Turbulencias que sacuden al Papa

De todos los contratiempos que pasó en su viaje a Irlanda, el peor no fue enterarse en Dublin de la carta en la que el arzobispo Viganó le exige la renuncia al Trono de Pedro, acusándolo de encubrir los delitos sexuales contra niños del cardenal Theodor McCarrick.

Carlo María Viganó expresa un sector recalcitrante de la curia; es un acusador serial que pocas veces prueba sus altisonantes denuncias y destila una homofobia que lo lleva al aberrante desvarío de considerar que los sacerdotes pederastas actúan así porque “son homosexuales”.

El problema del Papa es que también él es homofóbico. Lo demostró cuando era cardenal, diciendo que el matrimonio igualitario es un “plan de Satanás”. Y ahora volvió a demostrarlo en el avión que lo llevaba de regreso a Roma, al sugerir que los niños que muestran síntomas de homosexualidad deben recibir tratamiento psiquiátrico.

Al tsunami de indignación que generó ese comentario, lo agravó un burdo intento de ocultarlo. El Vaticano borró esa frase de la transcripción que hizo del diálogo entre Francisco y periodistas en el avión.

La adulteración de lo dicho por el Papa minó aún más la confianza del mundo hacia la cúpula eclesiástica. La razón que lleva décadas socavando esa confianza es “el pecado estructural” de la iglesia: la pedofilia.

Ese flagelo lo llevó a Irlanda buscando recuperar la diluida influencia de la iglesia sobre el pueblo que, a partir de San Patricio, hizo del catolicismo un rasgo de identidad nacional. Pero lo que encontró Francisco fueron duras críticas contra la protección del clero a los sacerdotes pederastas, además de un cuestionamiento lapidario del primer ministro irlandés.

Leo Varadkar, el hombre que llegó al gobierno tras admitir públicamente su homosexualidad, le dijo al Papa que ya no alcanzan sus pedidos de perdón, porque lo que se necesita “no son palabras, sino acción”. Y la única acción posible frente a un mal que constituye la regla y no una excepción, es la reforma de la estructura institucional que incuba pedofilia desde hace siglos.

Esa reforma pasa por debatir el celibato, que terminó de instituirse en el Concilio de Trento del siglo XVI, que también decidió restaurar la inquisición, y tiene como principal antecedente el II Concilio de Letrán del siglo XII, que además decidió la excomunión de los laicos que no pagaran diezmos, y prohibir a monjes, sacerdotes y diáconos el estudio de “materias profanas como la medicina”.

Pero la reforma imprescindible es la que termine con una estructura de poder terrenal que tiene el instinto medieval de gravitar sobre el Estado y mantener a sus miembros al margen de la Justicia secular.

A esa reforma sólo puede impulsarla un Papa de vocación verdaderamente transformadora. Y ese no parece ser el caso de Francisco.

Share

La peor de las estafas

El esquema de corrupción que sacude a la Argentina es como un tumor cuya existencia casi todo el país percibía pero una parte del país negaba.

Estaban los síntomas y eran perceptibles. Muchos en la prensa y la sociedad los describían, mientras otros muchos en la sociedad y la prensa los desmentían.

Lo que está ocurriendo desde la aparición de los cuadernos del chofer que transportaba fortunas y su inmediata consecuencia, la ola de confesiones de empresarios y funcionarios arrepentidos, es que ahora la sociedad tiene ante sus ojos la biopsia y las radiografías que muestran el tamaño y los rasgos del tumor. Por lo tanto, ya no es posible negar la realidad que siempre fue perceptible, aunque no absolutamente verificable.

En la Argentina ese tipo de tumores tenía antecedentes; no obstante, la radiografía muestra que al más grande y voraz de los carcinomas que carcomieron al Estado, lo originó Néstor Kirchner. También es perceptible su esposa en el núcleo del tumor, además de verse nítidamente muchos de los tentáculos con que devoraba riquezas públicas.

La protección que varios senadores peronistas están dando a Cristina permite suponer que existen numerosas metástasis entre intendentes y gobernadores. No por defender a la ex presidenta, sino para evitar sentar un precedente de vulnerabilidad de los fueros que quizá pronto necesitarán para protegerse, hay gobernadores que públicamente critican a Cristina, pero por lo bajo ordenan a sus respectivos senadores no dar quórum a las sesiones que podrían desaforarla.

