Aborto legal: una mala noticia para el papa Francisco

La votación en Diputados refleja la pérdida de gravitación de la Iglesia. Un repaso por los países de raigambre católica, donde se aprobó la legalización.

La votación de los diputados sobre el aborto fue una derrota para el Papa. Fundamentalmente porque el resultado terminó reflejando la posición predominante de la sociedad.

Incluso es probable que la diferencia entre las porciones sociales que se contraponen respecto del aborto sea mayor que la que se reflejó en la Cámara Baja.

Ergo, lo que evidenció la votación es la lenta pero constante pérdida de influencia de la Iglesia Católica en la sociedad, mientras que la aprobación final de la legalización le restaría un espacio más de gravitación sobre las leyes.

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La jugada oculta

Hasta hace pocos meses, Kim Jon-un sacudía los sismógrafos asiáticos con pruebas nucleares subterráneas y despeinaba el cielo japonés con misiles. Pero pasó en un santiamén del armamentismo amenazante a los apretones de mano con los archienemigos de su régimen.

¿Cómo se explica este giro copernicano? ¿Por qué Trump y Kim pasaron de insultarse y lanzarse amenazas apocalípticas, a un encuen-tro sin antecedentes en la historia?

Con solo plantear el objetivo de tener bombas atómicas, el creador del régimen Kim Il-sung logró a principios de los 90 que Estados Unidos retirara sus armamentos nucleares de Corea del Sur.

George Herbert Walker Bush no era precisamente una paloma. Lanzó la “Tormenta del Desierto” que liberó Kuwait de la invasión iraquí, además de aplastar en Panamá al régimen de Noriega. Sin embargo, en 1991 el presidente surcoreano Rho Tae-Woo anunció que las ojivas norteamericanas habían sido retiradas.

Kim cumplió su parte del acuerdo, pero su hijo y sucesor, Kim Jong-il, no tardó en reiniciarlo para causar nuevas negociaciones en las que conseguir lo que la economía colectivista de planificación centralizada ya no podía producir.

¿Está jugando ese mismo juego Kim Jong-un? Si es así, con esta cumbre en Singapur logró lo que no habían logrado su abuelo y su padre: pararse en el centro mismo del escenario mundial. Pero después del encuentro comenzará a correr el reloj hasta el inexorable momento en que todo vuelva a punto cero.

La otra posibilidad es que el nieto del fundador, o bien por propia decisión o bien presionado por China, esté dispuesto a insertar en el mundo al huraño régimen que nació tras la retirada de Japón en 1945. Con ese propósito, primero puso en valor una negociación mediante la vigorosa carrera armamentista de los últimos dos años. No obstante, también es probable que negociar la desnuclearización no sea una decisión voluntaria del líder norcoreano, sino una imposición de China. ¿Por qué? Porque a esta altura de la historia, Corea del Norte ya no tiene para Beijing el mismo valor geoestratégico que tuvo décadas atrás, cuando se sentía demasiado débil como para tener en su frontera nororiental un aliado de Washington con bases norteamericanas en el territorio.

De ser así, lo que negociará Kim será exactamente lo que Xi Jinping quiera que negocie. Y la exigencia para desnuclearizarse será una significativa reducción de la presencia militar estadounidense al sur del Paralelo 38. Y algo más: que Trump le imponga al nacionalista primer ministro nipón Shenzo Abe, desistir de su plan de rearmar a Japón para que vuelva a ser una potencia militar en Asia.

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El país en la rueda del hámster

La mayoría en las clases media y media baja ya no cree en las frases entusiastas ni en las certezas impostadas.

Lo óptimo es que la sociedad perciba a la economía como un tren que marcha sobre rieles. Las vías implican un rumbo que ha sido trazado para que la marcha conduzca a un destino predeterminado.

En las antípodas, está la peor de las percepciones: la sociedad ve a la economía como la rueda en la que gira un hámster, que corre sin avanzar hacia ningún lado.

El gobierno de Mauricio Macri nunca logró que la economía fuera percibida como el tren que marcha sobre rieles. Pero, hasta la corrida del dólar, lograba al menos que la mayoría no la percibiera como la rueda en la que el roedor corre inútilmente.

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Las fichas de Putin en el G-7

Trump volvió a dejar a la vista su funcionalidad a los designios de Vladimir Putin.

Cuestiona y debilita a la OTAN, aísla a Estados Unidos sacándolo de acuerdos trascendentes como el de París sobre cambio climático, abortando la proyección comercial norteamericana hacia el área de influencia china en el Pacífico, destrozando el Nafta y declarando la guerra comercial a los aliados tradicionales de Washington.

