Boudou con efecto dominó


Lo que mostró el Día de la Independencia argentina es la dependencia de un gobierno respecto a un hombre: Amado Boudou. Que procesado y salpicado por una ola de acusaciones, el vicepresidente haya encabezado los actos de la fecha patria, parece confirmar que la presidenta y su partido tienen la suerte atada a la de un hombre que se aferra al cargo a pesar de su espantosa situación judicial.

Cristina Kirchner sabe que, presidiendo el palco oficial en Tucumán, Boudou incomoda a una porción inmensa de argentinos. No obstante, esconderlo también es políticamente incómodo.

En el gobierno hubo quienes recomendaron que sea Gerardo Zamora, tercero en la línea sucesoria, quien reemplazara en Tucumán a la convaleciente presidenta. Pero como la suspensión de su viaje a Paraguay dejó la sensación de que la aludida convalecencia fue una excusa para que Boudou no atizara las críticas quedando a cargo de la Presidencia, que también en Tucumán se ocultara al vicepresidente hubiera demostrado que el gobierno lo asume como un impresentable.

¿Y por qué genera críticas y malestar la segunda autoridad de la Argentina? Porque otros casos en el mundo confirman que, en tales circunstancias, de no existir razones inconfesables y oscuras, el vicepresidente debió dar un paso al costado o afrontado un juicio político.

A sólo dos semanas de haber sido señalado en el caso de escuchas ilegales del espionaje español a principios de la década del `90, el vicepresidente Narcís Serra renunció a su cargo para no perjudicar al gobierno de Felipe González.

En 1973 Richard Nixon pidió la renuncia a su vicepresidente Spiro Agnew, ni bien quedó procesado por recibir sobornos cuando era gobernador del Estado de Maryland.

Si Nixon renunció para no afrontar el juicio político por el caso Watergate, fue porque se sabía culpable y lo perdería inexorablemente. En cambio, sabiéndose inocente, Clinton afrontó el juicio político que un conservadurismo recalcitrante le impuso pretendiendo convertir en delito un pecado marital.

En Brasil, Collor de Mello renunció a la Presidencia denunciado por su propio hermano Pedro y presionado por su propio partido, cuando quedó a la vista la corrupción administrada por su colaborador “PC” Farías.

El vice argentino no renuncia y no afronta el juicio político. Ni siquiera da un paso al costado pidiendo licencia sino que, por el contrario, obliga a la presidenta y al gobierno a sostenerlo y liberarlo del impeachement, acrecentando la sospecha de que su caída tendría efecto dominó.

En el palco oficial del festejo patrio comenzaba la hilera de fichas, que parece terminar en la jefa de Estado.

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