¿Mensaje del Papa al juez?

Si la agonía no le impidió enterarse de lo que ocurre en Argentina, seguramente no debe haberse sorprendido.

Si un escritor británico no podía sorprenderse con la aparición de una bitácora de la corrupción y el desfile empresarios describiendo el sistema de sobornos, ese es Vidiajar Surajprasad Naipaul, el novelista que desciende de brahamanes de la India, nació y creció en Trinidad y Tobago pero vivió Londres hasta morir este fin de semana.

Por la aversión que sentía hacia las religiones, a Naipaul no lo hubiera sorprendido ni siquiera ver a la ex presidenta entrando ayer a tribunales acompañada por dos amigos del Papa (Juan Grabois y Eduardo Valdez) en lo que puede leerse como un mensaje del pontífice a los magistrados que la investigan por corrupción.

A ese huraño Premio Nobel de Literatura le tocó morir justo cuando el país que conoció en el amanecer de los años 70, empezó a supurar ríos de evidencias de una corrupción descomunal. La infección era evidente, pero la volcánica erupción de pruebas derribando el muro de silencio empresarial, se produjo justo cuando la vida de Naipaul se apagaba.

El escritor que quedará en la historia de la literatura por novelas como “Una Casa para Mr. Biswas” y “El Cuaderno Místico”, también fue prolífico en el terreno del ensayo político, cultural y sociológico, donde sobresaldrá su análisis cuestionador del pos-colonialismo y del “imperialismo religioso árabe”, así como su mirada crítica al Islam. Pero su paso por Argentina dejó también una serie de ensayos que parecen escritos a la luz de fenómenos actuales como la corrupción kirchnerista.

“El Cadáver en Puerta de Hierro” y “El Regreso de Eva Perón” fueron dos notables trabajos. Describió la Argentina setentista como un país dividido por el odio político, en el que las partes enfrentadas justificaban la exclusión violenta de la contraparte. Y en un ensayo que tituló “A Cuntry for Plunders” (Un país para el pillaje) describió los orígenes decimonónicos de la corrupción y su continuidad en el siglo XX, afirmando que siempre hubo más saqueadores internos que externos.

En un diálogo del año 2001 con el escritor Rodolfo Rabanal, ese pensador liberal que aborrecía los dogmas religiosos y políticos por promover “ideas fijas”, describió lo que, en este tiempo, los argentinos llaman “la grieta”. Habló de un país donde “no hay debate verdadero, sólo pasión y jerga”, usando el término como sinónimo de lenguaje de consignas; lo que en estos años los argentinos llamaron “relato”. Y explicó que “la jerga (el relato) transforma la realidad en abstracción” y que “donde ella se impone, sólo existen enemigos”.

Naipaul se refería a la Argentina setentista, aunque también describía el país de ese momento y el de la siguiente década. “Las pasiones todavía prevalecen… aniquilando toda razón…sin que ninguna solución aparezca a la vista”, le dijo a Rabanal.

Posiblemente hoy diría que, además de no sorprenderle el derrame de evidencias y confesiones, tampoco le sorprende que la principal acusada fuera a tribunales flanqueada por dos personas cuyas presencias implican un mensaje del Papa a los magistrados.

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La dictadura según Francisco

Es el abanderado de la versión según la cual hay “dictaduras” neoliberales que persiguen a líderes populares y los convierten en presos políticos. La justificación de posibles estallidos sociales.

Recibe a gremialistas, activistas y políticos a los que pide que no publiquen fotos con él en las redes, pero a veces olvida pedirles que tampoco comenten lo hablado. Por eso algunos visitantes, al salir del Vaticano, cuentan que el Papa dijo tal o cual cosa. La suma de descripciones evidencia la adhesión de Francisco a una versión ideológica de este momento político en Latinoamérica.

Más que adherir, el Papa empieza a ser el abanderado de la versión según la cual, en América Latina, hay “dictaduras” neoliberales que persiguen a los líderes que defienden causas populares y los convierten en presos políticos.

Aparentemente Bergoglio pasó, de creer, a difundir la idea de que los procesos por corrupción son impulsados por Washington para alinear la región con “el modelo económico que requiere la represión de las masas” y la prisión de quienes gobernaron oponiéndose al “capitalismo deshumano”, como lo llamó el propio pontífice.