Esa última acción dominó la cumbre del G-7 en Canadá, de la que Trump se retiró antes del final para eludir las críticas que se disponían a hacerle Trudeau y Macron. Pero antes de dar el portazo, tuvo otro de esos gestos que lo muestran como una ficha del jefe del Kremlin en el tablero geopolítico: reclamó que Rusia vuelva a sentarse en esa mesa de grandes potencias, de la que fue expulsada por la anexión de Crimea.

El Grupo de los 7 fue impulsado por el canciller alemán Helmut Schmidt y el presidente francés Giscard DEstaing durante la crisis mundial de comienzos de la década del 70. Y Estados Unidos siempre valoró la importancia del grupo que nació con cinco miembros, sumando luego a Italia y Canadá.

Tras la desaparición de la Unión Soviética, el G-7 pasó a ser G-8 por la incorporación de Rusia. Pero la suspendieron por apropiarse de la Península del Mar Negro y armar a los separatistas del Este de Ucrania. Volver a esa mesa de potencias sin haber hecho concesiones sobre la cuestión ucraniana, es un objetivo prioritario de Putin. A favor de ese objetivo actuó Trump, al pedir que el G-7 reincorpore a Rusia, volviendo a ser el G-8.

Al aporte del presidente norteamericano, se sumó el nuevo gobierno de Italia, que debutó en el G-7 reclamando que se levanten todas las sanciones que rigen sobre Rusia. Y no fue una sorpresa para nadie. La coalición entre la extrema derecha y el antisistema ha dejado ver desde el comienzo su decisión de convertir a Moscú en aliado estratégico de Roma.

En la primera propuesta de gobierno que la Liga y el Movimiento 5 Estrellas elevaron al presidente Mattarella, proponían como ministro de Economía a Paolo Savona, un partidario de romper con Bruselas, abandonar el euro y desenterrar la lira.

El poderoso ministro del Interior Matteo Salvini lleva años proclamando su admiración por Putin, además de apoyar el Brexit y resaltar la afinidad de su partido con el Frente Nacional francés, adherente también al líder ruso.

Meses atrás, mientras repetía como eslogan de campaña que “Italia debe dejar de ser una colonia alemana”, Salvini agregó a su lista de ídolos a Donald Trump. Y en esta cumbre del G-7 en Canadá, ambos hicieron su aporte al mentor y referente que tienen en el Kremlin.

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Paraguay y Colombia: entre el vicio y la virtud

Contraste entre la renuncia de Horacio Cartés a la presidencia y la nueva política en Colombia.

Como Jano, el dios de la mitología romana cuya efigie tenía dos rostros contrapuestos, la política latinoamericana mostró dos caras que representan sus respectivas antípodas. Pero no porque una exprese la izquierda y la otra la derecha, sino porque una implica la novedad política de la decencia y la concordia como banderas, mientras que su reverso encarna la astucia turbia y sin límites éticos en la búsqueda de poder.

Las banderas de la decencia y la concordia flamearon en las urnas de Colombia, mientras que su contracara se mostró, indecorosa, en la atribulada política de Paraguay.

En la efigie latinoamericana de Jano, un rostro fue el del matemático y académico que logró un sorprendente tercer lugar en la elección presidencial de Colombia, con un discurso inaudito en la región por su calidad ética. En el rostro contrapuesto apareció Horacio Cartes, presentando su renuncia a la presidencia de Paraguay. Leer más

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El fantasma que hace años ronda sobre Cristina Kirchner

El fallo de la Cámara Federal que el ex fiscal Alberto Nisman fue asesinado y lo vinculó a la denuncia que ese fiscal había presentado contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, debiera ser un acontecimiento electrizante. Sin embargo, está claro que en el país hace tiempo que no caben dudas de ambas cosas. ¿Cuál es la razón de la certeza general ? La conducta extraña, virulenta y oscura de la ex mandataria y de sus principales colaboradores a partir del hallazgo del cadáver del magistrado.

Por cierto, que Nisman muriera a pocas horas de presentarse en el Congreso a explicar su gravísima denuncia de encubrimiento a los autores de la masacre en la AMIA y que los denunciados fueron la ex presidenta, el ex canciller y un puñado de turbios miembros de su aparato político, permite sospechar de inmediato que no se suicidó, sino que lo mataron.

La siguiente conclusión lógica -aunque no necesariamente cierta- es que la razón del crimen está vinculada al hecho que lo había puesto en el ojo de la tormenta argentina del momento: su denuncia contra la gobernante.

