Última Página: Trump títere de Putin- La grieta eslava

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Brasil dividido: la presencia silenciosa de Lula

El reciente episodio volvió a dejar a la vista una puja por la libertad del ex presidente que parte a la justicia brasilera.

La celda de Lula se abrió y cerró varias veces en un mismo día. El tironeo entre jueces parecía la escena grotesca de una comedia de enredos, pero era la consecuencia de una situación política objetiva y compleja.

El hombre que quedó en medio de una batalla judicial es la figura más popular de Brasil, y podría pasar de su celda en Curitiba a la residencia presidencial del Palacio la Alborada si lo dejaran ser candidato en las elecciones de octubre.

El problema principal del juez Sérgio Moro, ​estrella del Lava Jato no es que otro magistrado ordene la excarcelación del ex mandatario mientras él se toma vacaciones. El problema es que buena parte de los brasileños no creen que el asunto del tríplex de Guarujá justifique el encarcelamiento de Lula. Nunca resultó claro que las pruebas esgrimidas por el juez de Curitiva alcancen para demostrar que la empresa OAS le pagó a Lula favores políticos con esa propiedad de lujo. Al fin de cuentas, el líder del PT nunca la habitó. Tampoco lo hizo algún familiar o allegado suyo.

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Cumbre borrascosa

Helsinki ha sido el escenario de cumbres cruciales. El interés mundial de sus agendas resultaba claro y contundente.

La de 1975 entre Gerald Ford y Leonid Brezhnev fue la cumbre de la “distensión”, palabra clave para llevar calma al planeta a esa altura de la Guerra Fría y de la carrera armamentista.

La que sostuvieron en 1990 George Herbert Walker Bush y Mijail Gorbachov planteaba nada menos que el fin de la Confrontación Este-Oeste.

Mientras que la cumbre entre Bill Clinton y el primer presidente de la Rusia post-soviética, Boris Yeltsin, debía completar la compleja tarea cuyo diseño habían iniciado Bush padre y el impulsor de la Perestroika: el traspaso a Rusia de las ojivas nucleares y los misiles de mediano y largo alcance del arsenal soviético que estaba repartido en otros estados que integraron la URSS, como Ucrania y Kazajistán.

Esta vez la agenda de Helsinki resultaba difusa. Por cierto, resolver qué rol tendrá Bashar el Asad en el futuro Siria, no es un tema menor. Tampoco son temas menores Corea del Norte y la guerra comercial con China.

Pero el tema central no ha sido ninguno de esos, sino la injerencia rusa en el proceso electoral norteamericano, para que Donald Trump llegase a la Casa Blanca. Y lo que dijo al respecto el magnate neoyorkino al salir de la reunión, es tan absurdo que despierta sospechas.

Una vez más, Trump rechazó que haya habido injerencia del gobierno ruso; algo sobre lo que, teóricamente, él no debiera pronunciarse hasta que concluyan las investigaciones que lleva adelante la justicia estadounidense.

Muchos actos de Trump son funcionales a los planes de Putin. Patear el tablero del G-7 en Quebec tras reclamar que Rusia vuelva a esa mesa de potencias económicas; embestir contra los socios europeos de la OTAN como hizo en la última cumbre de la alianza atlántica, así como sabotear la unión aduanera que Teresa May pretende mantener con la UE promoviendo al eurófobo Boris Johnson co-mo premier británico, son actos funcionales al juego geoestratégico de Vladimir Putin. Es posible suponer que la cuestión central abordada en Helsinki de manera hermética fue cómo maquillar el verdadero e inconfesable vínculo entre los dos presidentes.

Ese vínculo tan inconfesable como inocultable, configura una extraña e inédita doble relación: una cosa es la relación entre el Estado norteamericano y el Estado ruso y otra cosa es la relación entre Trump y Putin.

El Estado ruso y Putin son una misma cosa. Pero no es así en el caso del Estado norteamericano y quien hoy ocupa la presidencia.

Para muchos demócratas y algunos republicanos co-mo John McCain, no es descabellado imaginar a Trump como una marioneta del jefe del Kremlin.

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Rusia y la grieta eslava

La grieta eslava afloró en el mundial de Rusia. Primero, con jugadores suizos de origen albanés que festejaron sus goles a Serbia haciendo el águila de dos cabezas, emblemática de Albania.

