Con sangre en las manos

Si algo muy grave se decidía en la Francia del Luis XIII, nadie pensaba en el rey sino en el poder detrás del trono: el cardenal Richelieu. Y si algo muy grave se decidía en la Francia de Luis XIV, nadie dudaba que el autor de la decisión era el mismísimo “rey sol”.

Leer más

Share

El juicio al Chapo Guzmán y la sorprendente estrategia de su defensa

En su análisis de cada viernes en Informativo Sarandí Claudio Fantini se refirió al juicio que enfrenta el capo narco mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa, por el ingreso de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos.

Apenas comenzadas las audiencias esta semana, el abogado de Guzmán, Jeffrey Lichtman, sorprendió con su estrategia al plantear que el “Chapo” no era el jefe del cartel, sino más bien “un pinche”, y que el verdadero capo es Ismael “Mayo” Zambada, actualmente prófugo

Lichtman no es para nada un principiante en este tipo de instancias, destacó Fantini. Es el mismo abogado que logró la declaración de nulidad en el juicio de John A. Gotti, hijo “il capo di tutti le capi” en el clan Gambino, una de las más poderosas mafias que ha actuado en Estados Unidos.

Share

La pelea más insólita

De Gaulle y Eisenhower jamás habrán imaginado un intercambio de misiles verbales como el que se lanzaron Macron y Trump.

Leer más

Share

El anarquismo zombi y la bomba en la Recoleta

Una bomba reinstaló una palabra que resurgió, como extraviada, desde el fondo de la historia: anarquismo. Como un intento de matarlo por segunda vez, dos anarquistas pusieron una bomba en la tumba de Ramón Falcón. Por la sangrienta represión que llevó a cabo en mayo de 1909, el coronel Falcón fue asesinado ese mismo año por Simón Radowtzky, un joven anarquista que arrojó una bomba en el carruaje del oficial. De qué se trata la bomba colocada en Recoleta.

Leer más

Share

Dos contra el mundo

La ocasión era adecuada. Se cumplían cien años del final de la Primera Guerra Mundial.

Leer más

Share

Quemando ataúdes

En Argentina, lo que debiera ser centroizquierda sólo se acuerda del Estado de derecho cuando debe lidiar con causas judiciales.

Leer más

Share

Cumbre del G-20: ¿Argentina en la mira del terrorismo global?

Una sensación de escalofrío recorrió a la Argentina al conocerse un comunicado del Foreing Office, que alertó a los ciudadanos británicos sobre la posibilidad de atentados en el país que será escenario de la cumbre del G-20. Sin embargo, una extraña ambigüedad caracteriza a la nota de alerta. Repasemos de qué se trata y la importancia del G-20.

Leer más

Share

Angela Merkel entre los demonios

La notable canciller alemana anuncia su alejamiento de la política, en un tiempo plagado de extremismo y demagogia.

Leer más

Share

El inesperado salto de Moro

En política, hay casos en los que, más que la falta de transparencia, sorprende la negligencia. Sucede cuando se trata de personas que han mostrado mucha capacidad en procesos tan grandes como complejos, pero de repente toman decisiones que ponen bajo sospecha lo realizado.

Para Sergio Moro, la prioridad debiera ser el Lava Jato. Ese vigor depende de su transparencia. Quienes llevan adelante la ofensiva judicial contra la corrupción en Brasil, no deben generar ningún tipo de sospecha sobre el proceso.

Aceptando un cargo político, el juez de Curitiba hizo lo contrario. Inevitablemente, su rápida aceptación de convertirse en ministro de Jair Bolsonaro resta claridad a la ofensiva contra la corrupción. Leer más

Share

El asesinato de Jamal Khashoggi: Trump socio de la barbarie

La ambigüedad del presidente de Estados Unidos frente al salvaje crimen de un disidente saudita en un consulado salpicó de sangre a la Casa Blanca.

Socios y aliados. Donald Trump flanqueado por el rey saudí Salman bin Abdulaziz. Su hijo sería el autor intelectual del crimen. Foto: DPA
El corazón de Trump es verde como el dólar y como la bandera de Arabia Saudita. Aquellas ganancias descomunales en los negocios personales, sumadas a los 110 mil millones de dólares en armamentos que Riad acordó comprar a Estados Unidos, más la funcionalidad geoestratégica del príncipe heredero al juego de Washington en el tablero del Oriente Medio, bloquearon el razonamiento de Trump a la hora de reaccionar por el asesinato cometido en un consulado saudita.