Fue notable la visible turbación que la noticia provocó en Cristina Kirchner, las contradicciones en las que incurrió y la insólita campaña de desprestigio contra Nisman. Leer más

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El PSOE en su laberinto

Rajoy no podía seguir porque el fallo de la justicia en la “Trama Gürtel” había sentenciado su gobierno a la debilidad.

Esa suerte de versión española del caso Odebrecht estuvo acompañada por otros escándalos, como el que poco antes había precipitado la caída de la presidenta de la comunidad madrileña Cristina Cifuentes, por la falsificación de un título de posgrado y la aparición de un video que la mostraba robando cosméticos en un negocio.

El fallo judicial sobre la Trama Gürtel fue el tiro de gracia. Por primera vez una fuerza política, el Partido Popular, fue declarado responsable de una mega operación de corrupción. El presidente conservador actuaba como si no hubiese pasado nada y esa negación de la realidad fue el síntoma de una patología seria.

Su éxito en la recuperación económica lo hacía creer invulnerable. Pero el fallo expuso su talón de Aquiles y Pedro Sánchez disparó con puntería.
La perseverancia es una característica del nuevo jefe de Gobierno. Ese rasgo le permitió, primero, vencer la resistencia de la cúpula socialista para poder convertirse en el secretario general del PSOE.

Y, a renglón seguido, salir del coma político en el que había caído tras llevar al viejo partido de los socialdemócratas hacia el peor resultado electoral de su historia.

Cuando vio el flanco débil de Rajoy, el cadáver político resucitó y se lanzó a la batalla hasta abatirlo, en lo que constituye la primera moción de censura que prospera y destituye un gobernante español. Pero si Sánchez ganó la titánica pulseada, fue también por otro de sus rasgos: la temeridad.

Para la ofensiva final, tejió alianzas que sólo parecen servir para derribar un gobierno derechista; mientras que, para sostener un gobierno que llegó sin haber ganado una elección, dan la impresión de ser inviables. El propio Sánchez pareció advertirlo durante el debate previo a la votación. Si pidió siete veces a Rajoy que dimitiera, probablemente fue por entender que con semejantes aliados no podría gobernar.

Si Rajoy dimitía, se disolvía la cámara y había elecciones anticipadas. En cambio, destituido por una moción de censura, queda un gobierno liderado por Sánchez que debe completar el actual periodo legislativo.

¿Es posible gobernar con los presupuestos elaborados por el gobierno conservador destituido, teniendo como socio principal al partido anti-sistema y pro-chavista Podemos?

Podrá Pedro Sánchez mantener el férreo compromiso de su partido con la unidad de España, si lo sostiene una coalición en la que hay partidos separatistas vascos y catalanes?

Entre los votos que lo hicieron presidente están los de Euskal Herria Bildu, un remanente de Herri Batasuna, que fue brazo político de ETA. También lo ayudaron a encumbrarse el PdeCat y Esquerra Republicana, las principales fuerzas del separatismo antimonárquico que se mantiene desafiante en Cataluña.

En síntesis, la barca que el temerario líder socialista armó para hundir a Rajoy y desembarcar en el poder, es tan precaria que parece navegar hacia el naufragio.

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La católica Irlanda desoyó a la iglesia

En el tedeum del 25 de Mayo, en la catedral de Buenos Aires quedó resonando la voz de monseñor Poli advirtiendo al presidente Mauricio Macri sobre la firme condena de la iglesia católica a la legalización del aborto.

El poder de esa injerencia de la religión en el terreno secular de las leyes, quedaba rebatido, por esas mismas horas, en las urnas de la católica Irlanda.

Mientras el Papa Francisco prepara su visita al país celta, le llega una mala noticia desde Dublin: en un referéndum, los irlandeses acaban de pronunciarse masivamente a favor de la legalización del aborto.

No es un dato más, porque Irlanda es, junto a Polonia y a Italia, el país más católico de Europa y, más aún que los polacos, los irlandeses hacen del catolicismo una señal de identidad nacional. Por eso sus máximos símbolos nacionales son la Cruz Celta y el Trébol de tres hojas, la planta que usaba San Patricio (el evangelizador de la isla) para enseñar la Santísima Trinidad.

El aborto siempre había estado prohibido de hecho en Irlanda, hasta que, en 1983, se aprobó la Octava Enmienda “para proteger la vida de los no nacidos”. Aquella reforma constitucional se hizo por referéndum y la sociedad votó masivamente contra la legalidad del aborto. Pero ahora, esa misma nación se pronunció exactamente al revés.