Después con un jugador croata dedicando a Ucrania el triunfo contra Rusia. Finalmente, el tenista serbio Novak Djokovic recibiendo críticas en su país por fotografiarse con jugadores croatas y expresar su apoyo a Croacia.

En el primer caso, lo que afloró es el rencor dejado en los albaneses, que como los griegos descienden de los ilirios pero profesan la religión musulmana que adoptó bajo la dominación otomana, la limpieza étnica de Slobodan Milosevic para deportar a los albaneses de Kosovo.

La dedicatoria a Ucrania del triunfo contra Rusia que hizo un jugador de Croacia, refleja un rencor croata hacia la mayor de las naciones eslavas por la injerencia que siempre ha tenido en los Balcanes a favor de los proyectos geopolíticos serbios. Ucrania está en tensión con Rusia por la anexión de Crimea y por el apoyo del Kremlin a los separatistas del Este. A renglón seguido, haberse puesto por encima de la grieta balcánica dando su apoyo a Croacia, le valió a Djokovic duras críticas en su país, Serbia. Entre ambas naciones, la rivalidad se volvió visceral por los conflictos del siglo XX.

Croatas y serbios tienen en común la raza eslava, pero los diferencian rasgos culturales que les dejaron siglos de pertenencia a distintos imperios. Croacia integró el Austro-húngaro y Serbia el Otomano. Los serbios fueron los primeros en independizarse y lo hicieron ayudados por Rusia. Su proyecto geopolítico fue crear un estado eslavo en los Balcanes, por eso un nacionalista serbio cometió el magnicidio que detonó la guerra entre Austria-Hungría y Serbia. Rusia fue la primera en involucrarse en lo que pronto sería la Primera Guerra Mundial. Leer más

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Macri jaqueado por el Papa

Si, poco antes de comenzar el debate en Senado, el Gobierno tuvo que decir algo que debiera ser obvio, “el presidente no vetará la Ley del Aborto”, es porque el Papa le había exigido vetarla.

En su homilía del lunes, el arzobispo de La Plata reclamó el veto presidencial si el Senado aprobara la Ley. Y monseñor Víctor Fernández es lo suficientemente allegado a Francisco como para dejar en claro que, a semejante pronunciamiento, sólo puede hacerlo si el Papa argentino quiere que lo haga.
Paralelamente, en el tedeum y demás principales homilías de la fecha patria (el 9 de Julio es el Día de la Independencia) el cardenal Poli y los obispos lanzaban ataques simultáneos contra el proyecto de legislación que ayer comenzó a debatir el Senado. Para que la presión sobre el gobierno resulte más asfixiante, mezclaron sus discursos con pronunciamientos políticos de tinte nacionalista y contra las medidas de ajuste que el gobierno intenta aplicar.

Con otras palabras, pero de manera elocuente, los discursos de los altares describieron un presidente neoliberal, encabezando un gobierno de los ricos que oprime a los pobres y se arrodilla ante el FMI.

En esta “madre de todas las batallas” que lanzó la iglesia, empujada por el caudillismo que ejerce el Papa en su país, el mensaje político y el mensaje antiabortista fueron dos brazos de una tenaza. Y a la presión la completó, de manera explícita, el arzobispo de La Plata reclamando el veto.
El mensaje completo parece decirle a Macri que la iglesia tiene llegada e influencia en el con-urbano bonaerense y en todas las villas y barrios humildes del país, advirtiéndole que puede colaborar a la calma social ante el ajuste aplicado por el gobierno, o empujar masas a las calles.
Una actitud u otra, dependen de que Macri vete o no la ley que aprobaría el Senado.

Para el presidente, cumplir esa exigencia del pontífice equivaldría a inmolar su debilitado liderazgo en una capitulación humillante. Una cosa es vetar una ley sobre tarifas surgida por iniciativa opositora y a contramano del Presupuesto, y otra muy distinta es vetar una ley cuyo debate ha sido habilitado por el propio presidente.

El tono de la iglesia es contundente. La casi totalidad de los políticos que rechazan el aborto hablan de “salvar las dos vidas”, evitando pronunciamientos agresivos sobre un tema tan inflamable, mientras en los altares retumban palabras como “asesinato” y “crimen”.
El Papa le ha dicho “jaque” a Macri, intentando encerrarlo en una opción de hierro: inmolar su liderazgo con una rendición inaceptable y denigrante para vegetar en el poder hasta el final del mandato, o afrontar un sismo social que podría derribarlo.

