Rusia y la grieta eslava

La grieta eslava afloró en el mundial de Rusia. Primero, con jugadores suizos de origen albanés que festejaron sus goles a Serbia haciendo el águila de dos cabezas, emblemática de Albania.

Después con un jugador croata dedicando a Ucrania el triunfo contra Rusia. Finalmente, el tenista serbio Novak Djokovic recibiendo críticas en su país por fotografiarse con jugadores croatas y expresar su apoyo a Croacia.

En el primer caso, lo que afloró es el rencor dejado en los albaneses, que como los griegos descienden de los ilirios pero profesan la religión musulmana que adoptó bajo la dominación otomana, la limpieza étnica de Slobodan Milosevic para deportar a los albaneses de Kosovo.

La dedicatoria a Ucrania del triunfo contra Rusia que hizo un jugador de Croacia, refleja un rencor croata hacia la mayor de las naciones eslavas por la injerencia que siempre ha tenido en los Balcanes a favor de los proyectos geopolíticos serbios. Ucrania está en tensión con Rusia por la anexión de Crimea y por el apoyo del Kremlin a los separatistas del Este. A renglón seguido, haberse puesto por encima de la grieta balcánica dando su apoyo a Croacia, le valió a Djokovic duras críticas en su país, Serbia. Entre ambas naciones, la rivalidad se volvió visceral por los conflictos del siglo XX.

Croatas y serbios tienen en común la raza eslava, pero los diferencian rasgos culturales que les dejaron siglos de pertenencia a distintos imperios. Croacia integró el Austro-húngaro y Serbia el Otomano. Los serbios fueron los primeros en independizarse y lo hicieron ayudados por Rusia. Su proyecto geopolítico fue crear un estado eslavo en los Balcanes, por eso un nacionalista serbio cometió el magnicidio que detonó la guerra entre Austria-Hungría y Serbia. Rusia fue la primera en involucrarse en lo que pronto sería la Primera Guerra Mundial. Leer más

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Macri jaqueado por el Papa

Si, poco antes de comenzar el debate en Senado, el Gobierno tuvo que decir algo que debiera ser obvio, “el presidente no vetará la Ley del Aborto”, es porque el Papa le había exigido vetarla.

En su homilía del lunes, el arzobispo de La Plata reclamó el veto presidencial si el Senado aprobara la Ley. Y monseñor Víctor Fernández es lo suficientemente allegado a Francisco como para dejar en claro que, a semejante pronunciamiento, sólo puede hacerlo si el Papa argentino quiere que lo haga.
Paralelamente, en el tedeum y demás principales homilías de la fecha patria (el 9 de Julio es el Día de la Independencia) el cardenal Poli y los obispos lanzaban ataques simultáneos contra el proyecto de legislación que ayer comenzó a debatir el Senado. Para que la presión sobre el gobierno resulte más asfixiante, mezclaron sus discursos con pronunciamientos políticos de tinte nacionalista y contra las medidas de ajuste que el gobierno intenta aplicar.

Con otras palabras, pero de manera elocuente, los discursos de los altares describieron un presidente neoliberal, encabezando un gobierno de los ricos que oprime a los pobres y se arrodilla ante el FMI.

En esta “madre de todas las batallas” que lanzó la iglesia, empujada por el caudillismo que ejerce el Papa en su país, el mensaje político y el mensaje antiabortista fueron dos brazos de una tenaza. Y a la presión la completó, de manera explícita, el arzobispo de La Plata reclamando el veto.
El mensaje completo parece decirle a Macri que la iglesia tiene llegada e influencia en el con-urbano bonaerense y en todas las villas y barrios humildes del país, advirtiéndole que puede colaborar a la calma social ante el ajuste aplicado por el gobierno, o empujar masas a las calles.
Una actitud u otra, dependen de que Macri vete o no la ley que aprobaría el Senado.

Para el presidente, cumplir esa exigencia del pontífice equivaldría a inmolar su debilitado liderazgo en una capitulación humillante. Una cosa es vetar una ley sobre tarifas surgida por iniciativa opositora y a contramano del Presupuesto, y otra muy distinta es vetar una ley cuyo debate ha sido habilitado por el propio presidente.