La otra realidad, antes perceptible y ahora comprobada, es que hubo dos modalidades de corrupción público-privada. Una era la “coima” y la otra el sobreprecio.

Es importante distinguirlas en diferencia y gravedad. Tanto la coima como el sobreprecio son delitos que cometen las dos partes: el que cobra y el que paga. Pero el que paga, o sea el empresario, puede atemperar su culpa aduciendo que era la imposición del funcionario coimero para que su empresa pueda acceder al contrato con el Estado.

Esto no exime al empresario del delito, cometido en colusión con el funcionario, pero el dinero saldría de su bolsillo. En cambio en los casos de sobreprecio el dinero que se quedan los gobernantes sale de las arcas del Estado. Ergo, no es un empresario resignando ganancia para obtener un contrato. Es un empresario siendo cómplice de la estafa al Estado que perpetra el gobernante corrupto. En este caso, el saqueo a las arcas públicas es cometido por las dos partes y el dinero que fluye hacia el enriquecimiento ilícito de los corruptos no sale del bolsillo “privado” de quien “compra” un contrato o una licitación. Sale del bolsillo de la Nación.

De tal modo, el tumor cuya existencia, tamaño y malignidad están siendo reconfirmados por la biopsia y la radiografía, lo que estaría mostrando es la mayor estafa al Estado que se haya perpetrado en Argentina.

Share

La nafta, el fósforo y la bendición al fuego

Se da una conjunción potencialmente destructiva: la deriva económica del presidente actual, Mauricio Macri, y la desesperación judicial de la presidenta anterior, Cristina Fernández.

En estos días, lo único bueno para el Gobierno es la caída del último velo que cubría la descomunal corrupción kirchnerista, mientras que lo único bueno para el kirchnerismo es el fracaso del Gobierno para cumplir las metas sociales y económicas que había prometido.

Macri erró el diagnóstico inicial y los posteriores, y muestra una pasmosa incapacidad de implementar políticas que no sean monetarias. El resultado es una economía famélica, que sólo exhibe crecimiento en la pobreza y en los precios, mientras se derrumban amplios sectores de clase media y otros pasan de la clase baja a la pobreza total.

En la vereda del frente, el terremoto judicial hace tambalear estatuas de Néstor Kirchner, mientras un torrente de evidencias desborda el muro de silencio empresarial y hunde la imagen de su viuda.
La bitácora de los sobornos, las confesiones sollozantes de Norberto Oyarbide y las descripciones lapidarias de arrepentidos como Claudio Uberti y Carlos Wagner hacen naufragar a Cristina, porque la contundencia de las pruebas, confesiones y testimonios sólo puede ser negada por los adherentes más atados a sus pasiones políticas que a la verdad y a la realidad. Ergo, el liderazgo de Cristina Fernández no puede más que reducirse a la secta de clase media que, entre su creencia y la evidencia, elige su creencia.

Escenario

Aunque numerosa, e incluso sumando los votos de clase baja que la elegirían por las ayudas sociales recibidas (no por creerla honesta o una perseguida), su posibilidad de volver a la presidencia se diluye.

Es posible que hasta la feligresía de clase media se reduzca ante la evidencia de que la mentada revolución no era otra cosa que un indecente capitalismo de amigos o, mejor dicho, capitalismo de “entongados”.

Por ese motivo, Cristina Fernández pasó de desear con fervor la caída de Macri a necesitar con desesperación que caiga el Gobierno entero. Y eso podría ocurrir si se produce un estallido social.

Su esperanza es alimentada por la ineptitud de Macri para implementar políticas que puedan detener el traslado de tarifazos a precios. El octanaje que estallaría en llamas es altísimo, porque el Presidente incumplió sus metas de inflación y pobreza, además de incumplir promesas como la eliminación del Impuesto a las Ganancias sobre salarios y jubilaciones, y no detener la baja en retenciones, entre otras.

El combustible social también tiene elevado octanaje porque el Papa está diciendo que Argentina padece una “dictadura”. Ante sindicalistas, Francisco comparó a la administración Macri con el régimen de la “revolución libertadora” y con la última dictadura militar.

El régimen que comenzó en 1955 surgió de un golpe sangriento y fusiló a enemigos, mientras que la última dictadura fue la más cruel y exterminadora. Sólo delirando, o por estar obligado a ser funcional a las necesidades de Cristina, el Papa puede estar actuando como lo está haciendo.