Más del sesenta por ciento de los irlandeses aprobaron la legalidad de abortar. Es un paso más de las posiciones seculares contra los dominios jurídicos donde siempre había imperado la iglesia.

Por la gravitación de la iglesia católica, Irlanda fue el país europeo que más tardó en introducir el divorcio. Finalmente, en 1995 llegó el demorado referéndum en el que la mayoría aprobó el divorcio. Y hace un par de años, otro referéndum aprobó masivamente el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Expresando la secularización de esa sociedad celta y el retroceso de la influencia eclesiástica, al gobierno lo encabeza un homosexual: el primer ministro Leo Varadkar, descendiente de inmigrantes indios de sólo 39 años.

La masiva aprobación del aborto en la católica Irlanda no puede pasar desapercibida en Argentina, donde el tema ha sido incorporado en el debate y donde el Papa argentino ya ha iniciado una fuerte ofensiva para evitar que el aborto sea legalizado. Lo prueba ese sermón del arzobispo de Buenos Aires en el tedeum del 25 de mayo, pronunciado un par de horas antes de que cerraran las urnas en las que los irlandeses dijeron exactamente lo contrario.

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Elecciones en Venezuela: el fraude “ferpecto”

El presidente Nicolás Maduro necesitaba escenificar un triunfo creíble, pero lo que consiguió fue apenas un sketch grotesco.

Crimen Ferpecto” se llamó la película de Alex de la Iglesia, cuyo título hace mención a la evidente imperfección de un delito perpetrado de manera supuestamente perfecta. Las dictaduras que querían aparentar legitimidad democrática, cometían delitos comiciales obvios. Pero el régimen de Nicolás Maduro intentó el fraude “ferpecto”.

Armado. Necesitaba candidatos opositores que se presten a la escenificación de un comicio real. Sin embargo, una vez más, no logró convencer a nadie que no necesite creerle, o bien por adicción ideológica, o bien por recibir dinero o prebendas para que simule creer en esas ficciones electorales.

Sus voceros dijeron que Maduro obtuvo en esta elección un porcentaje de votos favorables “jamás conseguido en la historia del chavismo”. O sea, superó al mismísimo Chávez. Lo que no dijeron es que fue el nivel de participación más bajo de toda la historia. Según las propias cifras oficiales (seguramente infladas como en anteriores ocasiones) Maduro no logró vencer ni siquiera al abstencionismo.

En las elecciones y referéndums que cada tanto hacía Saddam Hussein, siempre superaba el 80 por ciento de los votos. Su régimen se sustentaba en la comunidad sunita de Irak, notablemente menos numerosa que la chiita, a la que sojuzgaba de manera brutal.

También lo aborrecían los kurdos, mayoría abrumadora en el norte iraquí contra la que Saddam cometió genocidios químicos. Ni con la totalidad de los votos sunitas y árabes cristianos (caldeos, asirios y siriacos) habría podido superar el 30 por ciento. Pero en sus dibujados escrutinios superaba el 80.

Lo mismo pasaba con el dictador sirio Hafez el Asad. Aunque apoyado en la minoría alauita, que ronda el 15 por ciento, y con el rechazo de la inmensa mayoría sunita, los escrutinios siempre lo acercaban al cien por ciento.

Los déspotas centroasiáticos también realizaban farsas electorales. Incluso los más criminales, como el uzbeko Islam Karimov. Encarcelaba a quien le trajera problemas (incluida su propia hija), ejecutaba disidentes sumergiéndolos en agua hirviendo y se cubría de votos inauditos para disfrazarse de demócrata. Igual que el delirante Saparmurat Niyazov, quien además de imperar con mano de hierro en Turkmenistán, escribió el Rukhanamá; la Constitución del Alma de los turkmenos. También falsificaban comicios el general Franco, el general Stroessner y otros dictadores de ese tipo. No todos dibujaban escrutinios tan ridículos, pero las urnas están presentes en los regímenes autoritarios porque la mayoría de los déspotas busca maquillarse de legitimidad democrática.

Sombra. Hugo Chávez era un líder de espíritu autoritario, pero sus elecciones eran reales porque no necesitaba fraude para ganar. Lo apoyaba la mayoría. Pero Nicolás Maduro perdió rápidamente ese apoyo mayoritario. Por eso realiza teatralizaciones electorales que, al dibujar escrutinios que lo acercan al 70 por ciento en un país quebrado, atestado de presos políticos y con una diáspora de dimensiones bíblicas, terminan siendo un patético sketch.
La última elección verdadera en Venezuela, fue la legislativa del 2015. Precisamente porque fue pluralista y sin fraude, la oposición logró un triunfo abrumador. Pero, a renglón seguido, el régimen practicó una vasectomía institucional que volvió infértil al congreso, convirtiéndolo en un poder legislativo que no puede legislar.