El tono de la iglesia es contundente. La casi totalidad de los políticos que rechazan el aborto hablan de “salvar las dos vidas”, evitando pronunciamientos agresivos sobre un tema tan inflamable, mientras en los altares retumban palabras como “asesinato” y “crimen”.
El Papa le ha dicho “jaque” a Macri, intentando encerrarlo en una opción de hierro: inmolar su liderazgo con una rendición inaceptable y denigrante para vegetar en el poder hasta el final del mandato, o afrontar un sismo social que podría derribarlo.

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Qué cambiará en México con la llegada de López Obrador

El tan mentado giro izquierdista sería un retorno al estatismo paternalista.

México da vuelta la página. Comienza una nueva etapa. Pero el cambio no estará en el probable giro a la izquierda del que tanto se habla, sino en el modelo de liderazgo. Si la presidencia de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fuese como sus discursos más radicales y no como su pragmática gestión gobernando el Distrito Federal, México no avanzaría hacia algo desconocido sino que retrocedería a la era del PRI previa a De la Madrid y Salinas de Gortari.

López Obrador era parte de aquel partido hegemónico que creó un Estado gigantesco, paternalista y regulador. El giro ideológico que daría su gobierno, si es que decide darlo al asumir la presidencia, no avanzaría hacia el modelo cubano ni hacia el modelo chavista. El castrismo hace tiempo no es modelo para nadie, salvo para el chavismo, que con Nicolás Maduro profundizó “la vía cubana” y terminó hundiendo un buque que, por sus riquezas naturales y por flotar en petróleo, era inhundible. Leer más

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Ecuador: la Justicia ordenó la prisión preventiva para el ex presidente Correa

El ex presidente es investigado por el secuestro de un legislador de la oposición, Fernando Balda. En Cada Mañana, el analista internacional y politólogo, Claudio Fantini, explicó el motivo por el cual la Justicia ecuatoriana solicitó su detención.

Marcelo Longobardi: “Subrayamos temprano dos temas internacionales, uno es la transición mexicana que parece muy razonable y el pedido de captura de Rafael Correa. Ayer la Justicia ecuatoriana pidió la captura de Rafael Correa. Cuando vi la noticia pensé que era por Odebrecht. Pero es peor, se lo acusa de ordenar el secuestro de un dirigente opositor”.

Claudio Fantini: “Se lo acusa por el intento de secuestro que ocurrió en Colombia. La Justicia ecuatoriana se está basando en un fallo de la justicia de Colombia. En Colombia en 2012 se encontraba Fernando Balda, que había sido un dirigente correista desde la primera hora. Luego se convirtió en opositor porque señalaba hechos de corrupción y terminó pasándose a Sociedad Patriótica, una de las fuerzas opositoras más enconadas a Correa”.

“En un momento se va de Ecuador a Colombia casi escapándose de las presiones de Correa, y en 2012 ocurre un hecho muy confuso y muy turbio, hay un intento de secuestro. Cinco tipos lo arrastran en la calle hasta un automóvil y se lo llevan. Un grupo de taxistas ven el hecho, algunos lo salen a perseguir, otros hacen la denuncia a la policía”.

“Ante el asedio policial lo soltaron a Fernando Balda. Balda consideró que esto fue un intento de secuestro”.

“El presidente Santos de Colombia terminó extraditándolo a Ecuador”.

“En Colombia la Justicia llegó a determinar que ese hecho había sido ocasionado por tres agentes de la inteligencia ecuatoriana que había pagado a los maleantes para que secuestren a Fernando Balda. Estos tres agentes del aparato de inteligencia de Ecuador fueron detenidos y dijeron responder a órdenes de su jefe, el jefe de inteligencia de Correa”.

“La Justicia ecuatoriana en aquel momento no movió un dedo, pero desde que está Lenín Moreno, según Correa Lenín Moreno empuja a la Justicia”.

“La prisión preventiva se dictó porque Rafael Correa faltó a la cautelar”.

“Como Correa dijo que era una persecución política, no cumplió con las presentaciones mensuales, él vive en Bélgica”.

