La imprescindible Corea del Medio

“Corea del medio” es la nueva descalificación vigente en la Argentina. Con una carga de desprecio similar al “agente de Magnetto” que disparaba el kirchnerismo, un naciente ultramacrismo descalifica como “Corea del Medio” a quien, pese a haber sido crítico de los gobiernos kirchneristas y sin comulgar con las posiciones actuales de Cristina, se niega a suscribir todas las versiones gubernamentales sobre los acontecimientos.

A esta altura de las tribulaciones, lamentos y ocasos de un país que insiste en adorar lo imaginario, no debería ser necesario explicar la carga autoritaria de toda descalificación. Pero lo es, porque hay un nuevo fanatismo que dispara a mansalva su desprecio, como hacía el kirchnerismo en su apogeo y como continúa haciéndolo en su etapa crepuscular.

Un duelo verbal televisivo evidenció la intolerancia que busca alinear al periodismo, mediante la falsa disyuntiva de que se apoya en todo al gobierno de Mauricio Macri o se está con el populismo que quiere convertir a la Argentina en Venezuela.Gabriela Michetti intentó hacer con Ernesto Tenembaum lo que había hecho María Eugenia Vidal con Diego Brancatelli. En un programa, cuando Brancatelli lanzó contra la gobernadora bonaerense su característico discurso, que no es periodístico sino partidista, ella reaccionó de manera clara y contundente.


Tratar a Tenembaum como si fuera Brancatelli fue el exabrupto de la vicepresidenta en la mesa de Mirtha Legrand. Por eso, a diferencia del masivo respaldo que obtuvo Vidal cuando quisieron correrla con consignas panfletarias, a la vicepresidenta sólo la aplaudieron los trols y los afiebrados francotiradores ultraoficialistas.

Peor aún fue decir que Tenembaum estaba defendiendo a la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), cuando lo que hacía es lo que corresponde hacer al periodismo: plantear las dudas y cuestionamientos que deben ser respondidos por el Gobierno ante sucesos como el que le costó la vida al activista Rafael Nahuel.

Nada de lo que había dicho el periodista merodeó siquiera la defensa o la justificación de la violencia de la RAM, que sí efectúan de manera abierta o soterrada dirigentes kirchneristas y sectores ideologizados deseosos de que estalle todo en mil pedazos para que caiga Macri.

Sin embargo, Tenembaum fue acosado con tono inquisidor por una vicepresidenta que daba por probadas cosas improbadas.

Buen punto de observación

En el bombardeo posterior, apareció la acusación de estar en “Corea del Medio”. Igual ubicación le destinan los nuevos fundamentalistas al periodismo que cuestiona una política económica que descarga el ajuste sobre la clase media y media baja y que ya lleva demasiado tiempo perdiendo la guerra contra inflación debido a las medidas del Banco Central que desalientan la inversión productiva porque hacen más atractiva la especulación financiera.

También sitúan en ese punto que consideran despreciable al periodismo que señala que hay al menos un par de ministros cuyas permanencias resultan inexplicables, y que denuncia el nepotismo que se multiplica.

En el mismo lugar colocan a los periodistas que, tras haber denunciado la megacorrupción kirchnerista y la aberración del acuerdo con Irán, describen la repentina velocidad de fiscales y jueces que sobreactúan hoy para encubrir sus complicidades de ayer.

Si para ver cosas tan evidentes hay que estar en Corea del Medio, entonces se trata de un buen punto de observación.

En la península coreana, no se puede tratar igual al norte totalitario y al sur, que no lo es. Corea del Norte es el totalitarismo absoluto y Corea del Sur no es eso ni nada que se le parezca.

Además, hubo y hay un periodismo surcoreano que denunció autoritarismo en déspotas como Chun Do-hwan, así como corrupción en empresarios como el dueño de Samsung, Lee Jae-yong, y en la destituida presidenta Park Geun-hye.

También en Corea del Sur hubo ultraoficialismos que acusaban de agentes de Pyongyang a quienes criticaban y denunciaban a gobiernos en Seúl. Ese ultraoficialismo no defendía la libertad odiada por el régimen situado al norte del Paralelo 38. Lo que hacían era aplicar maniqueísmo.

El maniqueísmo es un rasgo de la cultura autoritaria. Por eso, en la dividida Argentina, ante la irrupción de un inquisidor ultraoficialismo macrista, que usa descalificadores razonamientos binarios similares a los instrumentados por la propaganda kirchnerista, la mejor posición para el periodismo está en Corea del Medio.

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