilegios para estructuras religiosas que se apoyan en el Estado para aventajar a otras religiones y al laicismo está fuera de lo justo y razonable.

Macrismo “laclausiano”

Jaime Durán Barba está siguiendo puntillosamente a Ernesto Laclau. El teórico del populismo sostiene que en la sociedad se van produciendo demandas irrefrenables y que los gobiernos deben ponerse al frente. Son como olas que los líderes deben conducir, para no ser arrasados por ellas. Siempre avanzan contra viejas injusticias convertidas en statu quo.

Antes que Laclau, lo había apuntado Felipe González. Desde su pragmatismo, el exmandatario español sostiene que no importa si el líder está de acuerdo o no con esas demandas. Debe ponerse al frente y canalizarlas.

Eso debiera hacer el macrismo, en lugar de usarlas en sus duelos sectoriales. También debiera instruir a sus trolls para no igualar lo inigualable en sus ataques.

Que un Papa envíe un rosario bendecido a una persona encarcelada es acorde con la filosofía evangélica.

En cambio, bendecir camisetas para enviar a un sindicalista o a quien sea no tiene que ver con el espíritu evangélico, sino con el fetichismo milenarista.

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La libertad y la imposición

Los legisladores deben debatir concentrados en la salud pública y en interpretar a sus representados. La legalización permite abortar en condiciones seguras de salubridad a quienes tomen la decisión de hacerlo.

“Yo estoy a favor de la vida, pero no se lo impongo a nadie”, dijo el presidente Mauricio Macri al referirse a su decisión de elevar al debate parlamentario la cuestión del aborto.

En lugar de declararse “a favor de la vida”, debió decir que está “en contra del aborto”. De haberlo dicho así, hubiera sido igual de franco y también hubiese dado coherencia a la palabra con la acción.

Para abrir un debate, hay que usar expresiones que lo abran y no que lo clausuren. Por cierto, los que son contrarios a la legalización pueden sentirse “a favor de la vida”, como también pueden hacerlo (y de hecho muchos lo hacen, aunque con otras palabras) los que son favorables a legalizar la interrupción de embarazos para que no mueran tantas mujeres.

Si Macri hubiera dicho “estoy en contra del aborto”, sus palabras hubiesen sido coherentes con el acto de abrir el debate. La frase que utilizó, en lugar de abrir debates, los clausura, porque expresa la proclama de una posición basada en convicciones absolutas. Leer más

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Macri, entre lo malo y lo peor

De no mediar correcciones, habrá cada vez más gente dispuesta a trepar al tren fantasma si la lleva a una protesta contra Macri.

El mayor problema no es que haya un sindicalismo con menos calidad que negocios turbios. El mayor problema es que un sindicalismo de esa estofa se mantenga fuerte, gracias a un equipo económico que chapotea en un charco creyendo que nada hacia la prosperidad.

Lo más grave no es que Hugo Moyano haga una protesta para zafar de sus problemas personales con la Justicia. Lo más grave es que, a pesar de ser obvio que la hace para zafar de sus problemas personales con la Justicia, la protesta sea multitudinaria.

Lo oscuro no es que el líder camionero tenga evidentes dificultades para explicar su relación con empresas y negociados. Lo oscuro es que, a pesar de esa evidente dificultad, muchísima gente acompañe su acto contra el Gobierno nacional.

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Macri, en un campo minado

El peronismo, que tiene bien desarrollado el olfato sobre la salud o la debilidad del poder, está oliendo sangre. La serenidad que intenta transmitir el gobierno de Macri choca contra indicadores negativos.

¿Sería futurismo mágico imaginar al Papa bendiciendo la unidad del peronismo? Quizá ni tan futurista ni tan mágico. Cada vez hay más llamadas al Vaticano. Aumentan de manera proporcional al crecimiento de vaticinios sobre la caída de Mauricio Macri.

Eugenio Zaffaroni y varios más dicen fuerte lo que una multitud en su vereda política susurra. “Macri gobierna tan mal que caerá antes de terminar el mandato”, afirman, palabras más palabras menos, muchos sindicalistas, kirchneristas y peronistas, con excepción de algunos gobernadores.

Los más decentes expresan el mismo deseo, pero por la negativa. Son los que empiezan diciendo “yo no quiero que Macri se vaya antes, pero…”. Todos los que comienzan una argumentación con esa frase quieren que el Gobierno caiga cuanto antes, del mismo modo que quien empieza diciendo “tengo amigos judíos” seguro es un tremendo antisemita.

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