“Ecuador va a empezar a gestionar la extradición de Correa. Es difícil que Bélgica otorgue la extradición”.

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De presidente poderoso a prófugo

Posiblemente, se trata de un episodio más en la guerra entre el presidente actual y su antecesor. Pero eso no implica, necesariamente, que Rafael Correa sea la víctima inocente de la persecución política que describe.

La prisión preventiva que se dictó contra él deviene de un caso extraño: el presunto intento de secuestro del opositor Fernando Balda, el 2012, en Colombia. No obstante, lo significativo es que sobre aquel hecho, no fue la Justicia ecuatoriana, por entonces sumisa a Correa, sino la Justicia de Colombia la que llegó a la conclusión de que los cinco maleantes que se llevaron por la fuerza a Balda y lo liberaron cuando la policía (alertada por un grupo de taxistas) los alcanzó, habían recibido dinero de tres agentes de inteligencia de Ecuador.

Esos agentes respondían al jefe máximo del espionaje ecuatoriano, Pablo Ramos, reiteradamente cuestionado por usar el aparato de inteligencia para espiar a opositores y a críticos del gobierno. De tal modo, no resulta descabellado pensar que Correa pudo haber ordenado el secuestro del exdirigente de Alianza País que saltó a la oposición y, desde las filas del partido Sociedad Patriótica, hizo fuertes denuncias de corrupción.

Tampoco es descabellado sospechar que el presidente Lenin Moreno mueva hilos para que la Justicia avance contra Correa, después de haber sacado de la vicepresidencia al ultracorreísta Jorge Glas, encarcelándolo por supuesta corrupción durante el gobierno anterior.

Desde que entró al Palacio de Carondelet, quien había sido el manso vicepresidente del volcánico Correa, abandonó el modelo político de su mentor y lo enfrentó con dureza.

Entre otras cosas, lo acusó de haber desguarnecido la frontera con Colombia para facilitar a las FARC el tráfico de cocaína y tener guaridas en Ecuador. De hecho, en el 2008, cuando dos aviones Supertucano atacaron y mataron al comandante Raúl Reyes, el campamento bombardeado estaba en territorio ecuatoriano. Por eso aún opera en esa zona el remanente de las FARC que asesinó a periodistas del diario quiteño El Comercio.

Por haber sido el ministro de Defensa que diseñó la Operación Fénix, Juan Manuel Santos concedió la extradición de Balda, buscando conciliar con Correa. Pero la investigación que ordenó la Justicia colombiana siguió su curso y fue la que derivó en la orden de prisión contra Correa.

Seguramente, el expresidente no será encarcelado porque Ecuador no tiene convenio de extradición con Bélgica y quizá precisamente por eso (y no por su esposa belga) es que eligió Bruselas para radicarse tras dejar el poder. De todos modos, las alertas rojas de Interpol obligarán a Rafael Correa a permanecer en Bélgica. Y el solo hecho de que no vuelva a Ecuador es bueno para Lenin Moreno.

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Francisco, líder del caudillismo religioso

Francisco, líder del caudillismo religioso
La desmesura del Papa avalando su injerencia en la legislación sobre aborto y matrimonio corroboran su vocación de líder inobjetable.

Con excepciones como Juan XXIII, los Papas han sido monarcas al frente de una estructura vertical, marcada por su instinto medieval a imperar sobre el poder terrenal. La casi totalidad de los pontífices, actuando como monarcas infalibles, defendieron versiones ortodoxas del dogma y actuaron para que la iglesia gravite sobre gobiernos y legislaciones.

Hasta ahora, Francisco no apunta a ser diferente. Que haya transgredido reglas y enfrentado reductos oscuros de la curia romana, no implica que su pontificado sea menos monárquico y más dispuesto a respetar el ámbito secular de los gobiernos y las leyes. Pero el origen latinoamericano del Papa da un sesgo particular a su monarquismo. En América Latina, los reyes que imperan por encima de las leyes y las instituciones se llaman caudillos. Y Francisco es eso, un caudillo religioso.