Como necesitaba un órgano que haga leyes para poder firmar contratos internacionales y obtener créditos, el régimen creó una asamblea constituyente que cumple la función legislativa. Pero el comicio para elegir sus integrantes no fue plural porque sólo podían postularse miembros de organizaciones chavistas. Y aún sin competir con nadie, el régimen hizo fraude. Smarmatic, la empresa que desde los tiempos de Chávez realizaba el conteo de los votos, denunció que el escrutinio tuvo más de un millón de sufragios ficticios.

A pesar de la denuncia hecha nada menos que por la empresa que proveyó el software electoral, no hubo cambio alguno en el ente que perpetró el fraude: el Consejo Nacional Electoral (CNE). El mismo ente que en la última elección para gobernador del Estado de Bolívar, alteró el resultado transmitido por el sistema automatizado, incorporando de manera irregular actas manuales para que se impusiera el candidato chavista.

Esa misma entidad, conducida por las mismas autoridades, es la que estuvo a cargo de estas elecciones.

A la falta absoluta de transparencia del CNE se suma otra lista de realidades fraudulentas. El comicio debía realizarse en diciembre, pero fue adelantado sorpresivamente, sin razones válidas. Obviamente, el partido oficialista supo desde un principio la verdadera fecha, por eso se preparó para mayo, mientras la oposición debatía si presentarse o no, pensando en diciembre.

A eso se suma el descomunal desbalance entre los instrumentos propagandísticos del régimen y los de la oposición. Sin pudor ni discreción, todos los ministerios aportaron lo que se les requirió para la campaña de Maduro, además de arrear a sus respectivos empleados a los mitines oficialistas.

Además, estuvo el llamado público del presidente a votar con el Carnet de la Patria y presentarlo en el “Punto Rojo” más cercano al centro de votación, para recibir un bono extra. En todo el país hubo casi trece mil “Puntos Rojos”, con los militantes oficialistas pidiendo ese carnet para premiar a los votantes que se registraran y, por ende, castigar a todos los portantes de ese instrumento de control que no lo hayan llevado a escanear en los sitios establecidos precisamente para eso.

Y hay más razones para certificar la falsedad del comicio. Por caso, las proscripciones de las principales figuras de la oposición y también de la MUD. ¿Qué legitimidad puede tener un comicio donde los principales exponentes y la principal fuerza de la oposición no pueden competir?

¿Por qué Henry Falcón aceptó jugar un partido tan viciado? ¿De verdad pensaba que si él ganaba no se cometería un fraude? Al respecto, hay dos hipótesis. Una: estaba convencido de que, si la participación era masiva, podía ganar y forzar al régimen a reconocerlo y negociar la transición. La otra: necesitando un oponente para dar credibilidad al comicio, el régimen salió a tentar opositores con dinero y lo logró con el ex gobernador del Estado de Lara. Ese “sparring” electoral debía servir para que la votación tenga la imponencia de las buenas teatralizaciones. Pero su actuación no alcanzó más que para un sketch grotesco.

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Un sketch grotesco

Maduro apostó a una gran teatralización electoral, pero solo pudo mostrar un sketch patético. La escenificación no convenció a nadie más allá de los que necesitan creerle, o bien por adicción ideológica, o bien porque reciben dinero o prebendas por simular que le creen.

Una de esas razones llevó a Maradona a bailar como bufón de Maduro en el acto de cierre de campaña. No fue al casamiento de su hija por cumplir con la orden del jeque árabe que le paga para dirigir su equipo, pero cumplió con el jefe de un régimen cuya represión dejó más de un centenar de muertos y las cárceles abarrotadas de presos políticos.

También la ceguera ideológica o financiaciones ocultas podrían explicar el apoyo de dirigentes argentinos referentes del kirchnerismo, al dictador que fundió un país que flota en petróleo y provocó una diáspora de dimensiones bíblicas.

Ni antes ni durante los comicios hizo falta mirar bajo el agua o escudriñar con agudeza detectivesca para ver las trampas mostradas, sin cuidado ni pudor, por el régimen de Maduro. Aun así, el resultado que finalmente mostró a los venezolanos y al mundo, deja a la vista su debilidad. Leer más

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