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Qué cambiará en México con la llegada de López Obrador

El tan mentado giro izquierdista sería un retorno al estatismo paternalista.

México da vuelta la página. Comienza una nueva etapa. Pero el cambio no estará en el probable giro a la izquierda del que tanto se habla, sino en el modelo de liderazgo. Si la presidencia de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fuese como sus discursos más radicales y no como su pragmática gestión gobernando el Distrito Federal, México no avanzaría hacia algo desconocido sino que retrocedería a la era del PRI previa a De la Madrid y Salinas de Gortari.

López Obrador era parte de aquel partido hegemónico que creó un Estado gigantesco, paternalista y regulador. El giro ideológico que daría su gobierno, si es que decide darlo al asumir la presidencia, no avanzaría hacia el modelo cubano ni hacia el modelo chavista. El castrismo hace tiempo no es modelo para nadie, salvo para el chavismo, que con Nicolás Maduro profundizó “la vía cubana” y terminó hundiendo un buque que, por sus riquezas naturales y por flotar en petróleo, era inhundible. Leer más

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Ecuador: la Justicia ordenó la prisión preventiva para el ex presidente Correa

El ex presidente es investigado por el secuestro de un legislador de la oposición, Fernando Balda. En Cada Mañana, el analista internacional y politólogo, Claudio Fantini, explicó el motivo por el cual la Justicia ecuatoriana solicitó su detención.

Marcelo Longobardi: “Subrayamos temprano dos temas internacionales, uno es la transición mexicana que parece muy razonable y el pedido de captura de Rafael Correa. Ayer la Justicia ecuatoriana pidió la captura de Rafael Correa. Cuando vi la noticia pensé que era por Odebrecht. Pero es peor, se lo acusa de ordenar el secuestro de un dirigente opositor”.

Claudio Fantini: “Se lo acusa por el intento de secuestro que ocurrió en Colombia. La Justicia ecuatoriana se está basando en un fallo de la justicia de Colombia. En Colombia en 2012 se encontraba Fernando Balda, que había sido un dirigente correista desde la primera hora. Luego se convirtió en opositor porque señalaba hechos de corrupción y terminó pasándose a Sociedad Patriótica, una de las fuerzas opositoras más enconadas a Correa”.

“En un momento se va de Ecuador a Colombia casi escapándose de las presiones de Correa, y en 2012 ocurre un hecho muy confuso y muy turbio, hay un intento de secuestro. Cinco tipos lo arrastran en la calle hasta un automóvil y se lo llevan. Un grupo de taxistas ven el hecho, algunos lo salen a perseguir, otros hacen la denuncia a la policía”.

“Ante el asedio policial lo soltaron a Fernando Balda. Balda consideró que esto fue un intento de secuestro”.

“El presidente Santos de Colombia terminó extraditándolo a Ecuador”.

“En Colombia la Justicia llegó a determinar que ese hecho había sido ocasionado por tres agentes de la inteligencia ecuatoriana que había pagado a los maleantes para que secuestren a Fernando Balda. Estos tres agentes del aparato de inteligencia de Ecuador fueron detenidos y dijeron responder a órdenes de su jefe, el jefe de inteligencia de Correa”.

“La Justicia ecuatoriana en aquel momento no movió un dedo, pero desde que está Lenín Moreno, según Correa Lenín Moreno empuja a la Justicia”.

“La prisión preventiva se dictó porque Rafael Correa faltó a la cautelar”.

“Como Correa dijo que era una persecución política, no cumplió con las presentaciones mensuales, él vive en Bélgica”.

“Ecuador va a empezar a gestionar la extradición de Correa. Es difícil que Bélgica otorgue la extradición”.

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De presidente poderoso a prófugo

Posiblemente, se trata de un episodio más en la guerra entre el presidente actual y su antecesor. Pero eso no implica, necesariamente, que Rafael Correa sea la víctima inocente de la persecución política que describe.

La prisión preventiva que se dictó contra él deviene de un caso extraño: el presunto intento de secuestro del opositor Fernando Balda, el 2012, en Colombia. No obstante, lo significativo es que sobre aquel hecho, no fue la Justicia ecuatoriana, por entonces sumisa a Correa, sino la Justicia de Colombia la que llegó a la conclusión de que los cinco maleantes que se llevaron por la fuerza a Balda y lo liberaron cuando la policía (alertada por un grupo de taxistas) los alcanzó, habían recibido dinero de tres agentes de inteligencia de Ecuador.