En su cabeza, la Razón de Estado se mezcló con las propias. Por eso tardó en rechazar la insostenible primer versión de Riad sobre lo ocurrido: Jamal Khashoggi se retiró, vivo y entero, de la sede diplomática, afirmó el reino. Finalmente, se percató de que su complicidad con semejante asesinato necesitaba de un esfuerzo mayor de los responsables y les hizo decir que lo ayuden a ayudarlos. Eso fue a plantear Mike Pompeo al mismísimo palacio real de Riad. El secretario de Estado los convenció de que no podían sostener lo insostenible. Era imprescindible que aceptaran la muerte en el consulado y que buscaran chivos expiatorios para deslindar responsabilidades. No fue fácil convencerlos ni siquiera de tan poco.

Al principio, aceptaron reconocer la muerte dentro del consulado pero culpando a Qatar, el pequeño Estado al que Mohamad Bin Salman mantiene totalmente bloqueado. Finalmente, la Fiscalía Saudita publicó una admisión nebulosa y llena de vacíos. De este modo, Washington fue alcanzado por uno de los crímenes políticos más salvajes y torpes que se hayan cometido. El rey y el príncipe sacrifican chivos expiatorios en el altar de la buena relación con Occidente. Pero sólo Trump está dispuesto a simular que cree que los asesinos actuaron por su cuenta.

Nada menos que Ahmad al Asiri, número dos del Istakhbarat; Maher Mutreb, poderoso coronel de ese oscuro aparato de inteligencia, y Saud al Qahtani, principal consejero de la casa real y del príncipe heredero, comandando un escuadrón de agentes que viajó a Estambul a capturar o matar a Khashoggi, jamás pueden haber actuado a espaldas de los dueños del poder. Y los únicos dueños del poder son el rey Salman bin Abdulaziz al Saud y su hijo Mohamed.
Hasta el ultraconservador Ted Cruz dejó en claro que no hay forma de dejar impune este crimen sin manchar de sangre la bandera de las barras. También los gobiernos británico, alemán y francés exigieron a Arabia Saudita respuestas serias.

KHASHOGGI. Era miembro de una familia poderosa, cuyo giro a la democracia se mostraba en sus columnas en The Washington Post. Foto: DPA
Pruebas. La Casa Blanca sabe que Turquía tiene las pruebas del asesinato y que no puede mostrarlas sin mostrar, al mismo tiempo, que había sembrado micrófonos en el consulado saudí. Lo increíble del caso Khashoggi no es que el reino del desierto cometa un crimen político. De una monarquía absolutista y teocrática no deben sorprender actos de ese tipo. Lo que sorprende es la impudicia con que actuó. La víctima era un disidente notable, miembro de una familia poderosa, cuyo giro a la democracia liberal se mostraba nada menos que en sus columnas en The Washington Post. Estaba radicado en Estados Unidos; organizaba campañas para denunciar violaciones de Derechos Humanos en el reino y crímenes de guerra en Yemén. Tenía particular inquina con el príncipe que detenta y ostenta el poder. Con todo eso, si se atrevió a ir al consulado es porque estaba seguro de que jamás podrían matarlo en una sede diplomática. Después de la embajada en Ankara, la capital, la sede más importante es el consulado en Estambul, la principal ciudad turca. Además, por la guerra en Siria, donde turcos y sauditas quedaron en veredas opuestas, el gobierno de Erdogán está enfrentado a Riad.

Ese régimen podía eliminarlo de mil modos, pero optó por la vía de mayor riesgo: emboscarlo en un consulado situado en territorio enemigo. El príncipe ya había desafiado exitosamente al estupor mundial varias veces. Con decenas de países y organismos de Derechos Humanos exigiéndole que no fusile a Nimr Baker al Nimr, lo mismo ejecutó al clérigo más influyente de la comunidad chiita saudí. Después involucró al reino en el conflicto yemení, bombardeando poblaciones para masacrar a los hutíes que luchan contra los aliados de Riad.

En el medio, arrestó al primer ministro libanés Saad Hariri cuando viajó a Arabia Saudita para realizar consultas. Estos hechos y el salvaje crimen en el consulado sólo parecen explicarse por la embriaguez de impunidad de un joven que nació y creció en el poder absoluto, y pasó a controlarlo antes de desarrollar algún tipo de pudor o inteligencia práctica que lo contenga.

Enriqueciendo a Donald Trump cuando aún era sólo un empresario, cautivando al yerno de este con masivas compras de armamentos, y conteniendo la proyección iraní en Oriente Medio (colaborando con Israel en la inteligencia), Mohamed bin Salmán sencillamente llegó a convencerse de que cualquier crimen le era posible sin tener que dar cuentas a nadie.

Share