La Iglesia que no llamó “dictadura” a las dictaduras militares, incluida la más criminal de la historia, usa esa palabra para un gobierno institucional.

Lo que el Papa no dice de Nicolás Maduro y de Daniel Ortega, lo dice de Macri. El discurso que lanzó el kirchnerismo no bien Cristina dejó la presidencia, resumido en la consigna “Macri, basura, vos sos la dictadura”, ahora es enarbolado por Francisco.

El Papa se hizo eco del relato según el cual hay dictaduras neoliberales que persiguen a luchadores sociales y líderes que defienden intereses populares. Así, pone en el mismo estante de Lula a Milagro Sala, Fernando Esteche, Julio De Vido, Amado Boudou y muchos otros de una lista que podría incluir a Cristina.

Que los papistas Eduardo Valdez y Juan Grabois la hayan acompañado a declarar en Tribunales sólo puede leerse como un mensaje de Francisco a la Justicia. El mensaje dice: “No toquen a Cristina”.

Sabe bien Jorge Bergoglio que, desde Tomás de Aquino en adelante, la rebelión popular contra un tirano tiene “legitimidad divina”, aunque la Iglesia casi nunca la haya azuzado contra monarquías absolutistas ni brutales dictadores, como el catoliquísimo Francisco Franco, que la protegieron y la hicieron parte del poder.

Consciente o no, el Papa está bendiciendo el fósforo que Cristina busca lanzar sobre el combustible social que derrama la deriva económica de Macri.

Share

¿Mensaje del Papa al juez?

Si la agonía no le impidió enterarse de lo que ocurre en Argentina, seguramente no debe haberse sorprendido.

Si un escritor británico no podía sorprenderse con la aparición de una bitácora de la corrupción y el desfile empresarios describiendo el sistema de sobornos, ese es Vidiajar Surajprasad Naipaul, el novelista que desciende de brahamanes de la India, nació y creció en Trinidad y Tobago pero vivió Londres hasta morir este fin de semana.

Por la aversión que sentía hacia las religiones, a Naipaul no lo hubiera sorprendido ni siquiera ver a la ex presidenta entrando ayer a tribunales acompañada por dos amigos del Papa (Juan Grabois y Eduardo Valdez) en lo que puede leerse como un mensaje del pontífice a los magistrados que la investigan por corrupción.

A ese huraño Premio Nobel de Literatura le tocó morir justo cuando el país que conoció en el amanecer de los años 70, empezó a supurar ríos de evidencias de una corrupción descomunal. La infección era evidente, pero la volcánica erupción de pruebas derribando el muro de silencio empresarial, se produjo justo cuando la vida de Naipaul se apagaba.

El escritor que quedará en la historia de la literatura por novelas como “Una Casa para Mr. Biswas” y “El Cuaderno Místico”, también fue prolífico en el terreno del ensayo político, cultural y sociológico, donde sobresaldrá su análisis cuestionador del pos-colonialismo y del “imperialismo religioso árabe”, así como su mirada crítica al Islam. Pero su paso por Argentina dejó también una serie de ensayos que parecen escritos a la luz de fenómenos actuales como la corrupción kirchnerista.

“El Cadáver en Puerta de Hierro” y “El Regreso de Eva Perón” fueron dos notables trabajos. Describió la Argentina setentista como un país dividido por el odio político, en el que las partes enfrentadas justificaban la exclusión violenta de la contraparte. Y en un ensayo que tituló “A Cuntry for Plunders” (Un país para el pillaje) describió los orígenes decimonónicos de la corrupción y su continuidad en el siglo XX, afirmando que siempre hubo más saqueadores internos que externos.

En un diálogo del año 2001 con el escritor Rodolfo Rabanal, ese pensador liberal que aborrecía los dogmas religiosos y políticos por promover “ideas fijas”, describió lo que, en este tiempo, los argentinos llaman “la grieta”. Habló de un país donde “no hay debate verdadero, sólo pasión y jerga”, usando el término como sinónimo de lenguaje de consignas; lo que en estos años los argentinos llamaron “relato”. Y explicó que “la jerga (el relato) transforma la realidad en abstracción” y que “donde ella se impone, sólo existen enemigos”.

Naipaul se refería a la Argentina setentista, aunque también describía el país de ese momento y el de la siguiente década. “Las pasiones todavía prevalecen… aniquilando toda razón…sin que ninguna solución aparezca a la vista”, le dijo a Rabanal.