En la mirada de Francisco, la prisión de Lula da Silva responde a las mismas causas por las que Cristina Kirchner está acosada por procesos judiciales. En rigor, en el mismo estante de Lula, el Papa coloca a Esteche y a Milagro Sala, además de otros ex presidentes como el ecuatoriano Rafael Correa. La corrupción, según esta versión de los hechos, es la excusa para perseguir dirigentes y líderes que resisten las políticas económicas impuestas por EE.UU. a través de dictaduras. Leer más

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Victorias derrotadas de Macri y del Papa

Macri siente que ganó. Que el sólo hecho de habilitar un debate que nadie se había atrevido a abrir, lo deja en la historia con letras mayúsculas.

Habría sido de ese modo si entre los sepultureros de la Ley no hubiera tantos senadores del oficialismo. Los discursos más lúcidos a favor de la legalización del aborto, fueron pronunciados por miembros de Cambiemos. Pero también eran de la fuerza gobernante los senadores que dijeron los discursos más obtusos.

La vicepresidenta es otra de las razones por las que Macri no puede sentirse ganador. La arbitrariedad con la que condujo el debate en el Senado y la violencia verbal que reveló un indiscreto micrófono abierto, mostraron un lado agresivo y oscuro de la mujer que en su momento aportó humanidad a la imagen de Macri.

Lo más probable es que de haberse realizado un referéndum, la mayoría de los argentinos habría votado como en su momento votaron las catoliquísimas Italia, Portugal e Irlanda. Pero votaron los senadores y el resultado es que Argentina mantiene una legislación redactada y aprobada en 1921.

¿Esto implica que ganó el Papa? Podría ser de ese modo, si se tiene en cuenta que Francisco en persona encabezó una campaña fuertísima para impedir la aprobación de la Ley sobre interrupción del embarazo. Describió como “nazis” a quienes defienden la legalización, presionó a medios de comunicación y a los senadores, mientras sus obispos emitían documentos señalando que si el Congreso aprobaba la Ley Argentina sería una “dictadura”.

A la pulseada política sin duda la ganó el Papa argentino. Ha demostrado el poder que él y la iglesia tienen sobre el Estado. Pero cuando una religión impone sus convicciones a través del poder que ejerce sobre el Estado, es porque está perdiendo influencia sobre la conciencia de las personas, que es el ámbito en el que debe actuar la prédica religiosa.

El Papa logró una victoria paradójica porque deja a la vista el constante retroceso de su influencia en la conciencia de la gente. La victoria de la iglesia estaría en que las mujeres no quieran abortar; y no que exista una ley que se los prohíba. Si hubiera estadísticas sobre la filiación religiosa de las mujeres que interrumpen sus embarazos, quedaría a la vista que la prédica de la iglesia no gravita en las personas. Por eso se vale del Estado y de las leyes, un terreno en el cual el debate debiera ser secular.

Es posible que esta demostración de poder que hizo el Papa sobre el Estado y sus leyes, tenga un efecto contraproducente y haga crecer el rechazo a la injerencia religiosa en la política y en la legislación, acrecentando el reclamo de un Estado decididamente secular que ya no pague sueldos a la jerarquía eclesiástica ni privilegie el rol del catolicismo en la sociedad, como lo hace la Constitución.

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La Iglesia y la ley, una relación tensa

Un examen histórico del vínculo entre la religión y los gobernantes, para que alineen el Derecho con sus dogmas. La pérdida de influencia sobre la conciencia de las personas, el eje del conflicto.

La convicción de la Iglesia Católica sobre el inicio de la vida humana no es irracional ni descabellada. Es una convicción que, aunque discutible, tiene lógica.

La posición de la institución sobre el aborto no es retrógrada. Es una posición. Lo retardatario no estaría en la convicción sobre el inicio de la vida ni en la posición frente al aborto, sino en la acción emprendida contra su eventual legalización. Leer más

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La teoría de Chávez

Algo oscuro quedó flotando tras las explosiones. Los batallones que desfilaron aún no se habían retirado y el régimen ya había señalado al presidente colombiano como responsable del supuesto plan magnicida.

En la teoría de Hugo Chávez, detrás de todo lo malo que ocurre en Venezuela, está la “oligarquía bogotana”. El líder bolivariano convirtió a los gobiernos de Colombia en la extensión actual de una conspiración decimonónica contra la unidad Latinoamericana.