Ese rasgo lo hace irascible ante el poder secular cuando lo relega o resiste contra el instinto medieval de la iglesia a imponer su visión sobre la educación y las leyes. Y a veces, el enojo lo arrastra a la imprudencia. El mundo lo escuchó con estupefacción comparar la legalización del aborto con “un nazismo de guante blanco”. Tuvieron razón las voces del judaísmo que denunciaron la banalización del holocausto que implicaba semejante pronunciamiento. El Papa llamó nazis, o sea genocidas, a las democracias maduras de Occidente y las demás potencias desarrolladas en un mundo en el que predomina ampliamente la legalidad por sobre la criminalización.

La impresión es que lo sacó de quicio que “su” país diera un paso hacia la legalización. Sin embargo, eso no debiera sorprender. En 1978, a ese paso lo dio el país donde se encuentra el Vaticano y estaba gobernado por coaliciones encabezadas por la Democracia Cristiana. Lo hizo una abrumadora mayoría de italianos votando en referéndum. Lo mismo ocurrió en la catoliquísima Portugal. También legalizó la interrupción del embarazo España, un país nacido de una boda entre reyes fundamentalistas (Fernando de Aragón e Isabel “La Católica”), que expulsaron a musulmanes y judíos con “guerras santas”. Y recientemente Irlanda, país que hizo del catolicismo un rasgo de identidad y donde los símbolos nacionales son la “cruz celta” y el trébol, porque lo usaba San Patricio para explicar la Santísima Trinidad, hizo un referéndum en el que una inmensa mayoría votó la legalización.

Estados Unidos, con una nación marcada por los puritanos y cuáqueros que desembarcaron del My Flower, lo había legalizado en 1973 y en las siguientes décadas lo hizo la totalidad del mundo desarrollado y buena parte del resto del planeta.

Por cierto, la iglesia tiene derecho a concebir la interrupción del embarazo como un pecado. Lo discutible es que también sea considerado un delito. En el siglo XX, el discurso anti-aborto de la iglesia hacía eje en que la “dignidad de persona” era otorgada por Dios desde el primer momento del embarazo. Ahora buscó un concepto menos abstracto: habla de “vida”. Lo que le falta a su “defensa de la vida” es la autocrítica por haber hecho correr ríos de sangre con inquisidores, cruzados y ejércitos como el de los Estados Pontificios, además de ideologías confesionales como el falangismo español. También por haber convivido con la pena de muerte y por haber tenido obispos castrenses que bendecían armas.

Otra disculpa que debió anteceder a su actual ofensiva contra la legalización, es por haber estigmatizado a la madre soltera desde la Edad Media hasta el siglo XX. En la antigua teocracia europea, muchas mujeres católicas abortaban para no cargar con el estigma de ser madres solteras. La iglesia las repudiaba. La estigmatización alcanzaba a los hijos, que eran llamados “bastardos”. Y era difícil vivir en la sociedad católica portando semejante adjetivo.

La iglesia también aportó a que la homosexualidad fuese considerada una perversión. No sólo al sexo, sino también al amor entre personas del mismo género, se lo llamaba sodomía. Y se lo execraba y perseguía con ensañamiento. En ese tema, el Papa caudillo había amagado con un giro hacia una posición opuesta a la del cardenal argentino que calificaba al matrimonio igualitario como “un plan de Satanás”. Pero volvió a parecerse a Bergoglio al sostener que “la familia imagen de Dios” está compuesta por hombre y mujer.

Ergo, no puede haber ni matrimonio ni familia entre personas del mismo sexo, aunque se amen. Igual que el antiguo cardenal, el Papa colocó la heterosexualidad como factor fundamental del matrimonio y de la familia, por encima del amor.

Un líder religioso debe ser cauto. Sobre temas en los que la religión es una intrusa en los debates seculares, en la misma vereda del Papa hay lunáticos que infectan de odio las redes sociales. Al fanatismo lo provoca confundir mensaje evangélico con política eclesiástica.
Por eso hay tantos inquisidores que aborrecen a quienes defienden la secularidad en las leyes y cuestionan que la iglesia pretenda legislar. En definitiva, ese es el punto central: las leyes humanas son cuestión de los humanos, no de los dioses.