Posiblemente hoy diría que, además de no sorprenderle el derrame de evidencias y confesiones, tampoco le sorprende que la principal acusada fuera a tribunales flanqueada por dos personas cuyas presencias implican un mensaje del Papa a los magistrados.

Share

La dictadura según Francisco

Es el abanderado de la versión según la cual hay “dictaduras” neoliberales que persiguen a líderes populares y los convierten en presos políticos. La justificación de posibles estallidos sociales.

Recibe a gremialistas, activistas y políticos a los que pide que no publiquen fotos con él en las redes, pero a veces olvida pedirles que tampoco comenten lo hablado. Por eso algunos visitantes, al salir del Vaticano, cuentan que el Papa dijo tal o cual cosa. La suma de descripciones evidencia la adhesión de Francisco a una versión ideológica de este momento político en Latinoamérica.

Más que adherir, el Papa empieza a ser el abanderado de la versión según la cual, en América Latina, hay “dictaduras” neoliberales que persiguen a los líderes que defienden causas populares y los convierten en presos políticos.

Aparentemente Bergoglio pasó, de creer, a difundir la idea de que los procesos por corrupción son impulsados por Washington para alinear la región con “el modelo económico que requiere la represión de las masas” y la prisión de quienes gobernaron oponiéndose al “capitalismo deshumano”, como lo llamó el propio pontífice.

En la mirada de Francisco, la prisión de Lula da Silva responde a las mismas causas por las que Cristina Kirchner está acosada por procesos judiciales. En rigor, en el mismo estante de Lula, el Papa coloca a Esteche y a Milagro Sala, además de otros ex presidentes como el ecuatoriano Rafael Correa. La corrupción, según esta versión de los hechos, es la excusa para perseguir dirigentes y líderes que resisten las políticas económicas impuestas por EE.UU. a través de dictaduras. Leer más

Share

Victorias derrotadas de Macri y del Papa

Macri siente que ganó. Que el sólo hecho de habilitar un debate que nadie se había atrevido a abrir, lo deja en la historia con letras mayúsculas.

Habría sido de ese modo si entre los sepultureros de la Ley no hubiera tantos senadores del oficialismo. Los discursos más lúcidos a favor de la legalización del aborto, fueron pronunciados por miembros de Cambiemos. Pero también eran de la fuerza gobernante los senadores que dijeron los discursos más obtusos.

La vicepresidenta es otra de las razones por las que Macri no puede sentirse ganador. La arbitrariedad con la que condujo el debate en el Senado y la violencia verbal que reveló un indiscreto micrófono abierto, mostraron un lado agresivo y oscuro de la mujer que en su momento aportó humanidad a la imagen de Macri.

Lo más probable es que de haberse realizado un referéndum, la mayoría de los argentinos habría votado como en su momento votaron las catoliquísimas Italia, Portugal e Irlanda. Pero votaron los senadores y el resultado es que Argentina mantiene una legislación redactada y aprobada en 1921.

¿Esto implica que ganó el Papa? Podría ser de ese modo, si se tiene en cuenta que Francisco en persona encabezó una campaña fuertísima para impedir la aprobación de la Ley sobre interrupción del embarazo. Describió como “nazis” a quienes defienden la legalización, presionó a medios de comunicación y a los senadores, mientras sus obispos emitían documentos señalando que si el Congreso aprobaba la Ley Argentina sería una “dictadura”.

A la pulseada política sin duda la ganó el Papa argentino. Ha demostrado el poder que él y la iglesia tienen sobre el Estado. Pero cuando una religión impone sus convicciones a través del poder que ejerce sobre el Estado, es porque está perdiendo influencia sobre la conciencia de las personas, que es el ámbito en el que debe actuar la prédica religiosa.

El Papa logró una victoria paradójica porque deja a la vista el constante retroceso de su influencia en la conciencia de la gente. La victoria de la iglesia estaría en que las mujeres no quieran abortar; y no que exista una ley que se los prohíba. Si hubiera estadísticas sobre la filiación religiosa de las mujeres que interrumpen sus embarazos, quedaría a la vista que la prédica de la iglesia no gravita en las personas. Por eso se vale del Estado y de las leyes, un terreno en el cual el debate debiera ser secular.

Es posible que esta demostración de poder que hizo el Papa sobre el Estado y sus leyes, tenga un efecto contraproducente y haga crecer el rechazo a la injerencia religiosa en la política y en la legislación, acrecentando el reclamo de un Estado decididamente secular que ya no pague sueldos a la jerarquía eclesiástica ni privilegie el rol del catolicismo en la sociedad, como lo hace la Constitución.

