Avanza el trotskismo en Argentina

Salta, nada menos que la conservadora, tradicionalista y católica ciudad de Salta, le dio un triunfo contundente al Partido Obrero (PO). Una fuerza que adhiere al marxismo trotskista venció al peronismo y se llevó la mayoría de las bancas para diputados, senadores y concejales.

El kirchnerismo y las otras fuerzas observan desconcertados este fenómeno sin antecedentes en el mundo. El trotskismo crece en Argentina. Es un fenómeno electoral, con estupendos resultados en las legislativas de octubre, conquistando un número de bancas que jamás había tenido.

¿A qué se debe este ascenso? En parte a que cada vez son más los izquierdistas que no creen que el gobierno kirchnerista sea de izquierda. La emigración favorece al Partido Socialista, de perfil socialdemócrata, y también a los trotskistas de Jorge Altamira.

De este modo, las dos veredas marxistas reeditan en Argentina una antigua pulseada. El Partido Comunista está con el kirchnerismo mientras los trotskistas, como siempre en todo el mundo (salvo algunas de sus expresiones en Uruguay y Brasil) están en la oposición al gobierno y acusan al PC de traicionar una vez más el pensamiento marxista al respaldar un liderazgo verticalista, con culto personalista y concentración monárquica del poder en un jefe, rodeado de una burocracia de cortesanos.

En eso, el trotskismo ha sido siempre coherente. Su impulsor, Lev Davidovich Bronstein, alias León Trotski, fue una figura clave en la revolución bolchevique. Su protagonismo está manchado de sangre al frente del Ejército Rojo, pero nunca traicionó sus principios revolucionarios.

Fue coherente al considerar que el PCUS traicionó la revolución porque, en lugar de dar “todo el poder a los soviets” como proclamó Lenin, acaparó “todo el poder” en el Politburó, la alta burocracia partidaria.

Por eso, antes de morir asesinado en México por el largo brazo del KGB, Trotski fundó la IV Internacional y sus descendientes nunca integraron ni apoyaron los totalitarismos o “socialismos reales”.

Diferenciándose del PC, el trotskismo argentino señala las diferencias entre el discurso kirchnerista y una realidad en la que ve corrupción, verticalismo monárquico, represión encubierta y “capitalismo de amigos”.

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