Como ya lo vieron las democracias maduras de Occidente y demás potencias en la mayor parte del mundo, sobre interrupción de embarazo la mejor ley es aquella en la que una parte de la sociedad no obliga a otra parte a nada que vaya contra sus principios. Y la legalización no obliga a abortar a nadie.

Igual que en otros países que afrontaron estos debates antes, en Argentina la desmesura comenzó en los altares. Si algunos sermones en las catedrales envalentonaron a hordas de inquisidores a salir como chacales a disparar amenazas, cuantos lunáticos más podrían sentirse autorizados a “cazar brujas”, al escuchar un Papa criminalizando a quienes lo contradicen.

Nazismo es sinónimo de crueldad y exterminio. Si no llama genocidas a regímenes como el venezolano y el nicaragüense, que cometen masacres para mantener su poder, y tampoco acusó de genocida a ISIS cuando exterminaba a drusos, yazidíes, cristianos, alauitas, kurdos y chiitas en Irak y Siria ¿le parece razonable decírselo a quienes defienden legalizar la interrupción del embarazo?

Buena parte del mundo lo consideró un exceso. Una desmesura que, quizá, se explique en la recurrencia de Francisco a actuar como un caudillo.

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La Argentina empantanada

Lo óptimo es que la economía sea percibida por la sociedad como un tren en marcha. Las vías por las que se desliza equivalen al plan delineado por el gobierno para arribar a un destino deseado.

Desde que está en la Casa Rosada, Macri no ha logrado que la sociedad sintiera la economía como un tren que marcha sobre rieles. Más bien lo sintió como una formación quieta y alineada detrás de una locomotora inmóvil. La sensación empeoró con la corrida del dólar. Desde entonces, lo que se percibía como un tren que no avanzaba, comenzó a percibirse como un tren que va para atrás.

Esa sensación alimentó el paro general de ayer. Por cierto, que la CGT haya convocado a la huelga un lunes, prolongando el fin de semana, ensanchó el ausentismo. Una marca de identidad del gremialismo “chanta”, practicado por una burocracia sindical que actúa como si no existiera el monumental déficit fiscal que carcome las cuentas argentinas. Las reflexiones de los voceros del gobierno sobre el paro general, incluyendo al propio presidente, no aportaron nada, porque volvieron a ser de una superficialidad pasmosa. Para repetir frases hechas como “paro político” o medida que “no suma”, mejor no decir nada. Leer más

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La fuerza del llanto

Cicerón escribió que “la sola idea de que algo cruel pueda ser útil, es inmoral”. No se equivocaba aquel jurista romano. La historia lo prueba. Y lo prueba el escozor que recorrió Estados Unidos y que hizo dar marcha atrás a Trump en la ejecución de una política cruel.

La idea de frenar el ingreso de inmigrantes, criminalizando la búsqueda de escapar del hambre y de la violencia, es una crueldad y, por ende, sólo pudo aplicarla un liderazgo inmoral.

Si volvió sobre sus pasos fue por lo que provocó, en Estados Unidos y el mundo, descubrirlo al escuchar el llanto de esos niños.

Normalmente son imágenes las que revelan la crueldad de una política. La camarógrafa húngara que, con una zancadilla, hizo rodar por el suelo a un padre cuando corría desesperado con su hijo en brazos para ingresar a Hungría, le puso rostro a la política xenófoba del presidente Viktor Orban contra la ola de refugiados iraquíes y sirios que huía del genocidio que perpetraba ISIS.

La imagen de las familias africanas que quedaron a la deriva porque le prohibieron desembarcar en Italia, le puso rostro a las víctimas del racismo que el poderoso ministro del Interior, Matteo Salvini, levanta como bandera desde los tiempos en que pretendía, junto a Umberto Bossi, separar el rico norte italiano, de la “Roma ladri” y los “terrones pobres” del sur.

Esta vez, antes que llegara la imagen, fue un sonido el que denunció la tragedia. Una ONG de periodistas registró el llanto de los niños separados de sus padres y enjaulados en campos de reclusión.

Nadie, ni siquiera la dirigencia republicana que se conmovió y avergonzó, debía sorprenderse. Desde las primarias, Trump muestra abiertamente su desprecio por los inmigrantes provenientes de países a los que llama “agujeros de mierda”.