Esos agentes respondían al jefe máximo del espionaje ecuatoriano, Pablo Ramos, reiteradamente cuestionado por usar el aparato de inteligencia para espiar a opositores y a críticos del gobierno. De tal modo, no resulta descabellado pensar que Correa pudo haber ordenado el secuestro del exdirigente de Alianza País que saltó a la oposición y, desde las filas del partido Sociedad Patriótica, hizo fuertes denuncias de corrupción.

Tampoco es descabellado sospechar que el presidente Lenin Moreno mueva hilos para que la Justicia avance contra Correa, después de haber sacado de la vicepresidencia al ultracorreísta Jorge Glas, encarcelándolo por supuesta corrupción durante el gobierno anterior.

Desde que entró al Palacio de Carondelet, quien había sido el manso vicepresidente del volcánico Correa, abandonó el modelo político de su mentor y lo enfrentó con dureza.

Entre otras cosas, lo acusó de haber desguarnecido la frontera con Colombia para facilitar a las FARC el tráfico de cocaína y tener guaridas en Ecuador. De hecho, en el 2008, cuando dos aviones Supertucano atacaron y mataron al comandante Raúl Reyes, el campamento bombardeado estaba en territorio ecuatoriano. Por eso aún opera en esa zona el remanente de las FARC que asesinó a periodistas del diario quiteño El Comercio.

Por haber sido el ministro de Defensa que diseñó la Operación Fénix, Juan Manuel Santos concedió la extradición de Balda, buscando conciliar con Correa. Pero la investigación que ordenó la Justicia colombiana siguió su curso y fue la que derivó en la orden de prisión contra Correa.

Seguramente, el expresidente no será encarcelado porque Ecuador no tiene convenio de extradición con Bélgica y quizá precisamente por eso (y no por su esposa belga) es que eligió Bruselas para radicarse tras dejar el poder. De todos modos, las alertas rojas de Interpol obligarán a Rafael Correa a permanecer en Bélgica. Y el solo hecho de que no vuelva a Ecuador es bueno para Lenin Moreno.

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Francisco, líder del caudillismo religioso

Francisco, líder del caudillismo religioso
La desmesura del Papa avalando su injerencia en la legislación sobre aborto y matrimonio corroboran su vocación de líder inobjetable.

Con excepciones como Juan XXIII, los Papas han sido monarcas al frente de una estructura vertical, marcada por su instinto medieval a imperar sobre el poder terrenal. La casi totalidad de los pontífices, actuando como monarcas infalibles, defendieron versiones ortodoxas del dogma y actuaron para que la iglesia gravite sobre gobiernos y legislaciones.

Hasta ahora, Francisco no apunta a ser diferente. Que haya transgredido reglas y enfrentado reductos oscuros de la curia romana, no implica que su pontificado sea menos monárquico y más dispuesto a respetar el ámbito secular de los gobiernos y las leyes. Pero el origen latinoamericano del Papa da un sesgo particular a su monarquismo. En América Latina, los reyes que imperan por encima de las leyes y las instituciones se llaman caudillos. Y Francisco es eso, un caudillo religioso.

Ese rasgo lo hace irascible ante el poder secular cuando lo relega o resiste contra el instinto medieval de la iglesia a imponer su visión sobre la educación y las leyes. Y a veces, el enojo lo arrastra a la imprudencia. El mundo lo escuchó con estupefacción comparar la legalización del aborto con “un nazismo de guante blanco”. Tuvieron razón las voces del judaísmo que denunciaron la banalización del holocausto que implicaba semejante pronunciamiento. El Papa llamó nazis, o sea genocidas, a las democracias maduras de Occidente y las demás potencias desarrolladas en un mundo en el que predomina ampliamente la legalidad por sobre la criminalización.