Por eso, en el 2010, Chávez protagonizó una escena surrealista al hacer exhumar el cadáver de Bolívar para probar que “no murió de tuberculosis como dice la historia oficial, sino que fue asesinado con arsénico”. Y detrás del “asesinato del Libertador” estaba Francisco Santander y la camarilla que también habría planeado el asesinato del Mariscal Sucre.

En esa teoría histórica, Alvaro Uribe es la versión contemporánea de Santander y la clase dirigente de Colombia es la proyección en este tiempo de aquella “oligarquía bogotana” que saboteó el proyecto bolivariano de “la Gran Colombia”. Leer más

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Kirchner y Lula, casos muy diferentes

En la Argentina, el dinero recaudado no lubricaba acuerdos parlamentarios, sino que terminaba en arcas personales.

No hay dictaduras buenas y dictaduras malas. Hay dictaduras y democracias. Pero existen distintos grados de regímenes dictatoriales. De hecho, el totalitarismo es la mayor graduación: la dictadura absoluta.

Del mismo modo, no hay corrupción buena y corrupción mala. Toda corrupción es mala, pero no todas las corrupciones son equivalentes. Alberto Fernández viajó a Roma para tratar con el papa Francisco la situación de Lula. Pero es seguro que no le explicó algo que el pontífice simula ignorar: la diferencia oceánica entre el caso del expresidente brasileño y el del matrimonio Kirchner.

Lo que funciona en Brasil desde hace muchas décadas es un mecanismo de financiamiento ilegal de la política. Al menos hasta el llamado Lava Jato, el dinero de las empresas privadas bendecidas con contratos estatales lubricaba la maquinaria de consensos políticos que daban gobernabilidad y aprobación de leyes a los gobiernos. Los sobornos financiaban a la mayoría de los partidos y regaban los bolsillos del grueso de los legisladores y los funcionarios de las distintas fuerzas políticas.

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Tinelli y la calidad política

El ingreso de outsiders a la política se da de dos maneras: o por decisión propia del outsider o como caballo de Troya de la dirigencia tradicional.

Se trata de un fenómeno mundial y tiene que ver con las incertidumbres y temores, en un tiempo marcado por la evolución tecnológica vertiginosa y la transformación permanente que esta produce en las economías y en la sociedad.

Como la clase política no puede modificar esa realidad, las sociedades buscan salvadores fuera de las dirigencias políticas, confundiendo el éxito personal con la posibilidad de cambiar exitosamente la realidad.

Trump y Berlusconi serían dos ejemplos de out-siders que se zambulleron en la política por decisión propia. Mientras que Menem, en los 90, fue el impulsor de los caballos de Troya argentinos.

En la leyenda que relataron Homero en la Odisea y Virgilio en la Eneida, por no poder trasponer los muros de la ciudad que sitiaban, los griegos hicieron el caballo de madera en el que entraron ocultos quienes abrieron las puertas a la invasión.

El cantante Palito Ortega y el automovilista Carlos Reutemann fueron dos de los muchos vehículos para sortear la muralla que ya empezaba a separar a los políticos de la sociedad. Leer más

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Bitácora de la corrupción K

Fue como encontrar una bitácora en la que un navegante detalla minuciosamente sus travesías. Pero en este caso, la nave era un auto y la travesía era el repetido recorrido que el chofer hacía llevando millones de dólares desde empresas a la Casa Rosada, la Quinta de Olivos y el mismísimo departamento porteño del matrimonio Kirchner.

En Argentina, nadie medianamente informado se sorprendió por lo que tan detalladamente describía en sus cuadernos el chofer que trasladaba los millonarios sobornos. El esquema de la corrupción kirchnerista carecía de sofisticación.

Quien hubiese escuchado la razón por la que Roberto Lavagna dejó de ser ministro de Economía de Néstor Kirchner, o quien hubiese calculado grosso modo la insólita multiplicación de las fortunas de los empresarios bendecidos con la obra pública, no tendría razón para sorprenderse. Sin embargo, la bitácora del chofer que llevaba el dinero desde los sobornadores a los sobornados, debiera tener el peso de la imagen de José López lanzando por la tapia de un convento bolsos con millones de dólares en efectivo. Para el gran público, la letra escrita en un cuaderno es menos explícita que la filmación donde aparecen López, monjas, bolsos y una ametralladora. Pero para Cristina, su difunto marido, el ministro de la obra pública y las empresas que multiplicaron por mil sus capitales, el cuaderno del chofer es aún más lapidario. Leer más

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