Acusar a la víctima

Es común en una etapa temprana de la niñez reaccionar ante el reproche con una estrategia refractaria.

Si la madre, al verlo hecho un enchastre, le dice “cochino”, el niño que refracta reproches le responderá “vos sos cochina”. Y si la madre vuelve a la carga diciéndole “sos vos el que tiene comida en toda la cara”, sin perder la calma el niño replicará diciendo “vos tenés comida en la cara”.

Trump recurrió a esa estratagema infantil para explicar los paquetes-bomba que recibieron opositores y críticos. Todos los receptores de la letal encomienda tienen en común ser opositores o fuertemente críticos al presidente. Pero más significativo es que también tienen en común ser constantemente denostados por Trump.

Sin embargo, después de larguísimas horas sin pronunciarse sobre lo ocurrido, el presidente por fin habló y dijo que la culpa la tienen los medios de prensa.

Podría haber recurrido a una teoría conspirativa, diciendo por ejemplo que los intentos de atentado fueron perpetrados por enemigos de su gobierno. Con el objetivo de perjudicarlo, esos enemigos simularon atacar a los dirigentes de la principal fuerza opositora, al millonario que financia sus campañas, a medios de prensa que cuestionan duramente su forma personal de gobernar y al exponente de Hollywood más duramente crítico con todo lo que él representa.

Solo uno de los tantos violentos que se sienten identificados con Trump y reivindicados por lo que dice y hace, podría montar una operación tan amenazante contra líderes demócratas como Obama, Biden y el matrimonio Clinton, la cadena CNN y un crítico duro y tenaz como Robert De Niro, además del exdirector de la CIA que calificó de “traición” a Estados Unidos la conferencia de prensa en Helsinki en la que, tras una cumbre, el presidente le dio la razón en todo a Vladimir Putin.

Recurrir a una teoría conspirativa habría tenido más lógica que culpar a los atacados de haber incitado a sus atacantes. Pero Trump recurrió a la absurda estrategia refractaria que resulta comprensible en un niño, pero patética y oscura en un presidente.

Por eso su mensaje no revirtió la lectura de los hechos que se generalizó desde el principio. Al contrario, apuntaló la posibilidad de entender la ola de encomiendas explosivas como una muestra del clima de violencia social que se genera como consecuencia de la violencia que irradia el discurso de Trump.

Si el presidente prescinde de su responsabilidad de actuar como un mandatario de todos los ciudadanos y, siguiendo los manuales del populismo, actúa como el agresivo jefe y agitador de una facción, provocará la acción de los facciosos.

Cuando el máximo liderazgo irradia violencia, los espíritus violentos se sienten habilitados para actuar contra todo lo que el discurso sectario señala como enemigo, aplicando (consciente o no) la regla para dividir la sociedad que detalló Carl Smith en El Concepto de lo Político y que aplicaron desde el nazismo hasta el castrismo, pasando por los demás autoritarismos de izquierda y derecha.

Share

Comentarios