La impresión es que lo sacó de quicio que “su” país diera un paso hacia la legalización. Sin embargo, eso no debiera sorprender. En 1978, a ese paso lo dio el país donde se encuentra el Vaticano y estaba gobernado por coaliciones encabezadas por la Democracia Cristiana. Lo hizo una abrumadora mayoría de italianos votando en referéndum. Lo mismo ocurrió en la catoliquísima Portugal. También legalizó la interrupción del embarazo España, un país nacido de una boda entre reyes fundamentalistas (Fernando de Aragón e Isabel “La Católica”), que expulsaron a musulmanes y judíos con “guerras santas”. Y recientemente Irlanda, país que hizo del catolicismo un rasgo de identidad y donde los símbolos nacionales son la “cruz celta” y el trébol, porque lo usaba San Patricio para explicar la Santísima Trinidad, hizo un referéndum en el que una inmensa mayoría votó la legalización.

Estados Unidos, con una nación marcada por los puritanos y cuáqueros que desembarcaron del My Flower, lo había legalizado en 1973 y en las siguientes décadas lo hizo la totalidad del mundo desarrollado y buena parte del resto del planeta.

Por cierto, la iglesia tiene derecho a concebir la interrupción del embarazo como un pecado. Lo discutible es que también sea considerado un delito. En el siglo XX, el discurso anti-aborto de la iglesia hacía eje en que la “dignidad de persona” era otorgada por Dios desde el primer momento del embarazo. Ahora buscó un concepto menos abstracto: habla de “vida”. Lo que le falta a su “defensa de la vida” es la autocrítica por haber hecho correr ríos de sangre con inquisidores, cruzados y ejércitos como el de los Estados Pontificios, además de ideologías confesionales como el falangismo español. También por haber convivido con la pena de muerte y por haber tenido obispos castrenses que bendecían armas.

Otra disculpa que debió anteceder a su actual ofensiva contra la legalización, es por haber estigmatizado a la madre soltera desde la Edad Media hasta el siglo XX. En la antigua teocracia europea, muchas mujeres católicas abortaban para no cargar con el estigma de ser madres solteras. La iglesia las repudiaba. La estigmatización alcanzaba a los hijos, que eran llamados “bastardos”. Y era difícil vivir en la sociedad católica portando semejante adjetivo.

La iglesia también aportó a que la homosexualidad fuese considerada una perversión. No sólo al sexo, sino también al amor entre personas del mismo género, se lo llamaba sodomía. Y se lo execraba y perseguía con ensañamiento. En ese tema, el Papa caudillo había amagado con un giro hacia una posición opuesta a la del cardenal argentino que calificaba al matrimonio igualitario como “un plan de Satanás”. Pero volvió a parecerse a Bergoglio al sostener que “la familia imagen de Dios” está compuesta por hombre y mujer.

Ergo, no puede haber ni matrimonio ni familia entre personas del mismo sexo, aunque se amen. Igual que el antiguo cardenal, el Papa colocó la heterosexualidad como factor fundamental del matrimonio y de la familia, por encima del amor.

Un líder religioso debe ser cauto. Sobre temas en los que la religión es una intrusa en los debates seculares, en la misma vereda del Papa hay lunáticos que infectan de odio las redes sociales. Al fanatismo lo provoca confundir mensaje evangélico con política eclesiástica.
Por eso hay tantos inquisidores que aborrecen a quienes defienden la secularidad en las leyes y cuestionan que la iglesia pretenda legislar. En definitiva, ese es el punto central: las leyes humanas son cuestión de los humanos, no de los dioses.

Como ya lo vieron las democracias maduras de Occidente y demás potencias en la mayor parte del mundo, sobre interrupción de embarazo la mejor ley es aquella en la que una parte de la sociedad no obliga a otra parte a nada que vaya contra sus principios. Y la legalización no obliga a abortar a nadie.

Igual que en otros países que afrontaron estos debates antes, en Argentina la desmesura comenzó en los altares. Si algunos sermones en las catedrales envalentonaron a hordas de inquisidores a salir como chacales a disparar amenazas, cuantos lunáticos más podrían sentirse autorizados a “cazar brujas”, al escuchar un Papa criminalizando a quienes lo contradicen.

Nazismo es sinónimo de crueldad y exterminio. Si no llama genocidas a regímenes como el venezolano y el nicaragüense, que cometen masacres para mantener su poder, y tampoco acusó de genocida a ISIS cuando exterminaba a drusos, yazidíes, cristianos, alauitas, kurdos y chiitas en Irak y Siria ¿le parece razonable decírselo a quienes defienden legalizar la interrupción del embarazo?

Buena parte del mundo lo consideró un exceso. Una desmesura que, quizá, se explique en la recurrencia de Francisco a actuar como un caudillo.

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