El presidente que equiparó a los manifestantes antirracistas y los miembros del Ku Klux Klan, cuando estallaron los incidentes en Virginia por una estatua del general Lee (comandante del ejército sureño en la Guerra de Secesión), es el mismo que aprobó una idea cruel, por considerar que detendría la inmigración ilegal.

No volvió sobre sus pasos por conmoverse ante el llanto de los niños enjaulados, sino por la presión que recibió hasta de los propios republicanos. Trump sabía lo que estaba ocurriendo y pretendía ocultarlo. Fue esa ONG radicada en Manhattan la que puso sonido al sufrimiento, para que todos lo escucharan. El escozor hizo el resto, derribando una política que, por valerse de la crueldad, Cicerón calificaría de inmoral.

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La metamorfosis colombiana

Más que una señal más de giro político latinoamericano hacia la derecha, el resultado del proceso electoral colombiano debe verse como una señal más de la metamorfosis política que sigue dándose en Colombia.

La novedad es que hay una nueva bipolaridad reemplazando a las anteriores. Y esta nueva bipolaridad es rotunda: derecha-izquierda.

A lo largo del siglo XX, a los dos polos los ocuparon el Partido Conservador y el Partido Liberal. El primero era defensor de un statu quo dominado por un puñado de familias tradicionales y terratenientes, mientras que el segundo representó siempre una socialdemocracia popular y partidaria de la reforma agraria.

Sobre finales del siglo y los primeros años del actual, los conservadores ya representaban una derecha modera-da, mientras que el Partido Liberal seguía expresando una versión latinoamericana de los socialdemócratas de Europa o de los radicales argentinos.

Tras el fracaso del presidente Andrés Pastrana en la negociación de paz que Tirofijo aprovechó para reorganizar a su guerrilla marxista, el Partido Conservador se debilitó y dejó a los liberales un protagonismo hegemónico. Pero tras el giro político que implicó la presidencia de Álvaro Uribe, el viejo partido de Jorge Eliéser Gaitán empezó a dividirse en las dos porciones que protagonizaron la nueva bipolaridad: la derecha uribista y la centroizquierda santista.

El nuevo bipolarismo estaba conformado por el Partido de la U, del presidente Juan Manuel Santos, y el Centro Democrático, de su exaliado Álvaro Uribe. Ergo, a esta altura de la historia, el Partido Liberal había quedado marginado por las dos fuerzas políticas que se engendraron en su vientre. Pero la que lideró Santos acaba de sucumbir en este último proceso electoral, del que salió triunfante el uribismo con su candidato, Iván Duque.

En la nueva bipolaridad, la centroizquierda dejó su lugar a una izquierda más definida: el Polo Democrático. Su líder, Gustavo Petro, no representa el castro-chavismo ni pretende convertir Colombia en una nueva Venezuela. El M-19, la guerrilla de la que proviene, nunca fue marxista como las FARC y el ELN, sino de una izquierda nacionalista inspirada en el general Rojas Pinilla. Y de sus filas salieron legisladores y gobernadores estaduales destacados como Navarro Wolff. La falsa imagen del castro-chavismo la instaló con éxito el uribismo, logrando ganar el balotaje. No obstante, con más de ocho millones de votos, el Polo Democrático se consolida como segunda fuerza y principal oposición. Por lo tanto en Colombia la pulseada ya no es más centroderecha contra centroizquierda, sino derecha contra izquierda.

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Aborto legal: una mala noticia para el papa Francisco

La votación en Diputados refleja la pérdida de gravitación de la Iglesia. Un repaso por los países de raigambre católica, donde se aprobó la legalización.

La votación de los diputados sobre el aborto fue una derrota para el Papa. Fundamentalmente porque el resultado terminó reflejando la posición predominante de la sociedad.

Incluso es probable que la diferencia entre las porciones sociales que se contraponen respecto del aborto sea mayor que la que se reflejó en la Cámara Baja.

Ergo, lo que evidenció la votación es la lenta pero constante pérdida de influencia de la Iglesia Católica en la sociedad, mientras que la aprobación final de la legalización le restaría un espacio más de gravitación sobre las leyes.

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