Share

La Iglesia y la ley, una relación tensa

Un examen histórico del vínculo entre la religión y los gobernantes, para que alineen el Derecho con sus dogmas. La pérdida de influencia sobre la conciencia de las personas, el eje del conflicto.

La convicción de la Iglesia Católica sobre el inicio de la vida humana no es irracional ni descabellada. Es una convicción que, aunque discutible, tiene lógica.

La posición de la institución sobre el aborto no es retrógrada. Es una posición. Lo retardatario no estaría en la convicción sobre el inicio de la vida ni en la posición frente al aborto, sino en la acción emprendida contra su eventual legalización. Leer más

Share

La teoría de Chávez

Algo oscuro quedó flotando tras las explosiones. Los batallones que desfilaron aún no se habían retirado y el régimen ya había señalado al presidente colombiano como responsable del supuesto plan magnicida.

En la teoría de Hugo Chávez, detrás de todo lo malo que ocurre en Venezuela, está la “oligarquía bogotana”. El líder bolivariano convirtió a los gobiernos de Colombia en la extensión actual de una conspiración decimonónica contra la unidad Latinoamericana.

Por eso, en el 2010, Chávez protagonizó una escena surrealista al hacer exhumar el cadáver de Bolívar para probar que “no murió de tuberculosis como dice la historia oficial, sino que fue asesinado con arsénico”. Y detrás del “asesinato del Libertador” estaba Francisco Santander y la camarilla que también habría planeado el asesinato del Mariscal Sucre.

En esa teoría histórica, Alvaro Uribe es la versión contemporánea de Santander y la clase dirigente de Colombia es la proyección en este tiempo de aquella “oligarquía bogotana” que saboteó el proyecto bolivariano de “la Gran Colombia”. Leer más

Share

Kirchner y Lula, casos muy diferentes

En la Argentina, el dinero recaudado no lubricaba acuerdos parlamentarios, sino que terminaba en arcas personales.

No hay dictaduras buenas y dictaduras malas. Hay dictaduras y democracias. Pero existen distintos grados de regímenes dictatoriales. De hecho, el totalitarismo es la mayor graduación: la dictadura absoluta.

Del mismo modo, no hay corrupción buena y corrupción mala. Toda corrupción es mala, pero no todas las corrupciones son equivalentes. Alberto Fernández viajó a Roma para tratar con el papa Francisco la situación de Lula. Pero es seguro que no le explicó algo que el pontífice simula ignorar: la diferencia oceánica entre el caso del expresidente brasileño y el del matrimonio Kirchner.

Lo que funciona en Brasil desde hace muchas décadas es un mecanismo de financiamiento ilegal de la política. Al menos hasta el llamado Lava Jato, el dinero de las empresas privadas bendecidas con contratos estatales lubricaba la maquinaria de consensos políticos que daban gobernabilidad y aprobación de leyes a los gobiernos. Los sobornos financiaban a la mayoría de los partidos y regaban los bolsillos del grueso de los legisladores y los funcionarios de las distintas fuerzas políticas.

Leer más

Share

Tinelli y la calidad política

El ingreso de outsiders a la política se da de dos maneras: o por decisión propia del outsider o como caballo de Troya de la dirigencia tradicional.

Se trata de un fenómeno mundial y tiene que ver con las incertidumbres y temores, en un tiempo marcado por la evolución tecnológica vertiginosa y la transformación permanente que esta produce en las economías y en la sociedad.

Como la clase política no puede modificar esa realidad, las sociedades buscan salvadores fuera de las dirigencias políticas, confundiendo el éxito personal con la posibilidad de cambiar exitosamente la realidad.

Trump y Berlusconi serían dos ejemplos de out-siders que se zambulleron en la política por decisión propia. Mientras que Menem, en los 90, fue el impulsor de los caballos de Troya argentinos.

En la leyenda que relataron Homero en la Odisea y Virgilio en la Eneida, por no poder trasponer los muros de la ciudad que sitiaban, los griegos hicieron el caballo de madera en el que entraron ocultos quienes abrieron las puertas a la invasión.

El cantante Palito Ortega y el automovilista Carlos Reutemann fueron dos de los muchos vehículos para sortear la muralla que ya empezaba a separar a los políticos de la sociedad. Leer más

Share